móvil

Contra corriente es muy difícil nadar, ni yo estoy en contra, tenemos que gozar de los adelantos que nos traen todo tipo de innovación, pero debo significar que hay adelantos, los cuales entre unas cosas y otras siempre se le busca algo y yo me permito hacerlo, ya que entraña mucho peligro a la hora de usarlo. Se trata del móvil, y estoy seguro que muchos de nosotros, o bien lo hemos presenciado o nos ha pasado. No creo que el móvil se hiciera para juguetear con él, como si fuese un juguete de niño pequeño. Este artilugio nos está dando dolores de cabeza, lo lógico sería que todos los incidentes que origina este trasto pasara a la persona, que violenta  con  este móvil, pero no es así, siempre les pasa a segundas o terceras personas, sería lo lógico puesto que el atropello lo origina el dichoso móvil en manos de personas que no saben usarlo.

Hace unos  días presencié en una arteria de mi ciudad un atropello a un perro por un coche, cuando la señora que llevaba este  ingenio, además le acompañaba un perro de grandes dimensiones, este, el perro se salió de la acera echándose encima de este vehículo que pasaba en aquellos momentos en la susodicha calle, la señora aún tenía pegado a su oreja el dichoso móvil: no sé lo que le paso al perro, ni me interesa, sin embargo si presencié y me apenó mucho la caída al pavimento de aquella “lazarilla” del perro con una herida en la frente y del coche solamente decir que la suerte estuvo en la maniobra del conductor  metiéndose en la acera, a pocos pasos había unas mesas abarrotadas de clientes de un bar. Casos parecidos los tenemos en mente de todos: cómo aquella joven que se metió hasta los tobillos cuando estaban echando cemento en una acera o la de un hombre mayor que llevaba dos perros, esto no es lo curioso, lo peculiar fue que las correas de los perros iban sujetas al cinturón de aquel hombre a ambos lados de sus caderas, este iba hablando con su móvil  y al pasar por un paso de  bicicletas le arrolló una  tirándole al suelo  cayendo debajo de uno de sus perros. Hace unos días hemos visto que una joven salía de un supermercado dándose de bruces con una de las cristaleras. Hagan lo que yo he hecho una vez y veremos las distracciones de estas personas que hablan y hablan por las calles y cuando las veamos venir, nos paramos, veremos que se echan encima nuestra sin el menor reparo, y encima te dicen ¿Pero… no me has visto?

Y si utilizamos el móvil en la carretera—me refiero conduciendo—yo no plantearía una multa y los puntos correspondientes, asimismo le quitaría el carnet y a continuación cuando cumpliera el castigo, volviera a examinarse otra vez. Según DGT, en estos últimos años las distracciones con los móviles han superado a otros accidentes como ir borracho, conducir demasiado de prisa y como dice este organismo “uso excesivo o inadecuado del teléfono móvil”, como el motivo que provoca tal distracción al volante.  El móvil del móvil no debe estar sujeto a usarlo siempre que lo desee su dueño. Bien es verdad que hay casos y casos. Si pudiésemos valorar las horas que estamos enganchados y pudiésemos valorar los accidentes que provoca a veces, digo a veces, superfluo aparato, nuestro   caminar sería otra cosa y podríamos ir por nuestros paseos mucho mejor de lo que vamos. Cómo no quiero plagiar —concepto hoy día muy extendido— diré que esta frase que señalo no es de un servidor de ustedes, la he visto en mi  WhatsApp, como ven yo también tengo móvil y voy con el progreso, la máxima dice así. “La humanidad se divide en tres fases, los inamovibles, los móviles y los que se mueven”.