Ley de Memoria Histórica
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Mi modesta vida profesional se ha desarrollado en la aplicación de contenidos científicos y en el ámbito académico, y en todo su ya largo desarrollo, no he encontrado un hecho tan frontalmente opuesto a los principios de ambos campos como la ley objeto de esta reflexión. Ya su propio enunciado es un absurdo y un contrasentido, aunque como casi todos los mensajes enviados desde determinadas y conocidas fuentes de pensamiento único, no tenga nada de ingenuo. La manipulación semántica siempre fue uno de sus principales instrumentos para el engaño masivo.

Veamos, la memoria como capacidad mental individual es un proceso de almacenamiento de las vivencias y experiencias pasadas que tiene algunas características fundamentales, una que es subjetiva, otra que es selectiva, y por último inestable pues se puede modificar a lo largo del tiempo. Es decir, que la memoria no es un fenómeno absoluto, ni estable, ni universal, y por último carece de garantía de objetividad

¿De dónde proviene la memoria para establecer los criterios históricos de esta ley?

Pues de los interesados criterios de los legisladores, es decir de los políticos, y principalmente de los promotores de la misma, a saber el ala izquierda parlamentaria. En resumen una memoria selectiva, cuando no falseada, en aras a sus intereses ideológicos, y por lo tanto sectaria. Pero si ya establecer una medida legislativa de este calado en base a la memoria es un sofisma, y carece de la menor fiabilidad, aún es peor el adjetivo “histórica”.

Miren, la historia es una ciencia, y por lo tanto sus contenidos están sometidos al rigor del método científico, que son desarrollados por los historiadores, y que tras su proceso de estudio y análisis, llegan a unas conclusiones.

Es evidente, que pese a todo, es una ciencia que se basa en la revisión del pasado, y que por lo tanto no es independiente de la interpretación, y por ende de la visión subjetiva del investigador. Esto genera frecuentemente visiones diferentes de los mismos hechos por parte de los historiadores ¿Bien, pues quiénes son los petulantes hacedores de la absoluta verdad histórica? Pues de nuevo los mismos protagonistas, es decir los políticos, y más en concreto los parlamentarios de la izquierda promotora.

A mayores es una pura redundancia pues la historia es memoria, ya que obviamente analiza hechos pasados, reflejados en la transcripción oral, escrita o gráfica. Pero la redundancia intenta evitar y esconder el significado real, que no es otro que una Ley de la Historia, y más en concreto de la Historia Contemporánea, y con mayor precisión una Ley de la Historia de la Segunda República, la Guerra Civil y el franquismo. Pero claro, eso suena muy fuerte, muy contundente, y hay que suavizar la realidad con la redundante memoria, cuando no es más que una imposición de una determinada visión e interpretación de una época de la Historia de España, y por lo tanto interesada y sesgada.

Pues he aquí que unas pocas personas cuya actividad es la política, se permiten definir cuál debe ser la memoria colectiva obligatoria de todo un país, y lo que es aún peor establecer una verdad científica histórica única. ¿Se puede llegar a mayores niveles de imposición y limitación de la libertad de expresión y de pensamiento? Es muy peligroso que los criterios políticos invadan la ciencia y se revistan de verdad científica. El conocimiento y la verdad científica deben de estar siempre separados del interés político, y su mezcla es temible.

¿Cómo puede ser que los sectores científicos y académicos mantengan un mayoritario silencio ante este atropello? Es difícil de explicar salvo por la general atonía social que existe en España, pues no se trata solo de una cuestión ideológica, sino de un atentado contra las bases de la ciencia y de la libertad. ¿Qué va a ocurrir a partir de ahora, que la verdad científica va a emanar de las decisiones políticas, y que cualquier otra opinión va a ser prohibida? ¿Que todas las supuestas verdades científicas que tengan un rendimiento político se van a convertir en ley?

Ya lo estamos comenzando a ver con los discutibles criterios de la teoría de género, que se trasladan a diferentes normas legislativas. Pues miren, la ciencia y el conocimiento no proceden de la actividad política, ni de las mayorías. Dedíquense a su actividad de gestión, que ya es bastante, procurando hacerlo mejor que lo hasta ahora visto, y dejen que la investigación y la ciencia se desarrollen con libertad e independencia en los ámbitos adecuados y destinados para ello. Es insoportable el ánimo de intervencionismo político en todas las actividades y el empeño de control social cada vez más extenso. Miren, dejen que la sociedad se desarrolle en libertad, respeten sus iniciativas, y dejen que los ciudadanos demuestren realmente su estatus, y no el de súbditos. Claro que eso no les interesa, en especial a los populismos y a los partidos totalitarios, empeñados en el pensamiento único y en una sociedad cautiva.

¿Y cuáles son los intereses?

Pues muy sencillo, que no puedan decir cosas como que el General Franco no fue partidario de la Guerra Civil y fue leal a la República hasta el último momento, ya que la su descomposición había llevado al país a una situación insostenible con múltiples asesinatos especialmente dirigidos a miembros de la Iglesia y practicantes católicos y a personas vinculadas a la derecha, que habían generado amenazas reales en el parlamento, hasta culminar con el asesinato del jefe de la oposición Calvo Sotelo, ocurrido escasos días antes del 18 de julio. Y que el partido socialista buscó y promovió el enfrentamiento civil, y cometió el mayor robo de la historia a cargo de Juan Negrín, vaciando las reservas de oro del Banco de España, para enviarlas en barcos a la Rusia de Stalin. Y que Franco evitó que España se convirtiera en un país satélite de la Unión Soviética como pretendía el Frente Popular. Y que la proclamación de la Segunda República no fue un hecho democrático. Y que personas como La Pasionaria, Dolores Ibarruri, por cierto no depurada por esta sectaria Ley, pronunció frases tan generosas y tendentes a la concordia como: “Más vale ejecutar a cien inocentes, a que escape un solo fascista vivo”. Y que las Cortes franquistas se autodisolvieron de forma sensata y generosa para permitir una transición democrática dentro de la legalidad, procurando la concordia y que no hubiese vencedores, ni vencidos, lo que por cierto ha permitido que en la actualidad se puedan redactar leyes como ésta.

Son solo unos ejemplos para ilustrar el desatino que significa esta Ley, que solo persigue encubrir la verdad histórica, evitar que se conozcan estos hechos, y promulgar una mendaz historia oficial que favorezca los intereses sectarios de sus promotores. Y el que se salga de la línea, que se atenga a las consecuencias, pues puede dar con sus huesos en la cárcel. Así como suena, pensamiento único y totalitarismo.

Lo más llamativo es que todo el planteamiento es de una simpleza absoluta. Tergiversamos la historia hasta destruirla, por cierto postulado sistemático de todos los sistemas comunistas, con lo cual limpiamos el pasado, empezamos de cero para ser nosotros los pioneros de la civilización, y reforzamos esa pretendida y nunca demostrada superioridad moral de la izquierda, mientras creamos el monstruo oficial, es decir Franco y el franquismo, y hacemos que todo el que no esté con nosotros sea heredero o seguidor del monstruo. Ya tenemos el enemigo común al que culpar de todos los males habidos y por llegar, así que todos exculpados, y en el fondo en este supuesto se encuentran cómodos la mayoría de los partidos, pues el chivo expiatorio es común, y lo mismo sirve para un roto que para un descosido. De esta forma lo que no nos guste lo tildamos de franquista y fascista, términos que estas bandas de indocumentados y manipuladores interpretan como sinónimos, y construimos con tan escasos mimbres una teoría política.

Aprendido el cuento, bla, bla, bla, en los medios, ningún esfuerzo, ni ninguna preparación para salir del paso, y a vivir de la política, que es un chollo para el que no se requiere ningún mérito, ni currículo. Todo consiste en desmontar el pasado, que por otra parte, no tiene ningún elemento creativo. Ni una propuesta de futuro, ni nada que ayude a construir algo positivo para las nuevas generaciones. Aunque parezca inconcebible, este es todo el mensaje.

¿Y por qué no extienden ese revisionismo histórico a Recaredo, a Don Pelayo, a los Reyes Católicos o a la dictadura de Primo de Rivera? Pues porque probablemente desconozcan en su mayor parte estos episodios, y porque no son rentables, ya que la historia en realidad les importa un bledo, sólo tienen interés en desmontar los acontecimientos en los que fueron derrotados, y en los que tuvieron protagonismo, para hacer proselitismo y sacar réditos políticos.

La contradicción llega al cinismo cuando se pretende revivir y hacer presentes hechos que ocurrieron hace 80 años, mientras que se nos pide y recomienda el olvido, pasar página, cambio de capítulo, y otra serie de interminables símiles, con los que se pretende dar carpetazo a los crímenes de ETA, incluidas monstruosidades como las de Hipercor o la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, o los de Terra Lliure, cuyo responsable tiene el honor de ser a día de hoy un responsable público.

Respeto a la ciencia, a la historia y a la libertad de pensamiento, condiciones imprescindibles para el progreso y la democracia real.