Compartimos en El Diestro y ¡Olé! una nueva anécdota taurina, esta vez protagonizada por el gran maestro «Frascuelo», que tras una cogida demostró la raza de la que están hecha los toreros. Algo que podemos comprobar en muchas ocasiones y a lo largo de la historia. Una de las últimas con el maestro Paco Ureña, que tras recibir un puntazo en el ojo permaneció en el ruedo de Albacete finalizando la faena. Este tipo de gestos hacen especiales a los toreros y demuestran que la fiesta de los toros también es muy especial. El arte más puro que existe.
Pero volviendo a la anécdota que nos ocupa hoy, dice así la misma:

Con fecha 7 de septiembre de 1879 se celebró en Madrid una corrida en la que «Frascuelo», «Chicorro» y Hermosilla estoquearon seis toros de don Rafael Laffitte. Al pinchar «Frascuelo» por segunda vez al primer astado de la tarde, «Bizcochero», negro, fué cogido y volteado, y luego de matar a la res pasó a la enfermería, donde le apreciaron un fuerte varetazo en el pecho y grandes contusiones en la mejilla derecha, con pérdida de un incisivo.

Los médicos le prohibieron continuar la lidia; pero no hizo caso.

Mató al cuarto toro, terminó la corrida y marchó a su casa, donde su íntimo amigo Pepe Navarro le reconvino, diciéndole:

— ¿Por qué saliste de la enfermería?

Y Salvador le replicó indignado: — ¡Estaría decente que un matador de toros se quedara sin salir por haber perdido un diente y oprimirle un poco el pecho!