Siempre ha habido debate y preocupación por el estado y la deriva de la Fiesta Nacional. Y leyendo el número 546 del semanario El Ruedo, del 9 de diciembre de 1954, me he topado con este editorial que reproduzco a continuación y titulado autoridad y afición. Un texto muy interesante que podría ser firmado hoy mismo, al finalizar la temporada española de 2018. Y es que hay mucho que dialogar, mucho que analizar y proponer para mantener la Fiesta Nacional. Decía así El Ruedo en 1954:
<<La Fiesta no decaerá si del público depende su esplendor. El mal del espectáculo está fuera del ámbito de los aficionados. Ellos no pueden hacer queel precio de las localidades esté al alcance de la mayoría para que el espectáculo vuelva a ser verdaderamente popular, ni tienen porqué velar porel cumplimiento de una reglamentación que la autoridad vigila; pero quizá fuera este de ahora buen momento para que la autoridad y la afición dialogaran serenamente. Ni una ni otra tienen intereses crematísticos que defender y ambas saben que hay defectos y vicios por corregir.

Ahora, serenamente y con horas bastantes para la discusión, puede tratarse del absurdo que las multas a ganaderos y diestros suponen, y de otros absurdos… y de no pocos fallos y omisiones. Ahora podía iniciarse el diálogo entre la autoridad y la afición, que no tienen intereses crematísticos que defender, para que luego, a no tardar, afición y autoridad pudieran discutir sus puntos de vista con los elementos directamente interesados en la Fiesta.
No alimentamos esperanza alguna de que se llegue a esos deseados diálogos; pero no debemos callar. La Fiesta más nacional de España tiene muchas cosas buenas; las mejores, sin duda, son la actitud de la autoridad y el aliento del público. ¿Por qué no llegar, a una inteligencia entre los dos mejores paladines de la Fiesta para intentar vigorizarla y evitar su decadencia?

Sin duda son muchas las cosas que se pueden llevar a la práctica para embellecer nuestro incomparable espectáculo; y se harían si autoridad y afición se pusieran de acuerdo y dialogaran luegocon toreros, ganaderos y empresarios.

Mientras esto llega, o se olvida, contemplemos nuevo esta estampa de la temporada de 1954. Que en 1955, para contentos de empresarios y toreros, se vean los graderíos tan repletos como están en la fotografía que abre el presente número extraordinario. Y que todos podamos dar fe de ello>>.