Hoy queremos rendir homenaje al torero humilde, a los toreros que sueñan con vestirse de oro, a los que sueñan con el triunfo, con llegar a ser grandes figuras, pero que, desgraciadamente se quedan en eso. Y lo queremos hacer con el homenaje que el semanario El Ruedo hizo a Juan Manuel Moraza, Marchenita, que falleció el 21 de septiembre de 1954 consecuencia de una cornada en Valderrobles, Teruel. Decía así Leopoldo García Medina:
<<Escenario: Valderrobles, pueblecillo perdido en las serranías turulenses, con la nota briosa de su placita de toros, como pincelada luminosa del maestro Zuloaga; estampa que se repite en centenares y centenares de lugares españoles durante el taurino mes de septiembre.
En estas plazas pueblerinas es donde vibra, con toda intensidad, el alma española ante la tragedia de la lidia. Los irregulares tablados se hallan ocupados por abigarrado gentío, que no da reposo a la «bota», y las gentes gritan y gesticulan, enardecidas, ante la presencia del toro, que, engallada su cabeza, desafia al público cercano, despejando el pueblo de mozos.
La figurilla garbosa del torerillo se yergue ante el furioso animal, y una y otra vez burla a la fiera. Sigue toreando con las rodillas en tierra, poniendo el corazón en la muleta. El clamor de los «¡oles!» y de las ovaciones colman sus ilusiones, y embriagado por las palmas se olvida del peligro. Está viviendo sus sueños.

Se perfila para matar, y al consumar la suerte su cuerpecillo de adolescente es terriblemente corneado. El color bermejo de su sangre española pone la nota trágica en la tarde bulliciosa…
Allá se llevan, pálido y sangrante, a Juan Manuel Moraza, «Marchenita>, que asi se llamaba el torerillo, con un terrible cornalón en el vientre; su apoderado, enloquecido, va taponando con la mano la herida, y en tránsito de agonía llegan a la casa del médico. El público, tan alegre unos momentos antes, permanece mudo y apenado, mientras de bellos y femeninos ojos aragoneses caen unas lágrimas piadosas.

Los médicos, hermanos Navarro Tafalla, luchan a brazo partido con la Muerte, para ganarle la vida del chavalülo, y uno de los doctores, en bello gesto de caballero español, cede en el acto su sangre generosa. No basta; la vida se acaba, pero allí está la bella señorita a la que el diestro brindó el toro, y allí está su sangre para salvar la vida que se va y le cede su sangre para otra transfusión. Asi corresponde la mujer española al brindis de sus toreros, al brindis de esos hombres que se juegan la vida con una sonrisa en los labios, lanzándole un ramo de rojos claveles o donando su propia sangre, como en este caso.

El vecindario siguió horas y horas ante la clínica, en angustiosa cola, para disputarse la piedad de ofrendar su sangre, efectuándose hasta ocho transfusiones, cedidas por nobles corazones baturros.

Esta impresionante página taurina, digna de la musa de un poeta auténtico, se escribió en la villa de Valderrobles (Teruel ) el día 3 de septiembre de 1954 con sangre española>>.

El día 21 de septiembre falleció en Valencia el novillero. Este es nuestro sencillo homenaje al torero humilde, como lo fue Marchenita. Como tantos otros que cada noche sueñan con triunfos y hacen a esta fiesta más grande con cada muletazo. Humildes muletazos.

La primera Escuela Taurina de España