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El humo del golpe a cámara lenta que culminó el 1 de octubre y las repetidas secuelas de cada 11 de septiembre junto al previsible próximo golpe de Estado nos está ahogando de puro repetitivo: supongo que la guerra de los cien años también fue así de aburrida.

Sí, fue un golpe de estado donde ambos tenían cuerpos armados y donde se han usado las estructuras del estado de la Generalidad contra las del estado español. Como la sumisión del estado central ante la aviesa Generalidad continúa, con su carácter de felonía, los independentistas no se han tenido ni que molestar en tomar los medios de comunicación porque ya eran suyos. Incluso lo continuaron siendo durante la mascarada de la aplicación de un 155 que dejó intactas casi todas las estructuras del poder ejecutivo y mediático de los secesionistas: menos mal que no les regalaron también el judicial y por ahí los pillaron, de momento.

El golpe contra España se fue realizado milimétricamente, a cámara lenta, donde no solo los medios catalanes sino el resto de españoles acompañaron el procès al detalle, ya que ¿cómo se cruzan todas las líneas rojas de manera que no te puedan parar? Pues pasando por todas ellas de forma muy despacio.

Contando con la excesiva cautela del gobierno de Rajoy, por aquello de que éste debería estar pensando: “¡Oh cielos, esta es la última línea roja que se atreverán a cruzar: si no hago nada y no me meto con ellos las cosas se arreglarán solas”. Todo un Churchill nos resultó Mr Rajoy.

Pues bien, los secesionistas fueron cruzando cada una de las líneas rojas sin saltarse ni una, y cada una de esas acciones fueron amplificadas reiterativamente en todos los medios. Y así ha sido y continúa siendo. Cambian el buey pero el carro sigue siendo el mismo. Continúan con la política de saltarse líneas rojas: por muy pequeñas que sean. Así lo demuestran día sí día también los llamados lacis, al llamar presos políticos a presuntos delincuentes, etc. El hecho de insultar al jefe de gobierno aguantando el lacito amarillo si Torra lo visita en la Moncloa. No se saltan ni una…

Puesto que los secesionistas han aprendido de sus errores las huestes fenicias de oligarcas dicen estar preparando la próxima andanada de forma que resulte más destructiva; y lo será sobre todo para Cataluña, porque estos siempre escupen para arriba: pretenden cambiar un motor inalienable de la historia no de España, sino de toda la humanidad.

Comentaba el recientemente fallecido A.G.Trevijano en una de sus eruditas alocuciones, que ninguna nueva nación se ha creado jamás sin que interviniese un baño de sangre, y ponía como ejemplo el de EEUU; o bien los países sudamericanos que se independizaron de España. Para contrarrestar dicho argumento los separatistas lanzan absurdos ejemplos de países balcanizados, o mencionan las consultas separatistas realizadas en Canadá y Escocia. Verdadera bazofia intelectual porque mezclan a conveniencia casos que nada tienen que ver con que Cataluña pudiese separarse de España.

El asunto resulta tan absurdo que no vale la pena discutir con ningún separatista, porque la evidencia no se puede demostrar. Si un tonto se empeña en decirme que una silla no es una silla me baja a su nivel y ahí me gana por experiencia, como decía Einstein. Por eso el descubridor de la Teoría de la Relatividad nos aconsejaba que no discutieramos con un tonto.

Peor todavía, cuando un separatista intenta colar ejemplos donde a colonias les han dado la independencia, separadas de la nación imperialista por océanos como si Cataluña estuviese en Cuba; y con ello los separatistas pretenden argumentar que hay naciones que se han formado sin baños de sangre. Esa lección de la historia de la humanidad es obviada por aquellos que viven como reyes a costa de la ingenuidad de unos fanáticos completamente seducidos por encantadores de serpientes que les han deslumbrado con fábulas de superioridad, igual que hiciera Goering al convertir en nazis a la masa de la población alemana.

La fuerza que ejerció el nazismo ambiental en Alemania puede constatarse en numerosos reportajes gráficos, y tiene semejanzas a la que ejerce el separatismo ambiental en Cataluña. Es difícil ser español en lugares de la Cataluña profunda si no quieres sufrir represarias por el simple hecho de reconocerte como español. Y esta luctuosa situación es cortesía ya no digo la dejadez de los gobiernos desde la Transición, sino la felonía de los distintos gobiernos centrales alimentando financieramente con obscena generosidad consciente al nacionalismo para que se difunda dentro y fuera de Cataluña. Ellos son los verdaderos responsables de haber alimentado al monstruo para que sus tentáculos abarquen desde embajadas y jueces en Europa o universidades americanas hasta prensa tan prestigiosa como el New York Times, existiendo casi un corresponsal de dicho periódico en el cuartel general de la propaganda nacionalista: la intacta y costosísima TV3. Y, evidentemente, la fanfarria también llega a escucharse en todo lugar de Europa donde existan nacionalistas, sean del pelaje que sean, pues poderoso caballero es don dinero.

El catalanismo nacionalista está atrapado en una dinámica circular desde hace un siglo y sus oligarcas se sienten cómodos en ese eterno día de la marmota subvencionado, pero los tractoristas y demás seguidores se hallan eternamente desilusionados sin alcanzar el final feliz como ocurre en la película, ya que su arcadia prometida es inalcanzable; incluso si consiguieran lo que desean no encontrarían la felicidad, porque ninguno se han preguntado dónde despertarían el día después: evidentemente en un régimen totalitario de acero firmemente controlado por las oligarquías que les condujeron al desastre; aunque puede que fuesen esclavos felices de lograr su sueño. La sociedad resultante tendría dos clases: la muy baja y la muy alta. Puede que subsistiese una pequeña clase media gremial, pero la involución hacia la Edad Media sería inevitable. Bienvenidos a la distopía, que al contrario que la utopía sí que existe.