camino de esclavitud
Construyendo ignorancia, camino de esclavitud / Pixabay

Dentro de los diversos monstruos que puede crear y alimentar una sociedad, el peor de todos es el de la ignorancia, tarea en la que se vienen empeñando nuestros distintos sectores sociales, especialmente el político con el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación y ciertos ámbitos de poder económico, principalmente aquéllos implicados en el mercado globalizado. Y a fe que en la persistente tarea, el éxito les acompaña.

Se suele decir que la verdad os hará libres, pero es el conocimiento el que permite alcanzar la verdad, y a partir de la construcción de ese bagaje individual de sabiduría, tener capacidad de decisión, y por lo tanto actuar en libertad. Porque es ahí donde reside la libertad individual en la capacidad de tomar decisiones propias sobre la base de una experiencia y conocimientos personales, individualizados. Es el ciudadano como persona libre, a diferencia del súbdito.

El conocimiento es imprescindible para interpretar el mundo, saber por qué ocurren las cosas, valorar la información, discernir sobre lo verdadero y lo falso, y en definitiva alcanzar una capacidad crítica, que nos permitirá tomar decisiones y hacer valoraciones justificadas, coherentes con nuestro criterio, y por supuesto personales e individuales. Aquí se produce la comunión de intereses entre los sectores antes citados, implicados en el gregarismo, las respuestas automáticas ante mensajes simples y la ausencia de capacidad crítica, es decir medios de comunicación sectarios y dispuestos a vender el peor de los productos a bajo coste, grandes industrias con mercados globalizados, y lo que es más grave la mayor parte de los partidos políticos, en especial los que utilizan el populismo como bandera.

En mayor o menor medida, todos tienen bastante de falaz en sus mensajes, mucho que ocultar en sus procesos, y por lo tanto el ejercicio de su actividad y el logro de sus fines, resulta más confortable y eficaz con una sociedad acrítica, ignorante, sumisa y gregaria. Es el fin de la libertad individual, y en definitiva de la persona y el ciudadano, la pretensión de convertir el mundo en una colección de elementos gregarios autómatas. En definitiva, la esclavitud.

Realmente creo que nuestra sociedad, ya imbuida en la ignorancia y con pocas ganas de acercarse a la realidad y menos de afrontar los problemas verdaderos, consecuencia de esa pereza pseudohedonista hortera que se ha instaurado de forma muy generalizada, desconoce los niveles de incultura y desconocimiento en los que nos estamos sumiendo, sin caer en la cuenta, o poniéndose una venda en los ojos, de que una sociedad esclava, sin valores y sin referentes, es una sociedad débil y abordable, y por lo tanto desplazable. Lo más grave del ignorante profundo no es el desconocimiento, sino que ni tan siquiera intuye lo que desconoce. Esto es lo que le hace más peligroso.

Todos los empeños van en esa línea, comenzando por un sistema educativo totalmente desprovisto de todas aquellas materias que acerquen al individuo a su historia y su cultura, y que le aporten las herramientas imprescindibles para pensar y razonar. No se estudia historia, ni literatura, la geografía se analiza desde una absurda visión localista, se desconoce la historia del cristianismo, fundamento y pilar de nuestro patrimonio artístico y cultural, sin la cual no se puede entender nuestra realidad, y digo historia sin entrar en cuestiones dogmáticas, aunque dada la estupidez reinante, muchos no acierten a diferenciarlo ¿Y qué decir de la filosofía? Ni una palabra. ¿Cómo se puede prescindir de los más elementales conocimientos de lógica, que permiten desarrollar la capacidad de pensar, razonar, pregustarse algún por qué y aprender a diferenciar lo verdadero de lo falso? Porque a razonar, a discurrir, se aprende y se enseña, y se requiere ejercicio y trabajo ¿Recuerdan aquellos tiempos en los que las fórmulas de Matemáticas o de Física, se demostraban? Y en la resolución de los problemas había que incluir dicha demostración. Esto a día de hoy es irreconocible.

Pues en eso estamos, en anular estas capacidades, de forma que causaremos una gran sorpresa si manifestamos que el hombre tiene ojos, el perro tiene ojos, luego el hombre es perro. Estamos produciendo individuos con una preparación laboralmente rentable en un campo especializado muy determinado sin ninguna formación global humanista, que le otorgue posibilidades de análisis personal más allá de lo material e inmediato y le proporcione capacidad crítica.

La mayor parte de la televisión contribuye de forma muy eficaz con unos productos baratos y comerciales sin ningún rigor y de ínfimo valor cultural, que además en un régimen de oligopolio se empeña en un sectarismo ideológico, imponiendo una visión única de la realidad, convirtiéndose en un arma perversa de colectivización y de ignorancia gregaria.

La política especialmente en las nuevas tendencias populistas vinculadas a la izquierda, se ha convertido en una estrategia de marketing que sigue semejantes patrones, donde en atención a sus hooligans se vende el producto que sea más apreciado sin reparar en su utilidad para el bien común, ni la posibilidad real de su realización, y sus profesionalizados representantes en unos malos actores que repiten consignas tópicas, casi siempre falsas, en breves frases a ser posible sin conjunciones para evitar más balbuceos de los ya habituales.

Todo vale para vender el producto con la misma estrategia que para conseguir el voto, con la seguridad y el engolamiento de tener un público cautivo con grandes dosis de ignorancia y sin capacidad crítica. Así nos van convirtiendo en ocas cebadas que tragamos tal cual toda la información que se nos vuelca sin el más mínimo análisis, de forma que absurdos mantras mil veces repetidos, se convierten en verdades absolutas.

Recientemente se extendía por las redes el concepto de ineptocracia propuesto por el escritor francés Jean d´Ormesson con gran acierto, pues bien estas son las bases de la ineptocracia, la construcción de una sociedad profundamente ignorante. Una ignorancia transversal y generalizada, que la convierta en lo habitual, y que por tanto ante su extensión, no quede otro remedio que extraer a los responsables políticos y a los líderes de opinión de ese marasmo de miseria intelectual, a su vez apoyados por unas mayorías de igual calado. Porque además es excluyente, somos más, luego nosotros decidimos, y esta mayoría inepta alcanza categoría de norma. Los idiotas e impostores al poder, pero está muy bien, son nuestros idiotas. Luego vendrá el reparto de la miseria, pero la obra y el poder están conseguidos.

Hay dos cuestiones que son relevantes, una que este proceso se puede entender como espontáneo, o como un producto de ingeniería social, para ser más claro un proyecto de colectivización en la ignorancia trazado desde diferentes ámbitos o instituciones. Más bien me inclino por lo segundo, aunque de forma estrictamente intuitiva, pues hay excesivos intereses en crear una mayoría manipulable, dócil y sumisa.

Otra cuestión es qué es causa y qué es consecuencia, si la ineptocracia ha impuesto la ignorancia, o la generalizada ignorancia ha traído la ineptocracia. Personalmente entiendo que son concausas complementarias y potenciadoras, pero el problema más preocupante es su erradicación.

Hemos creado y alimentado un monstruo que se ha hecho enormemente grande y poderoso, que sólo aporta frustración, ausencia de valores humanos, materialismo y regresión, conduciendo al individuo a la colectivización y a la pérdida de su libertad, y a la sociedad en conjunto, a la manipulación, la dependencia y la esclavitud. Va siendo hora de reaccionar y evitar esta deriva suicida.

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Javier Zurro
Licenciado en Medicina y Cirugía y Doctor en Medicina. Especialista en Anatomía Patológica. Jefe de Servicio Hospitalario de Anatomía Patológica hasta 2004 (excedencia voluntaria). Profesor universitario desde 1977 hasta la actualidad. Autor de "España a subasta". Socio del Club de los Viernes.