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No es la primera vez que escribo sobre este “partido anfibio”, cuyo presidente, Alberto Carlos Rivera Díaz, se cree el rey del mundo, pero que solo tiene, a mi juicio, una sola meta: llegar a la Moncloa lo mismo que el perdedor de todas las elecciones. Para cualquier avezado en las declaraciones/decisiones de Alberto Carlos, estas noticias no le acarrean ningún contratiempo porque saben, lo mismo que millones de españoles más, que Rivera no es “trigo limpio”.

Pero abundando en esta apreciación, todo el mundo ha comprobado, con poco que haya observado, que no solo él, sino también sus más cercanos conmilitones (algunos con caras de funeral de tercera) vienen nadando en ese mar intranquilo -pero rentable- de la desfachatez con la única intención de hacer daño al PP al que desde siempre quieren “comerle la merienda”.

La última se ha producido en Andalucía hace solo unos días. Al parecer, a don Alberto Carlos, ¡¡ahora!!, se le ha “encendido la bombilla” y se ha dado cuenta de que el PSOE andaluz no actúa (ni ha actuado durante los tres años y pico de apoyo incondicional) con la limpieza, diligencia y probidad debida.

Y Ciudadanos quiere “curar sus pecados políticos” para que ese “apoyo noblote” sin ninguna actitud crítica hacia el PSOE, no le deje ninguna herida, porque se han dado cuenta en ese “partido anfibio” que la gente no es tonta y sabe que en la vida más vale ir dejando huellas que cicatrices.

Mi opinión sincera es que Ciudadanos en Andalucía ha actuado con las cartas marcadas y eso, quieran o no, deja cicatrices muy difíciles de cerrar. Sobre todo, en los votantes. ¡¡Al tiempo!!

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