cenefa

Sobre el “mundo de los tontos” se ha escrito mucho y bien. Unas veces desde el punto de vista jocoso y otras desde una perspectiva más seria. Recuerdo un artículo del genial Antonio Burgos que hablaba de tontos con balcones a la calle, que -como todo lo que sale de su pluma- es una antología de la sencillez más expresiva. Pues apoyándome en lo escrito sobre tontos, no quiero ser menos y voy a aportar mi granito de arena sobre otra modalidad de tontos a la que yo llamo: tontos con cenefa. ¿Y qué es el tonto con cenefa, me preguntarán?

Antes que nada, quiero recordar que cenefa significa adorno o elemento decorativo y que no suele pasar desapercibido. Por lo tanto, tontos (o tontas) con cenefa son aquellos (o aquellas) que dicen bastantes tonterías y que, lejos de pasar desapercibidas, dejan al descubierto al titular (o titulara) de la misma.

Si quisiéramos establecer una clasificación de esta modalidad de tontos, seguro que cada cual tendría elementos para formarla. Yo no me atrevo a personalizar, por aquello de la privacidad, pero sí quiero citar algunas de las oídas en los últimos tiempos: “No es no”; “El español está lleno de anglicanismos”; “Deseo que la Unesco legisle para todos los planetas”; “Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”; “El Rocío es la explosión de la primavera en el Mediterráneo”; “Las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas”. “Hay que redactar la Constitución con lenguaje inclusivo feminista”; “La diabetes es una enfermedad de gente con alto poder adquisitivo”.

Con un poco de tesón, cualquiera puede identificar a sus “iluminados/iluminadas” autores/autoras.

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