verano
Cuanto más se conoce, más se ama; y viceversa. Leonardo Da Vinci.

Las estadísticas de divorcios en España son cada vez más alarmantes. De cada tres matrimonios, dos acaban rompiéndose, y lo más lamentable es que hay quienes siguen “vendiéndonos” que el divorcio es un signo de “progreso”, cuando debería ser considerado como síntoma de fracaso social e individual. No cabe duda de que el refranero tiene mucha razón en lo de más vale estar solo que mal acompañado, pero, peor es estar acompañado y sentirse solo.

Cuando se aproximan las vacaciones veraniegas los divorcios aumentan de forma exponencial, también durante las mismas. Los bufetes de abogados hacen su agosto. El exceso de tiempo juntos, las altas expectativas que se crean en unas vacaciones planificadas y anheladas durante tiempo, los problemas sexuales, no coincidir en los planes y un contexto veraniego de fiesta y relax que facilita las infidelidades acrecientan los conflictos en esta época. Un estudio de EEUU revela, también, que el auge de separaciones antes de las vacaciones tiene que ver con la intención de no repetir las malas experiencias de otros años

El verano suele ser un difícil reto para muchas parejas, motivos de crisis, o incluso el detonante de rupturas matrimoniales, porque aumentan los factores de riesgo…

Generalmente las relaciones amorosas empiezan con el enamoramiento. Es más, casi todo el mundo considera imprescindible que se dé tal detonante, la chispa necesaria que ponga en marcha el amor. El problema es que el enamoramiento es ciego, es un acto no voluntario, irracional, vehemente, fantasioso; el enamoramiento da rienda suelta a la imaginación. El enamoramiento es un estado de ebriedad, de una ebriedad aparentemente sobria… Ortega y Gasset hablaba de “enajenación mental transitoria”.

Esas dos palabras, sobrio y ebrio, se relacionan con la bebida, o con la ingesta de algún alucinógeno, y también se relacionan con “lo espiritual”; sobrio, por el contrario, según el diccionario, es igual a templado, a moderado, que carece de adornos superfluos. Se dice que una persona está sobria, si no está borracha; el ebrio está embriagado en la bebida, poseído con vehemencia de una pasión, ebrio de entusiasmo, ebrio de ira, borracho por el poder, borracho por la soberbia, ebriedad es igual a embriaguez.

Actualmente, no suele haber amor que no empiece con enamoramiento, pero no hay posibilidad de que un vínculo amoroso esté basado en el enamoramiento, construir un proyecto, comenzar a caminar junto a alguien exclusivamente por ello, es una grandísima equivocación.

Generalmente, el origen de los divorcios suele estar en un “mal noviazgo”: los matrimonios que comienzan por un mal noviazgo, es rara la vez que no terminan en divorcio; como suele decirse: se recolecta lo que se siembra. Vivir con otra persona significa comprometerse en la construcción del camino que lleva del enamoramiento al amor. El amor es la meta, es la cosecha de lo que antes se ha sembrado, abonado, cultivado, tratado con mimo… y se alimenta con las vivencias, para lo cual es imprescindible un profundo conocimiento de la otra persona con la que se pretende compartir el camino. Son muchos los que se hacen llamar “liberales”, que deciden casarse únicamente influidos por los efectos de un arrebato impetuoso de apasionamiento o idealización. En cambio, quien ha tratado con respeto al amor, logrando relaciones constructivas, tiene más elementos para escoger adecuadamente. El noviazgo puede ser la llave de la felicidad o de la desdicha.

En la actualidad existe un fenómeno muy frecuente en el noviazgo, lo que los “expertos” denominan espejismos del amor. Son muchas las personas se acaban casando en el convencimiento de estar enamoradas (estoy enamorado hasta las trancas, dicen algunos), algo parecido a quien después de caminar por el desierto llega a creer que a unos metros hay un oasis, idealizar es equivalente a ver espejismos. Perdemos el juicio, la razón, por alguien que ni siguiera conocemos bien, lo miramos acercarse y sentimos como nos flaquean las piernas y nos palpita el corazón. Nos empeñamos en ver al príncipe o a la princesa de nuestros sueños encarnado en esa persona y le atribuimos cualidades que por lo común, ésta muy lejos de tener, quisiéramos que fuera como la hemos imaginado y nos empeñamos en ello; pero todo es una fantasía.

Cuando transcurrido cierto tiempo, nos caemos de la nube y detectamos el error, a veces nos acabamos diciendo que ya conseguiremos hacer cambiar a “esa persona”, para que se asemeje a la de la fotografía que le hicimos cuando nos sentíamos “enamorados”…. ¡Craso error! Nadie debe pretender hacer cambiar a su compañero, al empeñarnos en ello sólo conseguiremos hacerla sentir incómoda, insegura y con temor al rechazo, y finalmente, no sólo no lograremos hacer que cambie, sino que terminaremos haciéndola desgraciada, a la vez que nos hacemos desgraciados a nosotros mismos.

Sólo se ama cuando se conoce a la persona en un nivel profundo. Para ello, es necesario cultivar una amistad real. El amor verdadero no es ciego, la idealización si… Como dice Jorge Bucay, hay que amarse con los ojos abiertos.

El conocimiento, la cercanía se consiguen mediante la intimidad emocional, para lo cual es imprescindible una comunicación profunda. Al compartir sentimientos, al hablar con  el corazón, al exteriorizar dudas. Temores, ambiciones, sueños, preocupaciones, alegrías, penas, al confesar defectos; al mostrar a la persona amada el lado íntimo de nuestro ser. La intimidad emocional es confianza, ausencia de temor, complicidad, integración, alianza. Cuando todo ello se da, se percibe el verdadero estado de ánimo del compañero -que generalmente pasa desapercibido para los demás- aunque no haya verbalización de por medio, y cuando ésta se usa, se hace uso de la palabra se hace de forma única y especial. Las diferencias se diluyen cuando aún son incipientes porque, al discutir, se procura no causar daño, no herir. La “verdad” es el común denominador entre dos personas con intimidad emocional. La autoestima de ambos se ve grandemente favorecida pues saben darse su lugar uno al otro, respetar su territorio de responsabilidad, saben demostrarse aprecio y confianza sin límites.

Son millones los matrimonios que pasan la vida sin verdadera comunicación profunda, charlando sólo sobre asuntos triviales, frivolidades, asuntos superficiales, los niños, el trabajo, la economía… y al ocuparse de lo evidente olvidan lo fundamental.

Son muchos los que afirman que los hijos unen al matrimonio, pero es una gran mentira. Los hijos producen distracción y funcionan para los conyugues como excelentes excusas para evadirse mutuamente; son un perfecto pretexto para estar distraídos, entretenidos. Por eso muchos matrimonios cuando los hijos crecen, acaban rompiéndose. Lo cual acaba demostrando que jamás hubo intimidad emocional. La unión era hasta entonces vacía, falsa, fingida. Un hermoso teatro que tenía como finalidad hacer creer a los demás que se amaban.

Otro pilar básico sobre el que debe asentarse una relación de pareja es la afinidad intelectual: Las personas no somos sólo emociones, sino también ideas. Como afirma la filósofa Ayn Rand, el ser humano es un animal “potencialmente racional”, lo cual quiere decir que puede optar por realizar actos racionales, o por el contrario renunciar a ellos. El pensamiento lógico depende de la voluntad del individuo. Para que alguien se alimente con los pensamientos del otro, se requiere una correspondencia intelectual capaz de permitir puntos de vista complementarios. Las personas pueden tener la capacidad de comunicarse íntimamente, pero si no poseen una estatura racional similar y no se enriquecen mentalmente durante su convivencia, terminaran excluyéndose. Pocas cosas alimentan más la llama del cariño que aportar ideas valiosas, desapercibidas para el otro.

En la medida en que alguien se ame a sí mismo, posea amor propio, se sienta orgulloso de ser quien es, autoestima/autoeficacia podrá amar a su pareja, y la autoaceptación es un concepto que se da en la mente. Sólo siendo maduro en al área intelectual es posible aceptar la individualidad e independencia del compañero, evitar los celos, el egoísmo, la posesión. Sólo en el juicio sereno y claro se es capaz de perdonar, ceder, dar otra oportunidad, aceptar errores y estar dispuesto a permitir imperfecciones.

La auténtica moral no es un producto de prejuicios, sino de razonamiento inteligente. El grado de desarrollo espiritual tiene muchas cosas que compartir; lleva un ritmo de lectura similar, de estudio parecido, de trabajo coincidente, se supera en armonía, crece y se ayuda en forma recíproca. Quienes se ejerciten en todo ello durante el noviazgo, sin duda tendrán una relación mucho más sólida que los demás.

Cuando uno ama a otra persona es porque la considera, a él o a ella, como “algo muy valioso”, y porque él -o ella- contribuye a su propia felicidad personal.

Eso significa que no es posible que alguien se enamore de una persona y diga: “Tú no significas nada para mí, no me importa si vives o mueres,… pero tú me necesitas a mí, y por tanto estoy enamorado de ti.” Si alguien ofrece “amor” de este tipo, todos lo considerarían como un tremendo insulto a la inteligencia, eso no es amor.

Por lo tanto, el “verdadero amor es un amor egoísta”, es elegir a la otra persona porque es valiosa, es optar por la persona con la que uno siente lazos, vínculos, y posee esos mismos valores que uno elige.

Pero… ¿Entonces, qué hay del amor gratuito, del altruismo como ingrediente necesario en el amor?

Lo que siempre se ha denominado “caridad”, depende de cada uno, y si es por causas que merezcan la pena es perfectamente válido ayudar, pero no a costa de sacrificar a seres queridos, a miembros de la propia familia, o renunciar a uno mismo.

¿Qué hay de malo en que la gente desee ayudar a otras personas?

La gente puede desear ayudar “debidamente” a otros, pero “eso” no es altruismo, el altruismo no proclama que haya que ayudar a otros, sino sacrificar el interés propio, situar el interés ajeno por encima del propio interés… Altruismo significa autosacrificio, autoinmolación, algo así como suicidarse… es renunciar a la propia vida, es considerar que es más importante la felicidad de otros que la propia,.

Pero… ¿Entonces sería incorrecto sacrificarse por un ser querido?

Si amas a tu cónyuge, y tienes que elegir entre gastar dinero, por ejemplo, entre él o ella que está enfermo, o ir a gastar el dinero en copas,… no sería un sacrificio gastar el dinero en esa persona, si es para mí una persona valiosa,… pero cosa distinta sería dejar morir a la propia esposa, para salvar a la esposa del vecino… Esto último es lo que muchos proclaman cuando hablan de altruismo.

Amar al prójimo de ese modo, es amar sin criterio, es un imposible… Es pretender amar a otros independientemente de que tengan algún valor o virtud,… en definitiva es pretender que uno no ame a nadie-

Pero,… ¿Entonces amar es una especie de “negocio”?

¿Debe el amor estar por encima del propio interés? 

¿Significa esto decirle a alguien “yo me he casado contigo por tu propio bien, yo no tengo ningún interés personal en ello… pues soy tan generoso, tan desprendido que me he casado contigo solo por eso… solo por tu bien…”?

¿A alguien le gustaría eso?

¿Tal vez deberían los hombres y las mujeres echar cuentas al final del día y decir “te quiero, te sigo queriendo porque has hecho hoy suficiente por mí”?

Pues sí, el amor debe ser considerado como un negocio, y como cada negocio debe de tener sus propias normas y hasta su monedad concreta… y en el amor, la moneda es la virtud, uno ama a las personas no por lo que uno hace por ellas, o ellas hacen por uno, las ama por sus valores, por las virtudes que son capaces de alcanzar por su propio carácter.

Nadie ama sin motivo, sin una causa, de forma indiscriminada… uno ama solamente a quien se lo merece.

¿Entonces, si un hombre o una mujer son débiles, no merecen ser amados?

Así es, no se lo merecen; si una persona desea ser amada deberá corregir sus flaquezas, sus debilidades, y podrá hacerse merecedor de ser amado.

Pero nunca debe esperar lo que no merece, sea en amor, en dinero, en “espíritu”, o en lo que sea.

¿Y, qué decir de la “falibilidad” de los seres humanos? Según ese criterio pocas personas son dignas de ser amadas. Desafortunadamente así es, pero todas las personas pueden hacerse dignas de ser amadas, y que otras personas las amen,… hacerse merecedoras, dignas de ser amadas.

Nunca olvidemos que la obligación moral, y el derecho a su vez, de cualquier persona es existir para su propio bien, sin sacrificarse por los demás, ni sacrificar a otros para lograr su interés personal.

 Y… ¿Qué decir de la atracción química, del “feeling”?

Cuando dos personas tienen intimidad emocional, también poseen amistad; si además se complementan  en ideas, son colegas. Pero falta un último punto para ayudar el lazo del amor, también deben poder llegar a ser amantes. Para logarlo no es suficiente la atracción física. Lo que enciende el magnetismo entre dos individuos no es un fenómeno físico, sino “químico”. Sólo de da entre algunas personas. Tal vez no se trate de gente hermosa, preciosa, pero la química les permite ver más allá de lo visible y arder con la belleza que sólo ellos perciben en el otro… La atracción química, como toda energía es susceptible de transformarse en repulsión. Lo que al principio atrajo puede ser motivo de separación.

Como colorario, podemos resumir que, los humanos estamos hechos de emociones, inteligencia y cuerpo. Una pareja debe tener una conexión adecuada en los tres aspectos.

 La intimidad emocional sólo existe al completar el círculo de intercambio de ideas.

 La atracción química sólo se da cuando se combinan las vibraciones de ambos.

Si alguien cree estar enamorado pero mal correspondido, debe despreocuparse y olvidar. No se trata de amor. Sólo es un capricho, una fantasía que terminará destruyéndolo si se aferra a él.

El amor nunca es ciego, la soledad sí lo es.

Como decía el sabio Leonardo: Sólo se ama lo que se conoce. Y para conocer es imprescindible dar un primer paso: “ver al otro”, “observar al otro”. Este es el principio del amor y la condición imprescindible para que el amor perdure.

Cuando él o ella llegan a casa, y acaban descubriendo que no saben mirarse, no suelen percatarse de que ese silencio esconde “algo”, hay alguna carencia; que tras ese “Bien” con el que se contesta con desdén, con desgana, cuando tu cónyuge pregunta ¿Cómo te ha ido?, se esconden problemas, miedos o inseguridades, de los cuales habría que hablar, sin aplazamientos.

Están acompañados y padecen de soledad… Están juntos pero no se ven. Empezó  a manifestarse una especie de ceguera que, los llevó a percibirse como unos desconocidos, e hicieron como que nada pasaba, y transcurrido el  tiempo no supieron cómo volver a empezar a “reconocerse”.

La solución rápida entonces, es la huida del desconocido para buscar al otro, a quien puedo aprender a ver, para comprender, para luego amar.

¿Y así continuar la historia hasta que de nuevo el amor se muera por ceguera?

Para que el amor perdure es necesario procurar ver al otro todos los días y  nunca olvidar los sabios consejos que un día un zorro le dio a un “Principito” (Antoine de Saint Exupery) y que merecen ser siempre recordados:

El amor es la creación de vínculos, hay que re-crearlos cada día, porque los vínculos hacen del otro alguien único para mí. ¿Cómo? Los vínculos son ataduras, yo te quiero necesitar y tú me quieres necesitar. Quiero que tú me ayudes a vivir.

Los vínculos se crean con paciencia, como decía el zorro, es decir, todos los días, en la rutina cotidiana del existir. El tiempo es la argamasa del amor sólido. Necesito crear este vínculo todos los días, y muchas veces.

Fijar mi atención en el otro, buscando acercarme poco a poco a él, descubriéndole como es, no como yo quisiera que fuera: “Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…”

Crear y respetar ritos que solo tendrán significado para la pareja; los ritos son necesarios porque son fuente de intimidad. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra.

No huir del dolor que nace de ver el dolor del otro, dejar que me hiera para poder comprenderle: El zorro dijo: “lloraré”…

No tener miedo de compartir lo más profundo, los secretos que se guardan en la trastienda de mi persona y que son tesoros para mí. Yo te regalaré un secreto….

He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: “sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.” Compartir mis certezas me unen al confidente.

Nada del otro me es ajeno, nada de él me es indiferente…

¿De veras existen “musulmanes moderados”?