recibido

El mismo día, aproximadamente a la misma hora y en dos provincias vascas, dos españoles fueron recibidos de maneras muy diferentes. Uno de ellos, Santiago Arróspide, alias “Santi Potros” de profesión “sus repugnantes atentados terroristas”, en su pueblo guipuzcoano de Lasarte, y otro Pablo Casado, de profesión “político del PP” en Vitoria, la capital alavesa.

El primero regresaba tras haber cumplido solo la centésima parte de la condena que le impuso un tribunal por ser el responsable de los actos terroristas más sangrientos cometidos por ETA. El segundo acudía para estar con los miembros de su partido en las fiestas de Vitoria.

El recibimiento al terrorista (que jamás mostró arrepentimiento por su criminal trayectoria) ha sido con pancartas dándole la bienvenida y una “fraternal comilona” con sus conmilitones. El recibimiento al político del PP (que solo ha hablado de recuperar la concordia y de convivir en libertad, con seguridad y sin ningún tipo de presiones) fue abucheado por parte de algunos vecinos que le “invitaban” a salir del país vasco y le han pedido (como si él fuera un juez) que ponga en libertad a los agresores de los guardias civiles en Alsasua.

Dos maneras de ser recibido en una misma comunidad autónoma en la que, con toda seguridad, hay muchísima más gente de bien que pro-etarra. Son las consecuencias del atosigamiento constante y permanente que desde hace décadas han venido haciendo los “chicos de la gasolina” con el hacha y la serpiente, amén de la cobardía de Esteban y “sus muchachos”. Sin olvidar la cómplice y torticera “blandura” del perdedor de todas las elecciones, que no ha dudado en traicionar los principios constitucionales del PSOE con tal de sentarse en La Moncloa.

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