Compartimos una anécdota titulada “agua no, un cigarrillo” y protagonizada por el maestro Frascuelo tras sufrir una cornada en Madrid:
El 13 de niviembre de 1887, toreaba en Madrid el gran Frascuelo. Al perfilarse para matar al toro de nombre “Peluquero”, de la ganadería de Antonio Hernández, se arrancó el astado y empitonó al diestro por el vientre, le suspendió y le derribó. Los minutos siguientes los describe asñi Rafael Hernández en su minuciosa historia del coso madrileño:

“Todo el público pudo apercibirse de que Salvador había recibido una cornada grande, y un grito de espanto se escapó de millares de bocas. Efectivamente, Frascuelo había sufrido una cornada en el vientre, penetrante hacia el apigastrio, y la fractura de tres costillas. Y aquel hombre, con aquella terrible cornada, tuvo alientos para levantarse, empuñar de nuevo espada y muleta y volver a la cara del toro para matarlo de una estocada contraria, volcándose contra el morrillo.

Rodó muerto el toro y pasó Frascuelo a la enfermería entre una ovación indescriptible y una emoción mayor auín. Ya en la enfermería, uno de los que acompañaban a Frascuelo indicó que le dieran un vaso de agua con limón.

-Eso para los miedosos -replicó Salvador-; a mí darme un cigarrillo.

Y con el cigarrillo encendido aguantó la tremenda cura que le practicó el doctor Pérez Obón>>.

Dos toros en la arena para Frascuelo