Ir a la cárcel a contratar a un torero que se halla preso o detenido como consecuencia de una actuación desdichadísima es un caso que sólo en la biografía de Rafael Gómez Ortega «El Gallo» puede escribirse. Lo ocurrido fué de esta manera:
Novillero era, y «Gallito» se apodaba a la sazón, cuando el 14 de julio del año 1901 salió a torear en esa Plaza de la Maestranza ganado de Concha y Sierra alternando con el diestro gaditano Manuel Díaz, «Agualimpia», y tan deplorable fué su labor que aparecieron los mansos para llevarse al corral su segundo toro, el cual no salió vivo del ruedo porque Rafael le dió muerte por detrás cuando ya iba arropado por dichos cabestros.

El presidente le impuso una multa de 250 pesetas, y ordenó, terminado el espectáculo, que le llevaran detenido por desobediencia a la Autoridad, puesto que no se retiró al estribo cuando le dieron el tercer aviso.

Y a la cárcel fué conducido Rafael, donde aquella misma noche recibió la visita de dos empresarios, el de Cádiz y el del Puerto de Santa María, que fueron a contratarle para que toreara en ambas Plazas.

Y es que tales empresarios se hallaban persuadidos de que aquertorero, hundido aquella tarde, podía remontarse a las nubes en la siguiente.

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