Ya hemos hecho referencia a la muerte del gran maestro Pepe-Hillo, pero hoy queremos compartir este artículo publicado en el semanario El Ruedo el 29 de octubre de 1953, en su sección Galería de toros famosos dedicaron este a Barbudo, el astado que acabó con la vida de José Delgado Guerra “Pepe-Hillo”. Dice así:
<<Barbudo. Divisa morada. Ganadería de don José Joaquín Rodríguez, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca). Lidiado en Madrid el 22 de mayo de 1801 por las cuadrillas de José Delgado “Illo”; José Romero y Antonio de los Santos. Cogió al primer espada “Illo”, causándole la muerte casi al instante.

Este toro, famoso por su triste recuerdo, era el primero que de la vacada de referencia se lidiaba en la madrileña Plaza de la Puerta de Alcalá, la llamada “Plaza vieja”, mandada construir por el rey Fernando VI.

Barbudo, negro de pelo, buena lámina y bien armado, lo adquirió de su criador salamanquino, el ganadero-tratante madrileño don Vicente Perdiguero, que tenía sus piaras de reses en Chozas de la Sierra y Alcobendas, el que lo vendió a la Junta de Hospitales, organizadora de las corridas de toros de Madrid, como administradora que era de los benéficos establecimientos, propietarios del coso, por cesión gratuita del monarca fundador.

El toro Barbudo se lidió en séptimo lugar de la corrida de la tarde del día citado, resultando en su lidia blando al hierro y escasa su codicia en el primer tercio, pasando quedado en banderillas y muerte.

Los varilargueros de tanda, Cristóbal Ortiz y Juan López, le dieron cinco puyazos, de los que salió suelto.

Al tocar banderillear tomó los palos el primer espada, Antonio de los Santos -el predilecto discípulo de “Illo”-, y, saliendo por delante, clavó un par en la suerte del cuarteo, cerrándose el tercio con dos pares más, en la misma suerte, por los peones Manuel Jaramillo y Joaquín Díaz.

José Delgado salió a torear aquella tarde sin estar en la plenitud de sus facultades físicas, debido a que uno de los toros de la mañana le había revoleado, sufriendo leves varetazos, lo que motivó que, al comenzar la corrida de la tarde y ver José Romero que su compañero y amigo movía con dificultad la pierna derecha, le indicó se retirase, ofreciéndole estoquear los toros que le correspondían.

Rechazó “Illo” la oferta del segundo matador; este la reiteró después de haber visto el tabajo que empleó para trastear con la muleta a los dos toros anteriores, y cuando se tocó a muerte el maestro sevillano tomó los trastos y se dirigió a Barbudo, que por su escasa bravura, no por exceso de castigo, se había refugiado en tablas.

Con solo tres pases sacó al toro al tercio, en el que lo citó para la suerte de recibir. No acudió el animal, que volvió a las tablas, y en ellas entró Delgado al volapié.

Por deficiencia en el cruce de la mano izquierda, o tal vez porque el toro atendiese más al bulto que al engaño, al recibir media estocada contraria empitonó al espada por la pierna izquierda, suspendiéndole y arrojándole a tierra, donde la violencia del golpe hizo quedar al diestro conmocionado, boca arriva y con los brazos abiertos.

Rápidamente hizo Barbudo por el cuerpo del espada, corneándole en el suelo y, clavado en el pitón izquierdo, lo elevó, en tanto,  “Illo” pugnaba por desasirse del asta que le tenía prendido.

Derrotó furioso el animal, y campaneando el cuerpo herido, lo lanzó al espacio, evitando nueva cogida la intervención de los compañeros, los que trasladaron al infortunado matador a la enfermería, a la que llegó en periodo agónico, y no pudo recibir más auxilios que los espirituales. Barbudo fue estoqueado por José Romero.

Relatada la tragedia, pasaremos a dar algunas noticias de la vacada en que este toro fue criado. Su origen databa de la que en 1771 fundó en Peñaranda don Juan de la Peña, con vacas de la condesa de Peñafiel y sementales de doña Antonia del Campo, viuda de Marcadillo. En 1783 heredó la vacada el hijo del fundador, don José de la Peña, y luego pasó a su viuda, la que vendió un lote de reses a don José Joaquín Rodríguez, el qu evendió una punta de novillos a don Vicente Perdiguero, entre ellos. Barbudo, que recriado en los prados de la Sierra madrileña, lo vendió, con los cinco años cumplidos, a la Junta de Hospitales, para la corrida del 11 de mayo, fecha de la tragedia causa de la muerte del arrojado espada sevillano.

Algún biógrafo del infortunado diestro ha dicho que la corrida se suspendió y que la cabeza de Barbudo se disecó, figurando luego en un museo. Ambas referencias son totalmente inciertas>>.

Biografía de Pepe-Hillo