Género tóxico
El Exterminador de Tontos

Comunismo y nazismo asolaron el siglo XX, sembrándolo de ruido, rencor, destrucción y muerte.

El ser humano es como un niño malcriado con caprichos destructivos, así que llevamos camino de repetir. La ideología de género podría deteriorar igualmente el siglo XXI, dado que los decididos a oponernos a ella somos muy pocos. Somos los cristianos de las catacumbas. El titular del artículo es redundante, porque el género siempre es tóxico, al igual que violento. Consiste en enfrentar a hombres y mujeres resucitando como eterno el agravio femenino e inventando otros nuevos, en imponer leyes que sometan al varón y que nadie admitiría en sentido inverso, en condenar a inocentes por maltrato y en engañar a los niños en el colegio convenciéndolos de que Juan puede ser Juana si él cree que lo es.

En obligarnos a pensar que, a pesar de las evidentes diferencias físicas entre mujer y hombre, no tenemos el sexo físico con el que nacemos sino un género, que es un constructo social, algo así como lo que se espera de nosotros como apropiado. Este último pensamiento es el más extendido en la sociedad española, a pesar de que resulta equivalente a reconocer que yo soy una cebra si yo digo que lo soy. Las mentes más débiles repiten la estúpida letanía de que tal persona “es una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre”.

La afirmación, que hace pocas décadas habría parecido una broma de Monty Python y que no tiene base científica, ha llegado para quedarse. Se ha aferrado a la conciencia de la mayoría como una verdad inmutable y puede tener terribles consecuencias. Por ejemplo, la de que algunos decidan cambiar de sexo demasiado precipitadamente, ya que el acto se banaliza. Una operación que, según el catedrático de Derecho Francisco José Contreras, suele consistir en mutilar un cuerpo sano.

Seguí en Twitter a un adolescente que se hormonaba e iba transmitiendo la metamorfosis de su propio pecho. Un espectáculo quizá grotesco pero seguro que superfluo, mas el chaval no concebía aquello como una ceremonia privada. Demasiada juventud del individuo y demasiada frivolidad del sistema. Nunca sabremos cuántos operados se arrepintieron después. Han patrocinado el invento varios Gobiernos españoles y la ONU, que llegó a reconocer 112 géneros diferentes, incluidos la ausencia de género y también uno variable durante el día.

El Gobierno Sánchez está volcado en la difusión de estas aberraciones.

España gasta mucho dinero en inocular ideología de género en los colegios porque quiere un año 2030 en el que todos los adultos las crean como si fueran científicas. A base de repetirlas: un hombre encerrado en un cuerpo de mujer. Y ¿dónde está encerrado, en los ovarios, en el estómago, en la queratina de las uñas? Todo el mundo parece paralizado por el miedo y solo se oponen a las ideas de género el partido Vox y algunas entidades, generalmente muy conservadoras.

La Iglesia católica dijo no frontalmente a esta ideología peligrosa, hasta el punto de que el arzobispo Robert Sarah la calificó como diabólica y la equiparó al fundamentalismo de Dáesh, pero el cristianismo oficial parece ahora caminar por una senda de mucha más tibieza. Algunos de nuestros colegios religiosos españoles ya han impartido cursillos de género a niños de nueve años. Indefensos por su edad tan breve y porque tienen la guardia baja, ya que el escenario en el que se les inoculan las mentiras es el de mayor prestigio y familiaridad para ellos: el aula.

Muy pocos españoles, como el padre coraje Gabriel Araújo, se han opuesto a estos talleres y han conseguido bloquearlos. Este David se opuso en solitario al colegio San Isidoro y al gigantesco Ayuntamiento de Madrid, del que dependen muchos coles. Una Administración de inspiración marxista que apoya el género con todo su poder y con todo nuestro dinero, como también lo hace el Gobierno español. ¿Nadie se asusta de que los niños reciban enseñanzas ideológicas? Sí, pero no aparece bajo el rótulo de ideología de género, sino bajo el de talleres de igualdad. Cuidado, si estas palabras aparecen en el colegio de sus hijos. La intoxicación del lenguaje y el vocablo igualdad son fundamentales en todo el montaje. La semana que viene aprenderemos a detectar cuándo miente la industria del género y cuáles son las palabras clave que utiliza al revés.
Continuará.

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