España a subasta
By Rodrigo Ponce de León / El diario [CC BY-SA 3.0 es], via Wikimedia Commons

A día de hoy es difícil tener fe en el ejercicio de la política, convertida en una pelea vulgar mediática de vendedores de humo, repitiendo tópicos y postizos ridículos que descubren de inmediato la mendacidad del autor.

El poder es lo que interesa, y una vez alcanzado, a abrir el chiringuito de los chollos, negocios, prebendas, nepotismos varios, y todo el catálogo de corruptelas que mi posición e influencia me permita.

Esta extendida ineptocracia y cleptocracia es lo que ha traído, y lo que está en vías de cargarse España, Europa y todo lo que pille a su paso. Ejercicio que se puede encontrar en los más pequeños Ayuntamientos, Diputaciones y Gobiernos regionales de cualquier color, y por supuesto en el Gobierno central.

¿Que la corrupción es consustancial al poder, que la mayoría haríamos lo mismo si estuviésemos en ese cargo, que la sociedad ha caído en un profundo materialismo y carece de escrúpulos? Pues todas esas afirmaciones no pueden ser rebatidas por completo, pero ante estos habituales argumentos de los que quitan importancia o aminoran este problema, caben muchas matizaciones, y además esto no quita para que los ciudadanos ajenos critiquemos este estatus quo.

Una cosa es que haya un cierto nivel de corrupción, y otra que sea estructural y sistémica como ocurre en España, y que existan auténticas redes que campan sin posible límite ni competencia en diferentes comunidades y sectores económicos, amparados y participados por estructuras políticas, en ocasiones convertidas en régimen.

A pesar de toda la propaganda mediática, y partiendo de la evidencia de que afecta a todos los partidos, el descaro y desparpajo llega al éxtasis cuando se trata del PSOE y en general del espectro de izquierda más o menos populista. Esos adalides de la justicia social, esos evangelistas de la igualdad y de la generosidad y solidaridad sin límites, desarrollan el mayor ejercicio de cinismo y despotismo en el momento en el que han logrado el objetivo.

Era evidente que la codicia oportunista del actual presidente de Gobierno, nos iba a conducir a la serie de traiciones y perjuicios que fuesen necesarios con tal de alcanzar su propósito. Era el ahora o nunca de un individuo que se encontró no ha mucho entre la cola del paro y la opción de ser el máximo dirigente y candidato de un partido con opción de gobierno.

Ese es el primer gran problema de la política de un país y una demostración fidedigna de la ineptocracia, estas situaciones incongruentes en tales niveles de responsabilidad no se pueden producir, y un país debe desarrollar los mecanismos necesarios para evitarlos, y en eso los partidos tienen gran parte de responsabilidad.

Pensar que Pedro Sánchez podía ser un estadista es un puro ejercicio de fe, pero llegar al grado de disparate de ejercicio de gobierno que está haciendo este señor convertido en subastero de España, es más de lo que su avaricia de poder nos podía hacer sospechar.

Es obvio que al oportunista de Moncloa le importa un bledo una España a la que desconoce, y no digamos sus habitantes, estos sufridos españoles, hartos de sus dirigentes y expoliados por una organización político administrativa insoportable e insostenible.

La supremacía, el distanciamiento y el desprecio despótico de esta cínica casta política dominante, refleja su máximo exponente en el actual gobierno y en su presidente. El único objetivo es mantener el poder el mayor tiempo posible, y si se tercia agotar la legislatura, y durante este tiempo resolver la vida para varias generaciones del mayor número posible de conmilitones, amigos, y todo tipo de gentes anejas o cercanas.

Y no se empeñen, desgraciadamente no hay más. Pero a mayores, y si cabe lo que es aún peor, es que existe una importante parte de nuestra población, y cada vez más numerosa, que comprende, y en cierta manera justifica este tipo de actuaciones y conductas. A tal nivel de degradación ética, egoísmo y materialismo hemos llegado.

Con estas premisas subastar España entre todos sus enemigos tiene cabida y coherencia, y en este afán están entregados los miembros del gobierno y su presidente. Se vende la unidad y la integridad de su territorio a los independentistas de cualquier signo y procedencia; se subastan nuestras fronteras entre los diferentes países europeos para obtener la mejor sonrisa o carcajada internacional; se dilapida un estado de derecho y nuestra jurisdicción para repartir abrazos de oso entre los sostenedores de esta infame moción de censura; se exprime a la población hasta dejarla exangüe para nutrir las demandas de totalitarismos chavistas; se abandona a nuestros jueces cumplidores de su cometido, y no olvidemos funcionarios del Estado, a su suerte en el desafío europeo sin ningún amparo ni apoyo, para vergüenza y escarnio de la imagen internacional de España; y para cerrar el círculo se entregan todos los medios públicos de comunicación a una organización comunista populista, enraizada y vinculada con los peores regímenes mundiales como el chavismo, el castrismo o el islamismo radical iraní.

Y todo con el mayor cinismo y descaro, aparentemente ocupados en la muy urgente necesidad de retirar los restos mortales del General Franco del Valle de los Caídos, con el único objetivo de satisfacer a sus hooligans como si de una pieza de caza se tratase, y de satisfacer la sed de venganza de esa izquierda aún resentida e incapaz de poner fin a un episodio que comenzó hace 82 años y cuyo principal protagonista desapareció hace 43.

Porque a la mayor parte de la población, este asunto le trae sin cuidado. Claro que cuando no hay nada útil que proponer para el futuro, exceptuando machacar a impuestos a toda la población para aumentar el gasto de la Administración, y no se engañen, no el gasto público, con el objetivo de enriquecer hasta la nausea a la banda del Poder, mientras se empobrece a la hasta ahora ciudadanía, que de esta forma  alcanza la categoría de súbditos dependientes, pues resulta rentable entretener a la clientela gregaria e ignorante, por otra parte bien abastecida con este tipo de tropelías de los más vulgares tópicos y mantras.

Es insoportable la simpleza de sus mensajes, emitidos con un lenguaje de una torpeza, que aún dentro de la mediocridad generalizada, llama la atención por el desconocimiento de la más elemental sintaxis, que se reducen al argumento de que todos los demás tapan su corrupción haciendo oposición, o que cada vez se escoran más a la derecha.

Y esto lo dice el Partido con más corrupción en su historia y en la actualidad, eso sí ocultada de forma sistemática por las televisiones y muchos medios convertidos en sus propagandistas. Miren sólo dos ejemplos, uno histórico y otro reciente, el expolio del oro del Banco de España perpetrado por Juan Negrín y llevado en barcos a la Rusia de Stalin, o la sistémica corrupción andaluza con casos tan bochornosos como los ERE, supondrían un volumen de dinero infinitamente mayor que el del resto de todos los partidos.

¿Y eso de escorarse a la derecha, en qué consiste? ¿En no destrozar a la población con impuestos y hundir la economía como han hecho ustedes siempre? ¿En poner de manifiesto su insufrible demagogia, mientras viaja con toda la familia en aviones del Ejército? ¿Es respetar la constitución y defender la unidad de España?

Una vez más atrapados en la perversión sistemática de la izquierda, cuyo seguimiento sólo se puede entender desde la envidia, el resentimiento o grandes dosis de ignorancia, y cuyo resultado ha sido siempre la miseria, la represión y la pérdida de la libertad de la gran mayoría, eso sí exceptuando a la cúpula dirigente y sus palmeros mediáticos propagandistas. Aunque parezca mentira, tras la sistemática desgracia que siempre han traído, en eso estamos, España a subasta entre todos los enemigos de la nación y de sus habitantes.