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España es un país de 46.7 millones de habitantes donde se sacrifican anualmente 50,07 millones de cerdos. Tocan a 1.07 animales por cada ciudadano, aunque, en realidad, más de la mitad de esta carne no se queda en territorio nacional, donde se consume una media de 21,2 kilos por cabeza, sino que se exporta. Y la cantidad sigue en aumento, según los datos del recientemente creado Ministerio Para la Transición Ecológica, recogidos por el diario Público. Pese a que la cantidad de cerdos criados para la industria sea mayor que la de consumo interno, el coste medioambiental que supone la crianza porcina los paga solamente España.

De acuerdo al Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI), las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en España crecieron un 4,4% en 2017, en su mayor subida en 15 años. Este gas, reza el documento, supone el 81% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, seguido del metano (11%). La ganadería es el cuarto generador de estas emisiones, después del transporte, la generación eléctrica y la industria, emitiendo 23,48 millones de toneladas equivalentes de CO2. “Las actividades ganaderas, responsables del 66% de las emisiones agrarias, aumentaron sus emisiones un 1,7% debido principalmente al aumento de la cabaña de vacuno de carne (2,7%) y de porcino blanco (3,8%)”, señala el Gobierno, que además señala a las granjas de cerdos como las responsables del 27% de las emisiones de amoniaco a la atmósfera, según el mismo periódico.

Según los datos del ministerio, en 2017 se generaron 4,29 millones de toneladas de piezas para consumir. Además de las emisiones, también se suma el consumo de agua: se consumen en torno a 15 litros diarios para alimentación y limpieza, lo que supone casi 180 hectómetros cúbicos anuales, el equivalente a lo que gastan juntas Sevilla, Zaragoza y Alicante.

Para dar solución a las consecuencias medioambientales, el Gobierno ha informado del proyecto de Real Decreto que pretende “permitir un eficaz y correcto desarrollo de la actividad ganadera en el sector porcino, conforme a la normativa vigente en materia de higiene, sanidad animal, bienestar de los animales y medio ambiente”.

Una gran parte del consumo de carne se usa para alimentar a nuestras mascotas. Un artículo publicado en PLOS One asegura que el alimento de gatos y perros es responsable de 25 a 30% del impacto ambiental del consumo de carne en los Estados Unidos. De acuerdo con estas proyecciones, si las mascotas estadounidenses conformaran un país aparte, este ocuparía el quinto lugar en consumo mundial de carne, siendo solo superado por Rusia, Brasil, Estados Unidos y China.

Beatriz de Vera

Esta noticia ha sido publicada originalmente en N+1, ciencia que suma