musulmanes moderados

Permítaseme antes de abordar el asunto de los musulmanes, una digresión: Henry Louis Mencken, conocido como el “Sabio de Baltimore”, considerado uno de los escritores más influyentes de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, periodista, crítico social y librepensador norteamericano, decía que “un demagogo es alguien que le cuenta cosas falsas a gente que considera idiotas,… engatusa al personal con actitudes cautivadoras como besar a niños, se da baños de multitudes, visita hasta el último lugar del mapa para abrazar a indigentes y desconocidos, y sobre todo prometer maravillas…”. (Pensamiento Alicia lo llamaba el profesor Gustavo Bueno que, en paz descanse).

De todo ello participa la estrategia propagandista de los grupos políticos que se hacen llamar “progresistas”, incluyendo la derecha boba, o sea el partido político que hasta hace poco presidía Mariano Rajoy, así como quienes dicen ser sus disidentes y que actualmente dirigen VOX…  Todos ellos corrompen el idioma, lo “retuercen”, y abusan hasta el hartazgo de palabrería y retórica vacías; frases y palabras “talismán” lo llaman los lingüistas, palabras talismán, porque a lo largo de la Historia se han ido cargado de prestigio –o de desprestigio-, de un prestigio tal que nadie suele atreverse a ponerlas en tela de juicio.

Una de las más palabras talismán usadas últimamente es el vocablo ISLAMOFOBIA (miedo, temor al Islam y a sus seguidores) que ha adquirido una carga tal de perversidad y maldad, que es equiparable a otras palabras como “RACISTA”, “FASCISTA”, “NAZI”, “REACCIONARIO”, “CARCA”, “RETRÓGRADO”, etc. consideradas antónimas de IGUALDAD, EQUIDAD, PROGRESO, TALANTE, DIÁLOGO, CONSENSO… Todas ellas se utilizan con intención de manipular, para influir sobre quienes las leen o escuchan, y se utilizan con una ambigüedad calculada… obviamente, la intención es la de confundir, “convencer” y tener realmente un efecto anestésico en los ciudadanos; o como poco sembrar la resignación, la aceptación de la mediocridad imperante como algo soportable.

Los vocablos y frases talismán enceguecen, emboban, las palabras talismán tienen la capacidad de teñir a las palabras que las circundan con su aura de claridad, con su “rico perfume”, apabullan; pero sobre todo inhiben toda clase de revisión crítica.

En estos penosos momentos que está sufriendo España, todo progre que se precie, que tenga intención de hacer carrera política está obligado adornar su discurso con la palabra “ISLAMOFOBIA”; parece como que sus asesores de imagen les inculcaran que si no la usan, hasta aburrir, corren el riesgo de suicidarse política y socialmente.

Bien, tras estas explicaciones necesarias, pasemos al meollo de la cuestión:

¿Hay una relación de causa y efecto entre religión y el uso de la fuerza?

Sin duda alguna, SÍ existe relación entre ambas.

Segunda pregunta obligada: En eses aspecto, ¿hay diferencias especialmente importantes entre el Cristianismo y el Islam? Sí, pero esa diferencia radica en la distinción que existe, no entre la Biblia (Antiguo y Nuevo Testamento) y el Corán, sino entre los cristianos y los musulmanes actuales.

Aunque es importante, también, destacar que los primitivos cristianos, que se sepa, hasta que el Emperador Romano decide convertir el Cristianismo en la religión oficial del Imperio –siglo tercero después del nacimiento de Jesucristo- nunca hicieron proselitismo mediante ninguna clase de fuerza, coacción o violencia.

Durante la Edad Media en Europa, cuando la autoridad de la Iglesia era prácticamente incuestionable, quienes de hecho la cuestionaban eran condenados a muerte. La Iglesia no reconocía ninguna libertad de pensamiento; no reconocía el concepto de libertad como tal. La libertad es un estado de autonomía personal, en el cual las decisiones sobre qué ideas aceptar y qué acciones tomar son tomadas por cada individuo, sin coacción externa, lo cual implica que cada persona tiene derecho a poseer vida propia y a buscar su propia felicidad. Todo ello durante muchos siglos fue reprobado, condenado por parte de la Iglesia, que afirmaba que las personas carecen de autonomía: que no poseen el derecho a arrogarse la decisión de cómo vivir su vida, y que los individuos solamente existen para servir y hacer la voluntad de Dios, pues Él  tiene pleno dominio sobre la vida del común de los mortales. Fueron muchos los que durante siglos se escudaron en la Biblia para justificar el asesinato de los disidentes y de los herejes de toda clase,  y la Iglesia hizo uso de herramientas como las Cruzadas y la Inquisición para librar una guerra santa cristiana contra los infieles.

Ni que decir tiene que, sin ánimo de justificar ninguna clase de perversidad, es necesario destacar que todo ello pertenece a otros tiempos y a otras mentalidades, que en nada tienen que ver con los cristianos actuales y, por supuesto, no tiene ningún sentido ver el pasado remoto con gafas y mentalidad de hombres y mujeres del siglo XXI, y menos aún intentar remediar lo irremediable, pues, que yo sepa todavía nadie ha inventado una máquina del tiempo que permita regresar al pasado.

Debido a que el vocablo libertad esencialmente significa libertad de pensamiento, de atreverse a pensar por sí mismo, sacudirse la tutela de otros, elegir, mover la voluntad y hacerse responsable de los resultados de sus actos; la gente pierde su libertad siempre que la religión adquiere poder político. La religión exige la rendición del intelecto. Ordena a sus fieles que subordinen la razón a la fe, y que se sometan a una autoridad que está por encima de su mente independiente. Ordena que sus seguidores actúen, no basándose en lo que comprenden, sino en lo que otros dicen que deben creer. En vez de libertad de pensamiento, sólo existe el deber de obedecer y servir a Dios (o mejor dicho, lo que la élite, la jerarquía religiosa afirma que es “voluntad de Dios”). Y lógicamente, un siervo que tiene la osadía de desafiar las órdenes de su dueño debe ser obligado a someterse. Es por ello que las personas consideradas herejes fueron quemadas en la hoguera para mayor  gloria de Dios, un acto, al fin y al cabo semejante equivalente a los atentados  contra “infieles” al grito de “Allahu akbar”, Alá es el más grande…

Transcurrido el tiempo, en Europa Occidental se produjeron unos acontecimientos que más tarde fueron nombrados como Renacimiento e Ilustración, que dieron como resultado que la autoridad de la Iglesia fuera disminuyendo enormemente. La razón se fue imponiendo a dogmas de otros tiempos, carentes de sentido, y estos acontecimientos fueron influyendo en todas las instituciones de Occidente, incluidas las prácticas religiosas. Y por consiguiente, la disidencia religiosa empezó a ser tolerada. La terrible costumbre de matar a los herejes– y a las brujas, a los homosexuales y a quienes no respetaran las fiestas de guardar– dejaron de ser tomados en serio. Con el tiempo, la libertad política fue arraigando… y la Iglesia quedó separada del estado.

Frente a lo ocurrido en la Civilización Judeocristiana, a lo largo del tiempo, el mundo islámico no ha experimentado ninguna Ilustración. El Islam sigue aferrándose a sus dogmas de la misma manera que lo hacía siglos atrás.

Ésta es la principal diferencia, la más importante sin duda, entre los musulmanes y los cristianos. Los seguidores de Mahoma toman el Corán al pie de la letra, se lo toman muy en serio, muchísimo más que quienes se hacen llamar cristianos. En el mundo “cristiano”, hasta los sacerdotes mantienen respeto por la razón en mayor o menor grado; y por lo general, entienden que la religión debe ser un asunto privado, no político.

Ningún cristiano en su sano juicio pretende implantar alguna forma de “estado teocrático”, ningún cristiano aspira a que la Biblia se convierta en la Constitución oficial de su país; por el contrario, los musulmanes sí pretenden tales cosas, tal es así que son muchos los lugares del mundo en los que el Corán y la Sharia son “la única constitución y las únicas leyes”.

¿Y qué ocurre con los denominados musulmanes moderados?

No se puede negar que existen. Pero antes de nada, es imprescindible definir qué significa tal expresión. No basta con decir que son “moderados” los musulmanes que se abstienen de decapitar a infieles.

En la actualidad, solo hay una manera de saber si un musulmán es “moderado”: es alguien que reconoce rotundamente, sin “peros”, el derecho a repudiar el Islam, el derecho a apostatar y abandonar la religión de sus padres. Y como resultado lógico, un musulmán “moderado” es el que considera a cualquier Osama bin Laden y a los monstruos que dicen ser sus seguidores como merecedores de ser ejecutados.

En definitiva, un musulmán “moderado” sería el que rechaza la esencia del yihadismo: la idea de que el Islam debe ser impuesto a toda la humanidad de forma violenta.

Pero en el mundo musulmán gente así son la excepción. Basta con echarles un vistazo a los gobiernos de las naciones musulmanas. En Egipto, Kuwait, Pakistán, Argelia, Afganistán, Arabia Saudita, Irán,… los blasfemos son ejecutados, y algunos países musulmanes imponen penas de prisión. En Arabia Saudita, la ley define como terroristas a todos los ateos, y a cualquier persona “que ponga en tela de juicio los fundamentos de la religión islámica en la que se basa este país”.

¿Qué son las políticas de esos lugares, sino yihadismo legalizado, la imposición del Islam por la fuerza a víctimas indefensas,  amparándose en la ley?

Y estas políticas tienen un fuerte apoyo popular. En la famosa encuesta de Pew realizada en el año 2013, una abrumadora mayoría de quienes viven en países musulmanes afirmaba sin ruborizarse que, su única ley debería ser la islámica, la ‘sharia’, la inmensa mayoría también opinaba que debería de ser la ley en todo el planeta, ya que así lo estableció Dios. La encuesta realizada por el Centro Pew de Investigaciones en 39 países reflejaba el fuerte compromiso de los creyentes con su religión, la segunda mayor del mundo, tanto que quieren seguirla no sólo en su vida personal, sino hacerla extensiva a la sociedad o la política.

En los países “civilizados” se ven en ocasiones protestas en nombre del Islam, contra los críticos del Islam, contra la “islamofobia”. ¿Dónde están las protestas en nombre del Islam, contra los asesinos, contra los terroristas musulmanes que asesinan en nombre del Islam a quienes osan criticar el Islam?

Los líderes religiosos del Islam alegremente lanzan fatwas contra los que se burlan de Mahoma. ¿Dónde están las fatwas contra las personas que secuestran a niños en edad escolar, bombardean sinagogas, esclavizan sexualmente a niñas, decapitan a periodistas, y de una forma u otra no practican su religión de forma pacífica?

Los enemigos de España, de Europa, de la Civilización Occidental son aquellos que tratan de instaurar el totalitarismo islámico, y también lo son quienes los justifican, los “comprenden” y los apoyan.

Evidentemente, en una sociedad abierta la gente debe tener la libertad de rezar y adorar a Alá. Pero si de alguna forma actúan en apoyo de quienes usan la fuerza, entonces automáticamente se convierten en musulmanes fanáticos “no-moderados”.

Hemos llegado a tal situación que, ya lo que menos importa es qué musulmanes, cuántos de ellos están practicando la “verdadera religión” según los dictados del Corán, o por el contrario una “falsa religión”. Lo que importa es que hay millones de musulmanes que aceptan  como doctrina, como ideología el totalitarismo islámico, y que son una amenaza objetiva para España, para Europa y para el mundo. Los seguidores de esa ideología, desde los terroristas islámicos que actuaron en Cataluña, hasta sus cómplices menos violentos, son el enemigo, y es obligación de los gobiernos detenerlos, y evitar que vuelvan a actuar.

Y ya, para terminar, les recomiendo que lean el siguiente texto, que circula por las redes, a manera de resumen de cómo actúa el Islam para expandirse:

  • Fase primera: cuando los musulmanes son débiles, poco numerosos, proclaman la paz, la tolerancia, hacia fuera, nunca hacia dentro. Practican Taqyya (acto de disimular las creencias religiosas propias cuando uno teme por su vida, por las vidas de sus familiares o por la preservación de la fe. Se usa más a menudo en tiempos de persecución o peligro por parte de los musulmanes)   y se preparan para la siguiente fase, en privado y de forma clandestina. Demandan un estatus de “víctimas” y reclaman privilegios, trato de favor para el Islam.
  • Fase segunda: cuando los musulmanes son lo suficientemente fuertes para luchar, pero no lo bastante para vencer y someter a quienes ellos consideran “infieles”, utilizan el terrorismo, eliminan a los críticos y buscan escusas para atacar a otros grupos de musulmanes.
  • Fase tercera: cuando  los musulmanes se convierten en mayoría someten violentamente a todos los no musulmanes, intentan expandir su dominio político, y expulsan a los no creyentes del territorio que éstos ocupaban antes de que ellos llegaran.Los musulmanes siempre han utilizado este patrón de conducta, siempre han actuado así desde que Mahoma creó el Islam hace 1400 años.

    Ignorancia voluntaria, ideologías y pensamiento único