sastrería

La sastrería, esa que yo la llamo suave y manual  le quedan días contados. Pero aún queda algo en mi interior que debo hacerla recordar para aquellos que vistieron con traje y a los que aún quedarán añorándolos. España está atravesando  un desierto muy grande en cuanto a profesiones  que en muchos casos es debido a la aparición de nuevas modas, todas ellas llevadas por conductas que nos arrastra  esta sociedad que  nos ha llevado por los mares del  márquetin y cómo siempre digo,  consumo arrastrado por conductas  extrañas y a veces deseos de cambio por el cambio. Esta marea es universal, Europa, España y concretamente Córdoba, hasta hace muy poco tuvo una docena de sastres, Ciñéndome a lo comentado y en algunos argumentos, nos henos quedado sin artesanos en el buen vestir  en  esta ciudad,  solamente  queda uno   y ese uno, por aquello del márquetin se dedica a la confección femenina. El argumento lo sabe el lector. Eso de padres a hijos, ya no existe, y si aún le introducimos  las borracheras que nos someten los grandes comercios con los pantalones vaqueros y sus modas y los trajes en máquinas comerciales  y a su vez lucrativas, cosa que veo correctamente, aunque discrepe, la era del consumo económico y con otros variantes en el vestir esta profesión quedará borrada sin poder remediarlo. Desde esta tribuna les hago tributo a estos artesanos del traje con una dedicatoria que en su día de la Moda de la Sastrería Andaluza publicada en la revista de los sastres el día 25 de octubre del 1985. Y, comosi fuese un torero, diré: ¡Señores!, va por ustedes y por los caballeros  que algún día vistieron de traje.

El azul plata de nuestro río, en estos próximos días  se cimbrea y en sus muros de su rivera se desnuda. Las gaviotas de nuestro Guadalquivir estarán fieles acompañantes y guardianes de sus pequeños acantilados, estarán alertas al vaivén de las olas  que viene de los cuatro vientos  que nos visitan. Nuestros naranjos califales  por capricho de la naturaleza quieren asomarse y alzando la vista por toda nuestra Andalucía, dejan un aroma de sus florecillas, adelantándose en el tiempo como presagio de esa fiesta. Los maestros sastres artesanos, los sastres de Córdoba, organizan su XI Certamen  de la Moda Andaluza en donde exponen las modas yevoluciones  en el buen vestir  y el fruto de sus trabajos  que trae consigo este acontecimiento.

A eta rivera del Guadalquivir, a este pedacito de nuestra Andalucía, a esta Córdoba que ya no está sola y callada, nos visitan estos días los sastres de la tacita de plata, acompañados  de sus coetáneos y vecinos de  Jerez. Que con sabor de sevillanas, Sevilla  nos  darán las primicias  del olor a incienso  de su semana Santa; Huelva nos traerá  a  lomos de sus bueyes  rocieros  sus mejores galas, sus mejores trajes, todos ellos rociados con sus fandanguillos llenos de alegría. Jaén como Almería  nos enseñaran   sus ternos, todos ellos  repletos  de vitalidad y empaque, privilegiados con su cercanía del Santo Rostro, acompañados  con el fresco airecillo de la Alcazaba de la tierra de la luz. Granada nos trae sus trajes iluminados  por el Darro, ese río coqueto y festivo, dándose aplausos  al son de los gitanos del Albaicín, desde donde  se mira a esa majestuosa Alhambra. Y Córdoba  dará a conocer la parte correspondiente de ese abanico, lleno de fantasía y color, paseándose   con trajes de esmoquin   con el vestido de novia nupcial, el traje campero, estará ribeteado  con el aroma del romero y enlazado  con flores  de las jaras de nuestra sierra.

El escultor bocela  a escoplo y martillo la roca y el granito de ellos hace su estatua preferida. El pintor pincela y colorea en el ventanal abierto de su  cuadro a la musa de sus sueños. El torero arranca un poema con su capote y haciendo un remolino  en la arena, templa, cita y enrabolando la bandera de ese capote, hace filigranas y adornos con el aire al paso del toro. Y llegando al maestro sastre no olvidamos la brisa de sus manos, no importan los dedos que  sean largos, finos o delgados, solamente hace falta que vayan como unsoplo, suave por las telas,que al cortarlas jueguen primorosas  y corten fino al vaivén  de las tijeras y que el rejo de la ajuga  saetee elegantemente como si se tratara el cocido  de una operación a corazón abierto. Se podría seguir aún más en el correteo que hacen estos maestros sastres, solamente añadiré un pequeño composiciónque dice: Hacen falta dos cosas para completar un buen traje/ tela la que sea, pero sastre que no falte/ tafetán de finos hilos, bordados de raso y tramas / ¡Ele los Maestros Sastres, con su besana y gracia!

A mi pescadera le huele el pescado