RTVE

Los último movimientos para hacerse con el control de la televisión pública, más que patéticos, son una prueba fehaciente del concepto de estado y a la postre de libertad que tienen Pedro Sánchez y Pablo Iglesias: el estado y sus instituciones son su cortijo. Si ya en su momento a Iglesias se le vio el plumero al pedir a Sánchez, en su intento de investidura, el oro y el moro, ahora, una vez más y fruto de su peculiar humildad, se ha quedado con el culo al aire poniéndose otra vez en evidencia. Para ellos, nosotros somos números y, el Estado y toda su estructura, son herramientas, para poder hacer lo que les venga en gana: España como cortijo. Ahora el intento, aún no consumado, de, saltándose el modo previsto, hacerse con el suculento bocado de la radio y televisión pública, visualiza bien a las claras  sus métodos y objetivos.

Todas las televisiones públicas, tarde o temprano, son una herramienta de propaganda del gobierno de turno, por eso no tiene ya ningún sentido su existencia. Los controles parlamentarios  en la elección de Presidente pretenden dificultar este supuesto, pero la verdad es que nuca lo logran. En un mundo como el actual, poco sentido tiene una televisión pública, de la misma manera que no lo tiene un periódico publico, ni una productora de cine público, ni una radio pública…

No entiendo nada. ¿Qué servicio supone para el ciudadano mantener medios de comunicación propagandísticos públicos? ¿Alguien me lo explica?

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