idioma

Mucho ha llovido desde que se iniciara el proceso y alimento lingüístico al diccionario de la lengua española, es decir nuestra jerga del día a día. Poco a poco nos van llegando terminologías de otros países y mira por donde siempre son inglesas o americanas. Nuestro idioma lo vamos poco a poco nutriendo entre los académicos, eruditos en nuestra gramática, las Reales Academias de nuestras Autonomías y lo que campechanamente se dice a personas de la calle, entre todos lo vamos deformando y cambiando con palabras venidas, como he dicho antes, de otras latitudes. Como muy bien dice el paisano Antonio Villarreal «hay una invasión de anglicismos, tan grandes que en el año 2011 se dio cobijo a 222 términos extranjeros, escritos en su grafía original». Y, a partir de esa fecha han sido varias las palabras introducidas

Nosotros nos vamos a “beneficiarnos” con palabras nuevas, sino es que ya están metidas en la RAE. Se dice que es un neologismo la palabra nueva que aparece en un nuevo idioma que no es el nuestro, es decir palabras que ya están en otro idioma y que queremos introducirla en el Sanctasanctórum de nuestro lenguaje. Estas nuevas palabrejas son: Phubbing, Bumping y Nesting. Que nos dicen estas palabras lenguaje: El “phubbing” término formado a partir de las palabras inglesas phone y snubbing) consiste en el acto de menospreciar a quien nos acompaña al prestar más atención al móvil u otros aparatos electrónicos que a su persona. Bumping es una técnica muy habitual en robos, tanto en viviendas como en negocios. Conocerla está al alcance de cualquier persona: es decir tráeme un destornillador o mejor llamamos al cerrajero que conozca el método Bumping, y el Nesting es quedarse en casa o atrincherarse en las cuatro paredes de tu casa un fin de semana. Ya no eres un muermo que no quieres salir de casa, eres un Nesting.

Las nuevas tecnologías nos están irrumpiendo y dejando atrás términos que antes se pronunciaban en la geografía española. Fiambrera, ahora se le llama tupperware. Broker a un corredor de bolsa o parking que antes era aparcamiento y también cochera entre otras tantas palabras que se han ido filtrado en nuestro idioma español. La memez ha llegado—el tiempo lo dirá—a metas insospechadas. No hay más que ver los WhatsApp, en donde los mensajes se escriben a medias o cortados, donde te quiero lo escriben t k. Si seguimos así, hablaremos como los indios, por señales de humo.

Que conste que no estoy en desacuerdo con que se vayan incorporando —faltaría más—palabras nuevas al idioma español pero hay veces, lo creo así, que por este motivo también se podría haber insertado en este vocabulario palabras de nuestro entorno, palabras españolas y que aún se siguen escribiendo y hablando por todos los rincones de nuestra España y que no han visto su luz en la Biblia de las palabras. Hay un ejemplo visible que se pone de manifiesto en todo los partidos de fútbol: el locutor de turno ya no dice balón, pelota o como se decía antes, cuero, ahora la llaman la bola.

El descarrilamiento del idioma español sigue su rumbo por engrosarle estos tecnicismos que la mayoría no los conocemos, pues solamente las conocen las propias profesiones con una actividad específica que todo el mundo no saben de estos know-how. En medicina antes a los virus se les llamaba bichitos y a un buen bistec o chuletón, ahora le llaman beef stak. Si estas palabras tuviesen cabeza y pies echarían calle abajo por Felipe IV de Madrid hasta el Paseo del Prado haciendo footing que, para los no iniciados, vulgarmente se le llama hacer ejercicio, es decir, correr. Doctores tiene la iglesia para defendella y no enmendalla.

Coacciones mafiosas a las congenias relaciones íntimas

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