Cuentan las crónicas sobre el nada grato recuerto que les quedó a los picadores Antonio Calderón, José Sevilla y Bruno Azaña, en una corrida celebrada en Almagro el 25 de agosto de 1864. El gran Recortes lo cuenta así:
<<Lidiándose seis toros grandes, de mucho nervio y poder, de aquellos bichos que cuando salían bravos, lo que no siempre ocurría, causaban el efecto de un terremoto en el primer tercio de la lidia, derrumbando caballos y jinetes con la suavidad y delicadeza que los bichos de Colmenar lo hacían. ¡Bonitos eran aquellos animales para las finuras y exquisiteces del toreo moderno!

El caso fue que la corrida de don Félix pegó de firme, y cuando mediada la lidia estaban los piqueros cirados tan molidos y vapuleados que comenzaron a remolonear, y al salir el toro quinto ninguno hacía por comenzar la suerte.

El público armó la gran marimorena y vio con la natural sorpresa, y luego algazara, que salieron al ruedo media docena de subalternos municipales provistos de flexibles varas de fresno, y se liaron a estacazos, no con los caballos, sino con los picadores, que en vano protestaban de la rara manera de intimarles al cumplimiento del deber.

El público serio y sensato juzgó injusto el procedimiento, pero la turba bullanguera aplaudió la barbaridad realizada, terminando la tunda cuando los espadas, Manuel y Antonio Carmona, subieron a la presidencia para solicitar se retirase del anillo aquella gente, pues los varilargueros no eran presidiarios a quien gobernar por medio de cabos de vara.

La autoridad mandó retirar a los apaleadores e impuso a los apaleados una multa colectiva de novecientos reales. ¡Cualquiera les hablaba después de la Plaza manchega!>>.

¿Puede un torero picar a su toro?

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