fascismo

ominan los izquierdistas a todo lo que les disgusta. Quienes dicen de sí mismos que son “progresistas” llaman fascista a quien diga algo que no les agrade, ya sea acerca de lo que denominan “cambio climático”, o “calentamiento global”, acerca del feminismo, acerca de los homosexuales (mejor dicho, del “homosexualismo”, que no es lo mismo) acerca del Islam, acerca de… excepto “curiosamente” si alguien ataca a los judíos y al estado de Israel.

Por poner un ejemplo, si alguien tiene la ocurrencia de afirmar que es partidario de que la enseñanza no sea pública-estatal, que sea libre y privada y que la educación debe ser competencia de las familias, entonces será llamado fascista; pese a que el fascismo está a favor de la enseñanza institucionalizada, no privada.

Pero, si hay algo especialmente sorprendente (producto de la ignorancia, claro, que suele ir de la mano de la arrogancia) es que los progres digan que el fascismo es de derechas. Fascistas y socialistas (y comunistas) pueden odiarse mutuamente, pero aunque parezca mentira, es mucho más lo que los une que lo que los separa; para empezar ambas doctrinas son antiliberales.

La búsqueda de la “tercera vía” entre economía de libre mercado e intervencionismo estatal, aunque los progres lo presenten como algo novedoso, y como seña de identidad del socialismo, de la socialdemocracia, ya era una cuestión que planteaba el fascismo italiano en los años veinte y treinta del siglo pasado. Y si hablamos de campañas “progresistas” contra el consumo de tabaco, o la “defensa de los animales”, el llamado “animalismo” ya estaban incluidos en el credo y el proyecto de Adolf Hitler.

No existe ningún fascismo de derechas, liberal-conservador, todo fascismo es progresista, aunque al contrario que el comunismo no pretenda (tampoco la socialdemocracia) acabar plenamente con la economía de libre mercado, y no se plantee la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, sí persigue una economía intervenida por el estado, planificada y redistributiva, un régimen político y económico en el que los ciudadanos mantengan la propiedad y la libertad pero con grandes restricciones, y siempre supeditadas a la colectividad. No es casualidad el trasiego de fascistas hacia el socialismo, y viceversa. Mussolini (y también Hitler) se declararon abiertamente “socialistas”, y partían un diagnóstico claramente marxista. Lo mismo se puede decir del trasiego de socialistas hacia el falangismo en España, y viceversa; un caso especialmente llamativo fue el del “filósofo marxista”, Manuel Sacristán que, empezó como falangista y acabó siendo un referente del comunismo español.

El programa de gobierno fascista (también el nacionalsocialista) incluía limitar la jornada laboral, implantar salario mínimo interprofesional, enseñanza pública y laica, sanidad pública, reforma agraria, pensiones públicas y muchas más propuestas hoy llamadas progresista, derechos sociales, y propias del “estado de bienestar”.

También, el fascismo (y nacionalsocialismo) pretendían crear un “nuevo país”, un hombre –y una mujer- nuevos, una nueva sociedad. No es de extrañar que Lenin mostrara públicamente sus simpatías hacia Benito Mussolini.

Tampoco podemos olvidar que Adolf Hitler era abiertamente anticapitalista, contrario al libre mercado y despreciaba a la burguesía. Y tanto los nazis como los fascistas alabaron a Roosevelt y su New Deal, por sus políticas intervencionistas y antiliberales.

“En todas partes hay cosas artificiales, la comida está adulterada y repleta de ingredientes que supuestamente hacen que se conserve más tiempo, o tenga mejor aspecto o parezca enriquecida, o lo que sea que los anunciante quieran que creamos… Estamos en manos de las empresas de alimentación cuyo poder publicitario y económico les permite prescribir lo que podemos comer y lo que no podemos comer… tomaremos medidas enérgicas para impedir que la industria alimentaria destruya a nuestro pueblo”. Estas palabras serían perfectamente subscritas por cualquier ecologista, progre, de la “izquierda alternativa” ¿Verdad?

Pues, son nada más y nada menos que de Heinrich Himmler, Ministro del Interior del régimen nazi, jefe de las SS, y de la Gestapo.

Adolf Hitler hubiera prohibido las corridas de toros, tal como hizo con la caza del zorro, afirmando que en su “Nueva Alemania” no cabía la crueldad hacia los animales.

Igual que los actuales izquierdistas, los fascistas y los nazis eran enemigos de la institución familiar y de la religión… en la misma dirección de la “corrección política” de la izquierda española actual.

Fascistas, comunistas, nacionalsocialistas, nacionalistas coinciden en supeditar al individuo, al ciudadano a la colectividad, al grupo, al “bien común”, puede que estén enfrentados los unos con los otros, pero todos coinciden una cuestión: son antiliberales, son contrarios a la democracia liberal, con separación de poderes son liberticidas, totalitarios.

Muchos son los que han calificado a los socialdemócratas como de “comunistas con paciencia”, sin prisas.

Tal como indica Jonah Goldberg en su libro “Liberal Fascism”, traducido a la lengua española como “El fascismo progresista”, el nuevo progresista es un profundo estatista, representa un nuevo fascismo generado en una cultura política democrática pero con unos ingredientes ideológicos de izquierdas y alternativos (comunitarismo, sindicalismo, multiculturalismo, new age, buenismo, corrección política) que contribuyen a acentuar la sumisión o el conformismo progresista, integrador y autoritario. Lo más característico del progresismo fascista quizás sea “la creencia estridente de que cualquiera que defienda la superioridad de una concepción moral, forma de vida o tipo humano distintivos” ha de ser elitista, antidemocrático e inmoral.

Insisto: para quienes se ubican en la izquierda, fascista es casi todo aquel que no piensa como ellos.

Este vocablo lo utilizan para nombrar a gente de derechas, de extrema derecha e incluso en algunas ocasiones a terroristas de difícil ubicación “ideológica”, aunque ellos mismos se sitúen en la izquierda más irracional y fanática. Para un individuo “progresista” (palabra de la cual se han acabado apropiando) fascista es lo peor de lo peor, lo más malvado, mezquino, terrible que se puede ser (bueno, también están entre los malvados los pro-israelíes y pro-norteamericanos).

Por supuesto, la mayoría de quienes tienden a etiquetar de fascista a los que no piensan como ellos, ignoran todo o casi todo acerca de fascismo; por no saber, no saben quién fue Benito Mussolini, y menos que era un socialista italiano desencantado por la sumisión del socialismo europeo a la internacional pro-soviética y que, allá por 1.919 propugnaba un estado fuerte basado en la dictadura de un partido único (muy parecido a que lo que proponía el socialismo entonces). Aunque no era partidario de la “dictadura del proletariado” que propone el marxismo-leninismo en sus múltiples variantes, sus programa económico, sin embargo, era muy similar, y como el marxismo-leninismo proponía la creación de un estado fuerte, intervencionista, con grandes empresas públicas, banca nacionalizada, obras públicas a mansalva y emprender medidas para la protección de los trabajadores.

De estos mismos objetivos participaba también el partido fundado por un tal Adolfo Hitler con el nombre de Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes. Aunque, como bien sabe cualquiera que haya estudiado Historia del siglo XX, en el caso alemán además de la exaltación nacionalista se fomentó el racismo. Tanto el régimen de Mussolini como el de Adolf Hitler eran imperialistas, y cada cual por su cuenta acabó invadiendo diversos países: Abisinia, Checoslovaquia, Austria, Hungría y finalmente Polonia.

Los nazis y los fascistas no fueron aliados hasta que Alemania invadió Francia. Cuando se inicia la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión de Polonia por parte del ejército hitleriano, la Alemania Nazi era aliada de la Rusia Comunista, entonces presidida por Stalin. Entre Hitler y Stalin se repartieron Polonia, y como consecuencia de esa invasión los rusos fusilaron en Katyn a varios miles de oficiales polacos y acabaron con la élite intelectual, empresarial, política de la Polonia de entonces…

Así que, a ver si os enteráis de una vez los desinformados, ignorantes y víctimas de las leyes educativas “progresistas”, y os queda claro que los únicos estados fascistas que han existido, fueron derrotados por democracias occidentales gobernadas en algunos casos por jefes de gobierno de derechas (como era el caso de Gran Bretaña, entonces gobernada por Winston Churchill). Por supuesto, que no podemos olvidar la intervención rusa en esta guerra, pero ésta fue sobre todo defensiva hasta que la Unión Soviética acabó invadiendo Alemania en 1945.

Y ya para terminar: Si alguien que tilda a otra persona de “fascista” lo hace porque esa persona participa de la idea de que lo mejor es el libre mercado, el gobierno limitado y la moralidad tradicional, incluyendo influencias religiosas, entonces está incurriendo en un absoluto error, una tremenda estupidez, pues los fascistas se opusieron a todo ello, tal como hacen hoy quienes se hacen llamar de izquierdas.

No hay nada más alejado de la derecha, de ser liberal-conservador, que el fascismo o el nazismo.

Desgobierno judicial y utilización partidista de la Adminstración de Justicia

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Carlos Aurelio
Profesor jubilado, jubilosamente jubilado, debido a mi profunda sordera, lo cual me hace ser capaz de diferenciar entre "oír" y "escuchar", cosa poco corriente en la oclocracia (el gobierno de los que más fuerte gritan, más ruido son capaces de hacer) que padecemos.