españa

Estamos en una encrucijada que no nos atrevemos a vislumbrar por los cauces que nos puede llevar una sinrazón y si se me permite, de una inmoralidad de grandes dimensiones, ninguno de nosotros sabemos en estos momentos hasta donde el ser humano está desasistido y desorientado para defenderse de una manera cruel y despiadada por principios equivocados, o al menos donde una mezcla de sinsabores y sufrimientos son acogidos por unos partidos que solo se aprovechan de tanta injusticia y depravación, donde su ego, siendo al menos político, deberían pensárselo tres veces. Aunque el margen que me da este escrito no puedo exponer y razonar en toda su crueldad los acontecimientos que vamos a vivir los españoles durante estos próximos meses o tal vez más tiempo, cosa que no me atrevo a afirmarlo.

España era un país desarrollado, de conciencia inteligente y avispada. Hemos estado 40 años allanando asperezas en todos los terrenos: la empatía que parecía alcanzar España se está viendo que desanda lo que parecía encontrarse, bien es verdad que nunca se llegará a su estado perfecto, ya que la grandeza del ser humano no tiene límites. Los logros han sido buenos, con sus imperfecciones y lagunas, pero ahí estamos todos mirando hacia adelante, esta no es mi España. Estamos mirando hacia atrás, no miremos las dádivas que nos ofrecen algunos partidos o el calabacín de turno: El nuevo Presidente lo hemos visto, demos gracias que el demonio no estaba metido en estos compromisos para que saliera adelante la moción de censura, aunque a decir verdad, estos partidos los proetarras, extrema izquierda populista, los golpistas catalanes y los señores del PNV, harán bueno al demonio, si es que este ha sido alguna vez bueno.

El barco en el que nos hemos subido no tiene anclas, podría ir a la deriva, los acontecimientos y las “gracias” a los vendedores de votos nos traerán días malos, días negros y con grandes tormentas políticas. Estos señores vendedores de votos están pidiendo los favores de los votos prestados. Él toma y daca, lo están llevando delante de nuestras narices con total habilidad y atrevimiento. Esto es la democracia —me decía un amigo el otro día— la mayoría es la que manda y las reglas del juego están hechas así. Esta no es mi España.  En este mismo instante me he acordado de una frase de las muchas que tiene Winston Churchill, dice así: “Un buen político es aquel que, tras haber sido comprado, sigue siendo comprable”.

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