Todas las víctimas de ETA: Víctor Legorburu Ibarreche, alcalde de Galdácano
Víctor Legorburu Ibarreche, alcalde de Galdácano asesinado por ETA

Se dirigía a coger el coche acompañado por su escolta

Aquella mañana del 9 de febrero de 1976, Víctor Legorburu Ibarreche, se dirigía a recoger el coche para desplazarse hacia su trabajo en la Caja de Ahorros de Bilbao. Iba acompañado por el policía municipal Francisco Ruiz Sánchez, que prestaba su servicio como escolta del alcalde de Galdácano.

El coche se encontraba guardado en la empresa propiedad de Víctor Legorburu y de su hermano, una imprenta situada a unos 350 metros de su casa. Otro miembro de su dispositivo de seguridad era Gerardo García Romero, quien conducía un Jeep con el que se iba a escoltar al alcalde.

Al desplazarse andando por el mismo itinerario que utilizaban siempre fueron y llegar a la esquina de la calle Miguel de Unamuno con Juan Bautista Uriarte, fueron abordados por dos terroristas quienes les dispararon dos ráfagas de metralleta. A pesar de que fueron alcanzados por los disparos pudieron correr unos 10 metros donde les esperaba otro terrorista que les disparó con una pistola.

Tanto Víctor Legorburu como su escolta, Francisco Ruiz, cayeron al suelo. Víctor murió en el acto al tener el pecho acribillado a balazos y Francisco gravísimamente herido con impactos de bala en todo el cuerpo. Francisco fue intervenido quirúrgicamente durante varias horas y salvó su vida. En ese momento tenía 28 años, estaba casado y tenía cuatro hijos pequeños.

Los autores de este asesinato, así como el de Julián Galarza Ayastuy cometido al día siguiente, fueron José Miguel Retolaza Urbina, alias Ereki, e Isidro María Garalde, alias Mamarru.

Víctor Legorburu Ibarreche

Víctor Legorburu Ibarreche tenía 63 años, era natural de Galdácano, y era alcalde de la localidad desde 1966. Estaba casado y tenía dos hijos de 20 y 22 años (María José y Víctor).

Noticia del asesinato de Vícitor Legorburu publicada en ABC

En 2006 el hijo de Víctor Legorburu, Víctor, contó por primara vez su historia en el libro “Olvidados”, de Iñaki Arteta y Alfonso Galletero (Adhara, 2006):

Yo no he hablado de esto ni con los amigos más íntimos. Siempre he evitado hablar de mi dolor. El asesinato de mi padre lo he tenido muy dentro, pero hoy es el día que más voy a hablar de ello, voy a contar cosas que jamás he contado. Hoy me he dicho: “voy a poner mi ‘granito de arena’ para paliar este silencio en el que nos hemos visto envueltos. Es lo único que puedo hacer.

Mi padre era una persona terriblemente honrada, era sincero, no era ni había sido nunca una persona política, se entregaba al servicio de los demás y era muy fiel a sus principios. Precisamente eso le costó la vida (…) Entonces diréis: ¿cuál es la causa? ¿por qué lo mataron? Lo mataron por una cosa muy sencilla: porque mi padre creía -al igual que todos los vascos durante muchos siglos han creído- que los vascos, por ser vascos, eran españoles. Los vascos nunca lo habían puesto en duda y mi padre tampoco. Bueno, pues por eso lo mataron, así de sencillo.

Para mi madre aquello fue el final de su vida. La falta de su marido, y cómo se produjo esta falta, convirtió su vida en un infierno hasta que falleció el 23 de abril de 2004. Pero para nosotros siempre fue un ejemplo de dignidad porque siempre sacó ánimo para tirar hacia delante”.

El respaldo social que se encontraba en aquellos tiempos era nulo, totalmente nulo. La reacción de la sociedad, cuando se trataba de un civil, era decir “algo habría hecho” (…) Si era una persona de uniforme, un guardia civil, etc, bueno, pues ya se sabe a qué se exponen, para eso están, se decía, para que les disparen, no están para otra cosa. Ese era el ambiente.

Así llegó la amnistía de 1977, amnistía que quiso ser como un ‘borrón y cuenta nueva’, un paso más hacia la libertad y la democracia. Esa amnistía supuso que 65 asesinatos de ETA quedaran totalmente impunes, o sea, como que no habían ocurrido, lo cual para las víctimas es algo terrible (…). Y efectivamente no fue solución definitiva (…).

La razón tiene que triunfar y vamos a seguir luchando por ser optimistas, por tener libertad, justicia, paz, pero también para que se sepa cómo han sido las cosas. Yo reivindico la dignidad de mi padre como otros reivindican la dignidad de su hijo, de su hermano, de su marido, de su mujer. Y la memoria. La memoria es imprescindible.

Mi padre me enseñó que había que construir en positivo así que yo no he alimentado el odio en mí mismo, ni tampoco en mis hijos. El odio es lo peor para uno mismo, porque te consume. Ya sólo falta que encima de hacerte lo que te hacen te dediques a odiar toda la vida. Eso habría sido una victoria todavía superior para ellos.

D.E.P. Víctor Legorburu Ibarreche, alcalde de Galdácano (Vizcaya) asesinado por ETA el 9 de febrero de 1976.