Encuesta Quim Torra
Quim Torra
“Mientras que, desde las instituciones y desde los medios propagandistas, se clasifica, apunta, marca y persigue a los malos catalanes, el gobierno de España se presta no solo a blanquear a un supremacista, racista y xenófobo presidente de La Generalidad sino también a conceder beneficios a los golpistas”

 

Pese a la millonada malversada, pese al martilleo “del NO-DO punto CAT” (emitido al unísono por TV3, RAC1, Catalunya Ràdio, etcétera, etcétera) para consagrar el 1-O como un “Alzamiento catalán” que legitime la DUI (Declaración Unilateral de Independencia), pese a décadas de adoctrinamiento sistemático en la escuela, pese a la labor doctrinal y política de la Iglesia catalana, pese al férreo control de masas que ejercen la ANC (Asamblea Nacional Catalana) y Òmnium Cultural, pese al “Caudillo” Carlos Puigdemont, pese a todo, el independentismo no ha logrado la tan ansiada legitimación social, por mucho que insistan en equiparar mayoría parlamentaria con ciudadana.

A pesar de ello, no debemos descartar que lo consigan en el futuro ni minimizar o ignorar las graves consecuencias que todos padecemos y sufriremos  durante décadas. Seguramente con razón, se habla mucho de las económicas: empresas que trasladan su sede fiscal, inversiones perdidas (Agencia del Medicamento, entre otras), bache turístico, empleos que se pierden… Sin embargo, considero que, con diferencia, la peor es la institucionalización del supremacismo en Cataluña.

Cuando eran pocos quienes se manifestaban y significaban públicamente como supremacistas —Jordi Pujol, Heribert Barrera,…—, la mayoría no supimos ver —¿quisimos?— lo que una joven profesora londinense advirtió en apenas cinco minutos cuando, recién llegada, buscaba un piso económico en alquiler. Al visitar un popular barrio de emigrantes de Hospitalet de Llobregat (a la profesora, en una agencia inmobiliaria, le justificaron los alquileres más bajos por estar en un barrio de emigrantes), Sara descubrió sorprendida que sus futuros vecinos no procedían mayoritariamente de Asia o África sino de otras zonas de España. Cómo llaman ustedes emigrantes a los españoles de otros territorios, se preguntaba y me preguntaba. Claro, clarito.

Deberíamos haber aprendido de las consecuencias de cuatro décadas de ceguera generalizada, de ausencia de un proyecto compartido de España, de dejación de responsabilidades de los distintos gobiernos socialistas y populares. Deberíamos recordar a diario que el falso oasis catalán nos ha conducido a un agujero negro que rezuma pestilencia supremacista y amenaza la existencia de nuestra nación. Sin embargo, parecemos empeñados en persistir en el error.

Pedro Sánchez parece estar a un tris de hacerlo. Mientras que, desde las instituciones y desde los medios propagandistas, se clasifica, apunta, marca y persigue a los malos catalanes, el gobierno de España se presta no solo a blanquear a un supremacista, racista y xenófobo presidente de La Generalidad sino también a conceder beneficios a los golpistas sin que estos hayan mostrado siquiera un insincero arrepentimiento.

Puede que el presidente del gobierno considere suficiente las palabras que Clara Ponsatí dirigía a sus fieles —“Estábamos jugando al póquer y jugábamos de farol”—, a los que debe considerar imbéciles, para justificar el actual momento que vive  el procés. No se equivoque, presidente. Ponsatí —como Torra, Puigdemont, Mas o Pujol— piensa que usted es tan imbécil como ellos.

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