migrante

Esto de pensar, produce miedo, cada vez que veo acuñar un término nuevo en la palestra de nuestra sociedad, no puedo por menos de sentir un poco de miedo… Esta vez nos ha tocado la palabra: migrante (en su plural) referido a los “refugiados” humanitariamente salvados del Acuarius.

En el Día Mundial del Refugiado, cerca de 39.000 solicitudes de asilo continúan pendientes de resolución. Amnistía Internacional y CEAR critican la rigidez, discriminación, lentitud y arbitrariedad de nuestro régimen de acogida, a pesar del gesto de solidaridad que tuvo este fin de semana el Gobierno de Pedro Sánchez

Aunque uno, a estas alturas tenga poco que perder, ya comienza a temer por los demás y por qué ve en riesgo valores fundamentales que siempre trató de defender. Ahora, en este tiempo que se intenta dar a los demás todo pensado, y que la gente se posiciona a tenor de unos principios basados en el bienestar por encima de las ideologías, es fácil dar argumentos para convencer de que lo contrario de bueno, es malo. Como un antónimo, sin mayor valor añadido ni reflexión argumental alguna. La democracia, en su agotamiento, ha olvidado las garantías individuales a base de triunfos partidistas o nacionalistas, a base de imponer miedos o mentiras. Razones comparativas, podrían resultar odiosas, aunque para nada, descabelladas.

Entre los siglos III y VI hubo una gran cantidad de migraciones y desplazamientos de población. Las causas no son bien conocidas pero parecen haber afectado a numerosas regiones templadas de  Eurasia, por lo que tras ellas pudo haber habido un empeoramiento del clima, en concreto un período frío. Es bien conocido que entre los años 535 y 536 d. C. se dio un periodo de frio extremo documentado tanto arqueológicamente, como por las crónicas de la época. Los registros de hielos árticos sugieren durante la época de las grandes migraciones hubo temperaturas relativamente frías, lo cual habría empujado a pueblos de las regiones más frías de Eurasia a migrar hacia el sur, empujando a su vez a otros pueblos que acabaron presionando sobre la fronteras de los imperios de la zona templada como el Imperio Romano, el Imperio Sásanida o el Imperio Gupta.

Aunque la historiografía tradicional ha usado el término “invasiones”, en gran parte fueron migraciones de pueblos seminómadas que buscaban lugares de asentamiento más favorables, en las que no existía un liderazgo militar claro o intenciones expansionistas.

La mitomanía y la conservación de las leyendas han dado más relevancia a la barbarie de los Hunos y su líder Atila (como es natural) que a las “invasiones pacíficas”.

Así mismo los mitos y las alegorías occidentales sobre democracia, son desde siempre pompas de jabón. No sé si alguna vez existieron o sólo en la cabeza de los intelectuales, porque en lo práctico y real los poderes oscuros y oscurantistas siguen siendo la tónica de la política europea. La democracia es el circo de los pueblos o los más pobres. Esos mitos de la cuna de la civilización occidental, son discursos demagógicos hermosos pero  irreales. La democracia europea está destruida, ya es historia, como le ocurrió al Imperio Romano. ¡Miedo me da! Una nueva invasión de los bárbaros.

Los nuevos ermitaños

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