más de lo mismo

Ante el panorama político que se divisa, no hay reflexión que pueda dar un poco de norte.

Del miedo al desencanto, no hay imagen más gráfica que de lo que se ha venido a llamar un “Gobierno Frankenstein”, que tal vez sea lo que nos espere.

Nada se puede gobernar honradamente, porque nada se puede prometer honradamente. No se puede explicar porque no sucedieron las cosas como uno predijo, ni se pueden atender todas las necesidades. La política no es una religión ni sus profesionales juran honestidad… Convencer con la democracia es disimular ese poder que dan los votos de los que esperan al menos ser convencidos que lo que se les ordena viene de manos de la tiranía que ellos han elegido.

Como dijo el viejo Borges: “La izquierda dice que todo el que no es de izquierdas es facha, que es lo mismo que decir que todo el que no es católico es mormón”.

En la derecha no existe la desorientación. Ni tampoco su opuesto. Simplemente hay unas tragaderas tremendas. No dimite nadie a pesar, por ejemplo, de las evidencias y la enorme magnitud de la financiación ilegal del PP. Y ni falta que hace, les votan igual (o les votaban).
Tampoco existen en la derecha muchas discrepancias ideológicas. Para ello debería de haber primero algo así como un sistema de valores éticos que inspirara diálogos y controversias, pero más allá de la búsqueda de poder, poltronas y dinero fácil, no es posible encontrar más que desierto. ¿Qué ha aportado la derecha española al pensamiento académico de las ciencias sociales en los últimos lustros? ¿Qué ha hecho el gobierno actual por mejorar la productividad de las empresas, o por la ciencia o por la cultura? Tal vez se ha dormido en los laureles. Pero es que la izquierda, si es que existe, no está para tirar cohetes, está totalmente dispersa y no se ponen de acuerdo ni para centrar a sus votantes. Aquí no hay quien se centre.

Para colmo en esta ensalada variada que hemos elegido como desorientados electores del caos político actual; aunque cien veces nos llamasen a votar, tendrían que contar nuestros queridos gobernantes con una pequeña (o no tan pequeña) ración de minorías, llámense nacionalistas, radicales o como se quiera… Es lo que tiene tanto divagar y tanta demagogia que al final la gente se cansa de tanto de lo mismo.

No se pueden censurar los pecados de los demás cuando nos son propios ni “ver siempre la paja en el ojo ajeno”.

A pesar de que Podemos y Ciudadanos pudieran parecer sangre nueva, no terminan de demostrar otra cosa, sino que son más de lo mismo. El panorama político sigue dividido en dos partes. De un lado, los dos partidos que desde hace más de tres décadas se han alternado en el poder y lo habían hecho suyo. Del otro, dos fuerzas que representan el enorme malestar que la crisis y la corrupción habían generado en muy amplios sectores de la sociedad, seguramente en la mayoría de la ciudadanía. En la izquierda, en la derecha, en el centro y en la ingente masa de los que no eran de nada.

Pero la aritmética parlamentaria de este país no permite gobernar holgadamente, si no es con pactos que no siempre son lo suficiente honrados como para satisfacer las necesidades de la ciudadanía si no los intereses particulares de las diferentes formaciones políticas.

Philip Roth

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