La eutanasia
Jeringuilla (Pixabay)

Al matadero

Cuando circulo con mi coche por una carretera y veo un transporte de ganado que se dirige hacia el matadero, siempre miro a los animales y pienso que no saben lo que les espera. A partir de ahora esa mirada podría ser recíproca, ellos me mirarán a mi pensando lo mismo.

Es evidente que los números en este supuesto estado de bienestar no salen. Cada vez nacen menos niños y cada vez la gente vive más tiempo después de su jubilación, cada vez hay más jubilados. Cada vez hay más gente percibiendo una paga sin producir y cada vez hay menos gente produciendo para pagar ese subsidio.

Y esto, que bajo mi punto de vista tendría una fácil solución, se ha convertido en un problema grave del que muchos sufriremos las consecuencias tarde o temprano. La lógica dice que si queremos que esta pirámide se invierta deberíamos fomentar más la natalidad, ayudando a las familias que decidan tener hijos. Pero no, lo que se fomenta es el aborto y no la natalidad. Vivimos tiempos extraños en los que la muerte se considera una victoria social y la vida algo completamente pasado de moda.

La solución de la clase política

Como a lo que no está dispuesta la clase política es a renunciar a nada suyo ya nos plantean una solución para abaratar costes, la eutanasia. Y como es muy difícil vender esta medida diciendo lo que es en realidad, una medida económica, se decide disfrazarla. Ya nos empiezan a hablar de muerte digna, de libertad para morir y de logro social.

La muerte ni es digna ni indigna y mucho menos libre. La muerte forma parte de la vida y siempre llega sin más, nadie decide el día de su muerte a no ser que la decisión de poner fin a una vida se propia, mediante el suicidio. Con la eutanasia no se alcanza la libertad del individuo, ni mucho menos. Se puede manipular, se puede mentir e incluso se puede dejar llegar al enfermo a límites insoportables en los que vea esta solución como su única salida.

La solución de los poderes políticos es la de siempre, manipular a la sociedad para que acabe autoconvenciéndose que esto es lo mejor para ellos e incluso para sus familiares directos. Así llegamos a decir sandeces como muerte digna, libertad para morir y logro social.

Los ahora convencidos

El problema llegará para los ahora convencidos cuando les toque a ellos de cerca. Cuando el enfermo sea un padre, una madre, un hijo o ellos mismos. Cuando llegue ese terrible instante de decidir matar a ese familiar o a ti mismo porque ya no se puede hacer nada por él. ¿Y si se puede hacer? ¿Cómo sabremos eso después de haber acabado con su vida?

La vida es lucha constante desde el momento en que se nace y también debe serlo para sobrevivir, para esquivar a la muerte. El problema es que se han perdido tantos principios en este mundo que hoy día todo se basa en la economía. El fin para casi todo es el económico.

Está claudicando mucha gente ante asuntos fundamentales, este es uno de ellos. Poner nuestras vidas en manos del estado, de un juez o de un médico es ya en lo único que nos faltaba por ceder. Corremos el riesgo de que se tomen decisiones terribles basadas en el engaño, en la mentira y en una cuenta de explotación.

Pero lo peor de todo es que esta aborregada sociedad no piense en ello y se deje convencer en todo lo que tiene que pensar. Incluso cuando afecta a la propia vida. Nos estamos subiendo poco a poco en ese camión que nos va a conducir al matadero y del que aún estamos a tiempo de escapar.

Pensemos. Problemas con las pensiones, con la seguridad social, con los nacimientos, con los años de vida de los ancianos y ahora nos hablan de eutanasia. Todo encaja.