Hoy os queremos hablar de una corrida de toros celebrada en Cádiz el 24 de abril de 1870. Una corrida muy accidentada en la que se lidiaron toros de doña Dolores Monje y los percances fueron los siguientes, contados así por las crónicas:
<<El primer toro, llamado Arqueño, dio al picador Manuel Gallardo un fuerte porrazo en la cabeza. Primera visita a la enfermería.

El picador Onofre Álvarez, al dar un puyazo al segundo, Cigarrero, cayó del caballo y sufrió un pisotón en la cara. Segunda visita a la sala de composturas. Este mismo toro dió a Gallardo (quien con la cabeza vendada había salido de nuevo a picar) una cornada de cinco pulgadas de profundidad en el muslo izquierdo. Tercera visita al taller de reparaciones.

Este propio segundo astado cogió al banderillero José Campos, al clavarle un par de banderillas, y le causó varias heridas en la cabeza, en el pecho y en un muslo. Cuarta visita al “garaje” de Esculapio.

Por Serranito atendía el toro tercero, el cual dio tan formidable caída al picador Pipi, que le impidió continuar su labor. Quinta visita al cuarto del hule. El mismo animal obsequió al picador Enrique Sánchez con un puntazo en la mano derecha. Sexta visita a la oficina del Galeno.

El cuarto astado, llamado Mirlo enganchó por la calzona al referido Onofre Álvarez y le arrastró largo trecho, no sin causarle varias contusiones. Séptima visita al recinto de Ascleplades.

Cuando salió el quinto, Grajito, era ya de noche, y el espada de turno, que no era otro que el gaditano José María Ponce, tardó media hora justa en darle muerte.

Y allí terminó la fiesta, que, en realidad, fue un verdadero calvario para los toreros, sobre todo para los picadores>>.

Así se desarrolló está corrida tan accidentada, en la que se visitó la enferemería en hasta siete ocasiones.

La caída de los toros: una preocupación histórica

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