Hoy queremos compartir con todos los lectores y amigos de El Diestro y Olé una anécdota que hemos titulado “el que tuvo retuvo” y que protagoniza el gran Rafael “El Gallo”.
Nos hemos de ir a la plaza de toros de Bilbao, a un festival en que participó este gran torero con una edad ya superior a los 60 años. Dice esta bonita historia:

<<Rafal, “el divino calvo”, el descubridor de la química de cada toro, el de las faenas cumbres y las tardes de escandaloso fracaso, dio en la Plaza de Bilbao esta asombrosa lección torera, hace poco, en plena ancianidad, sin facultades, con solo su conocimiento y sabiduría, que el torear no es fuerza y agilidad, Rafael pidió un par de las cortas. Y un silla.

Jacarandoso, con su traje de americana, su camisolín torero co chorreras y botonadura y su sombrero redondo gris perla “de durse”, se fue al centro del ruedo.

Allí se sentó, cruzó las piernas, desafió a la res, y cuando esta, impetuosa, parecía pulverizar al viejecito saleroso, el arte, la inspiración, “los conocimientos” de la química torera, surgieron radiantes en esta suerte admirable, perfecta, torera, que se recordará en la historia como un más difícil que aquel otro asombroso último par de Lagartijo en la suerte natural, clavado en Madrid, más joven el cordobés que el Rafael portentoso banderillero en silla>>.

Visto lo visto, está claro que el que tuvo retuvo y que el torero es torero toda la vida.

La suerte del puñal

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