La primera corrida nocturna se celebró un 31 de agosto de 1886 en la antigua plaza de toros de Atocha, en San Sebastián. El festejo se anunció como “Toros de noche” y se vendía así: “Se prepara una brillante corrida de toros por la noche, a cuyo efecto se están haciendo los preparativos necesarios para conseguir una claridad equivalente a la que produce el sol”. Y según cuentan las crónicas, los nueve reflectores de arco voltaico proyectaban su luz sobre la arena, destacándose las sombras de los toreros, caballos y reses bravas. El espectáculo duró hasta altas horas de la noche y los aficionados al salir pudieron oír el grito familiar de ¡Las doce y sereno! Por cierto que el empresario José Arana terminó en los calabozos municipales ante la denuncia de algunos espectadores que, siendo el espectáculo de noche, habían observado se ponían a la venta entradas de sol y sombra.
Buscando crónicas hemos localizado una publicada en la revista La Lidia, que dice así:

<<Se verificó la corrida nocturna, que fue superior para los murciélagos. Se corrieron primeramente dos infelices toros de la Morena, que estaban en el corral desde hacía un mes y habían aprendido a hablar en bascuence. Los pobres animales se vieron engalanados con luces de bengala y otros excesos pirotécnicos, cuya especialidad constituye la chifladura de Arana. (…)

Las corridas nocturnas son preciosas para los trajes de luces. Y no hay más que hablar. Los toros se asombran de todo y la lidia resulta una lidia muy triste, de entierro. La música debería tocar la marcha fúnebre de Chopín.

Una corrida de noche es lo micmo que una representación de Los Hugonotes en el Teatro Real, a las seis de la mañana y con luz natural. La cosa resulta fuera de lugar y no hay lucimiento para nadie.

Cada cosa en su tiempo, los nabos en adviento y las corridas de toros por la tarde, con sol y sin viento. Esta es mi opinón. Si yo tuviera autoridad con los ganaderos y con los toreros, les aconsejaría que no se prestasen  jamás a estos espectáculos.

Y me apresuro a consignar que lo mismo Caraancha y Mazzantini, que todas las cuadrillas, trabajaron con fe y hasta con entusiasmo, en ocasiones, para sacar de la fiesta todo el partido posible. Pero para hacer un pastel de liebre, lo primero que se necesita es la liebre, y en los toros, la liebre es el sol, sin el cual no hay corrida posible>>.

Cuando la Guardia Civil acabó la faena…

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