Reproducimos un interesante artículo firmado por EMECE y publicado en el  semanario taurino El Ruedo en el que habla de los seguidores de los toreros. Un artículo que decía así:
<<De siempre, los toreros famosos han llevado en sus andanzas por los ruedos una corte de amigos y admiradores que aspiraban a no perder la comba de alguna faena desdichada o extraordinaria que no presenciaran sus compañeros de la tertulia en el colmado o en el café. El afán de ser uno de los pocos animado por la presunción de “para que no me lo cuenten”.

Hoy en el lenguaje moderno y deportivo, a esos admiradores y a esos amigos habrá que llamarles “seguidores”, porque para las relaciones cordiales en que actualmente viven toreros y deportistas, todavía habrá que resistirse a trasladar a lo taurino el vocablo “hincha”. Nada bonito, por cierto.

El caso es que, denominados de cualquiera de esas formas, jamás habíamos presenciado una concentración de ellos semejante a la registrada el domingo anterior en la Plaza de toros de las Ventas, en la que toreaban por primera vez dos novilleros ya populares, nacidos en Albacete: Montero y “Pedrés”.

El espectáculo de su presencia, visible aun entre la gran masa que tiene asiento y cabida en nuestra Plaza Monumental revistió un  interés teñido de una suave emoción. Todo un pueblo, casi nos atreveríamos a decir que toda una región, desplazándose a la capital de España para dar calor y aliento a los primeros pasos importantes de unos muchachos de origen modesto, surgidos y formados en el ambiente recogido y entrañable de la provincia.

¿Cómo no percibir toda esa poesía de una adhesión que así se manifestaba, en el deseo de ver afirmadas, en un clima distinto y hecho a la crítica, las esperanzas concebidas lejos de la gran ciudad, que eleva o que anula definitivamente?

Por fortuna para los seguidores de los diestros albaceteños, el ambiente de recelo se disipó pronto, ya que la lidia alcanzó tonos de intensidad, y la expectación no quedó defraudada. Y entonces se produjo otro hecho, después de todo, frecuente: que el público de Madrid el “gran público” se identificó con el pequeño núcleo lejano que llegaba hasta Madrid con su carga de ilusiones, y se fundió con él en un mismo aplauso y en un mismo afán de que los toreros, y lo que los seguidores de estos toreros de Albacete representaba, triunfaran plenamente.

Como en tantas ocasiones en una Plaza de toros, se enlazaban sentimientos y anhelos de distintas regiones, unidas en un mismo aire de compenetración entre hombres y tierras de España>>.

Y ustedes, queridos lectores de El Diestro y ¡Olé!, ¿siguen (o han seguido) a algún torero por las plazas de nuestra piel de toro?

Las inútiles banderillas negras

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