Firma el gran Antonio Díaz-Cabañate un artículo en El Ruedo titulado escenas en el desolladero, en el que habla de las tertulias que se formaban en esa dependencia de Las Ventas tras finalizar los festejos. Algo que, sinceramente, no sé si sigue ocurriendo hoy día. Este artículo dice así:
<<Terminada la corrida, en el desolladero de la Plaza de Madrid se reúnen varios corrillos de aficionados y ganaderos. El lugar no es muy ameno. Tampoco huele a rosas. Y, sin embargo, aquel patizuelo irregular tiene su encanto. No es el desolladero que vió el genial pintor Solana, terriblemente sangrante. Allí todo es pulcro e incluso atildado. Como ahora empiezan las corridas tan tarde, a esas tertulias formadas para conocer el peso de los toros y comentar en caliente el resultado de la Fiesta las envuelve los cendales del crepúsculo, maravillosa luz que desparrama grata melancolía.

Muchas caras conocidas se encuentran uno en el desolladero, buen rinconcito del planeta de los toros. Hace unas tardes se lidiaron miuras. Una corrida gorda, en la que no faltó un olorado y un cárdeno. En torno al peso de este último se debate en un corrillo, que nutren Sebastián Miranda, Antonio Pérez Tabernero, Antonio Bellón y varios aficionados más. El peso en bruto del cárdeno fue de 535 Kilos.

-Yo lo que quiero saber -demanda el ilustre escultor Sebastán Miranda- es lo que ha dado en canal, para ganarle la apuesta de una comida a Domingo Ortega, qque ha dicho en el palco que todo lo más pesaba 340.

-Pues muy sencillo -contesta Antonio Pérez Tabernero- quítale el 65 por 100.

-¿Y cómo?

-Multiplicando 65 por 535 -informa Antonio Bellón.

-A ver, uno que multiplique.

Silencio en la reunión. Nadie se atreve a realizar la operación aritmética. Al fin Bellón se decide y después de un buen rato dice:

-Trescientos cuarenta y siete  kilos.

-¡He ganado! ¡He ganado! -grita jubiloso Sebastián MIranda.

-Yo creo que hay que quitar el 67 -opina alguien.

Y se enzarza en una discusión acerca de este punto, sin que nadie se ponga de acuerdo. Ya hemos hablado de este zipizape tan apasionante de los pesos. Un lío con eso de la canal y en bruto. Lo  natural hubiera sido recurrir al informe de un matarife, qeu bien cerca se encontraban; pero a nadie se le ocurre, porque lo que querían todos era discutir.

-Tú, ¿cómo le ganas la comida a Domingo Ortega? -pregunta Antonio Pérez Tabernero a Miranda.

-Pues en cuanto pese más de 340.

-Ganada. Ha pesado 347.

-No, señor, ha pesado 331.

-No, señor, ha pesado 321, porque hay que quitar el 60 por 100.

-Buen toro el cárdeno, ¡qué bien ha llegado a la muleta! -desvía uno.

Y se abandonan los pesos para opinar sobre la bravura de los miuras. Sebastián Miranda pretende inútilmente conseguir el peso exacto del cárdeno, preocupado con su apuesta.

-Yo quiero saber la verdad, quiero ganarle a ley.

-A ley le has ganado, Sebastián -le anima Antonio Pérez Tabernero- te digo que pesó 347. ¿Dónde va a ser la comida?, para ir a hacer gasto a Domingo.

-No, no -insiste Miranda-. ¡A ver, vamos a ver a un matarife!

Pero los matarifes no saben nada. Aun no han pesado los cuartos desollados. Miranda se desespera. Y pregunta a todo el que se encuentra en el patizuelo. Nadie sabe nada.

-Pero bueno -se queja el insigne escultor-, ¿tan difícil es saber lo que ha pesado el dichoso cárdeno?

Casi es de noche. El patizuelo está ya desierto. Lo matarifes continúan su labor. La reunión se disuelve sin llevarse el peso del miureño. Al día siguiente lo pudimos leer en la prensa: 334 kilos. Sebastián Miranda había perdido>>.

Cuando el lagartijista se llevó los golpes…

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