fascistas

La estrategia de los fascistas es oler a demócratas para ahuyentar la libertad e imponer su dictadura. Cuando los fanáticos subidos irremediablemente al carro del fanatismo intentan insultar con la palabra fascista a quien los cala y no comulga con sus dogmas políticos, desconocen que todo lo que su rencor, su prejuicio, su atraso tribal y sectarismo escupe con la bilis del odio no hacen más que definir a los verdaderos fascistas: los fascistas impenitentes son ellos.

El objetivo de su ira ciega se dirige al enemigo inventado. El fascismo necesita de enemigos inexistentes perversamente imaginados por sus líderes. Sin la existencia de ese engaño resulta imposible mantener encendida la llama del del nacionalismo. El nacionalismo se nutre de mitos, historias y enemigos inventados. Si existe algo que el nacionalismo desconoce es la Historia.

Al contrario que el patriotismo, cuya existencia se justifica por el amor a la patria el nacionalismo necesita de un odio visceral para justificar la suya. Nada une más a una comunidad que la manipulación obtenida por ese peligro inventado causado por un enemigo también inventado: es una jugada maestra. De otra forma, una sociedad culta como la Alemania del primer tercio del siglo pasado, a la cabeza mundial en tecnología y con las mejores universidades no hubiese caído jamás en las garras de un personaje como Hitler. Igualmente, aquella Cataluña que fue jamás hubiese sucumbido a las garras del nacionalismo sin una manipulación de la población magistralmente llevada a cabo. Cierto que han contado con la traición y estupidez de gobiernos centrales, pero ahí está.

En la Alemania nazi el pueblo odiado fue el judío y en la España del siglo XXI los españoles. Se trata de una triste y vieja canción que se repite cuando los hombres no aprenden de la historia y se aceptan las tergiversaciones sobre la realidad que encajan con el perverso ideario del nazismo. Ese ideario tiene un punto de apoyo muy simplón que se basa en la supremacía. Da igual que se sientan superiores por cuestiones de raza, cultura, inteligencia o lo que sea. Pero el caso es que se sienten superiores. Anclados en la mentira los ideólogos nacionalistas también deben agarrarse como lapas al victimismo para justificar su inmensa mediocridad. Son llorones profesionales sobre afrentas que jamás existieron o desgracias que se deben a decisiones históricas equivocadas que ellos mismos o sus antepasados tomaron. Sus acólitos nunca aprenden.

¿Cómo puede ser que pueblos cuyo alto grado de civilización los colocó a la cabeza mundial acaben cayendo en la trampa del nacionalismo? En primer lugar resulta muy fácil contar con la incultura de ciertas zonas rurales donde siempre será bien recibido el mensaje de su superioridad y de que sus fracaso son ocasionados por todo aquello que les viene de fuera. No es de extrañar que en las antiguas plazas carlistas de Cataluña sea donde haya prendido virulentamente la llama del nacionalismo. Así las juventudes fascistas atacaron el verano pasado a autobuses turísticos en Barcelona por el rechazo que sienten hacia lo foráneo, se han rechazado la construcción de autopistas o cualquier forma que aportase progreso a la zona. Hay que mantener todo estático y si se puede viajar a una sociedad medieval para recuperar privilegios, mejor. El inmovilismo afecta a viejos privilegios perdidos que esos enemigos inventados les arrebataron en algún momento histórico. Por ello se inventan la historia, el mito y lo que haga falta.

El nacionalismo, en cierta forma, bebe de las mismas fuentes que las religiones: se nutre de los sentimientos más profundos y atávicos del ser humano. Por ello tiene la capacidad de resurgir de sus cenizas como ave Fénix. Por ejemplo, la religión ortodoxa resurgió como si no hubiese pasado nada después de haber sido borrada del mapa por los soviets. Tras las purgas stalinistas y los temidos gulags soviéticos, ni los asesinatos en masa ni las más implacables persecuciones y adoctrinamientos políticos contra la religión ortodoxa pudieron nada contra su resurgimiento tan pronto como se derrumbo el muro de Berlín.



De la misma forma el fascismo, tras haber sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial, ha resurgido en Cataluña y Vascongadas usando la misma fuerza atávica de la unión de un pueblo ante el peligro inminente y afrentas ocasionadas por maquetos o españoles.

Esto es una lucha entre oligarquías

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2 Comentarios

  1. jajajaja un nacionalista escribiendo pestes sobre el nacionalismo?¿?¿? ,, estas hecho un buen lio Monti Burns jajajaja da igual como lo pongais y los articulos que publiqueis , los dedos os echan fuego a los hiperventilados nacionalistas patriotas españoles jajajajajajajaja nazis homofobos xenofobos son normalmente los patriotas españoles todos lo sabemos,, apra quien prediucas para los borregos?¿ ahora lso nacionalistas españoles unionistas mayormente fascistas tienen como moda entre ellos publicar articulos y llamar a los de mas nazis, naciolistas .. cualquier dia los fachas nos llamaran fachas a los indepes,, en fin dedos de fuego sigue sigue predicando

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