encuestas

Escribía no hace mucho sobre la “curiosa circunstancia” de la proliferación durante el último año y medio, especialmente en los tres o cuatro últimos meses, de esas encuestas forzadas y cocinadas con un denominador común hasta hace unos días: el fin del bipartidismo y la subida al “cielo político” de ese muchacho regenerador y buen charlista que nos llevaría a todos al Olimpo europeo o mundial de su mano -con menos lectura en su haber que la colección del Pulgarcito de mi época-.

Pues bien, se ha producido un cambio radical de ciento ochenta grados –360º hubiera dicho el ya nuevo presidente “consorte” (la verdadera “presidenta” es Begoña Gómez)– a raíz del pacífico  “golpe” dado por el populismo congregado cual frente popular en el Congreso de los Diputados, hoy triste “Hemicirco de los disputados”, que no otra cosa es ese grupo de veintidós partiditos que, agrupados en nueve siglas, han apoyado la expulsión del Gobierno, del partido que, por segunda vez tras un ciclo socialista, estaba sacando a España de su mayor crisis económica de la historia moderna, si bien es cierto que quedaban pendientes de resolver otras varias crisis –legal, social, educacional y moral–  necesitadas de muchas reformas de calado, que no eran, precisamente, del menor interés de los partícipes en el desalojo para “okupar” por la vía rápida el banco azul y el Palacio de la Moncloa que hay que reformar en lo referente a la vivienda presidencial que se está encargando de remodelar –con dinero público, que no es de nadie como dejó claro la vicepresidenta Calvo en su anterior etapa ministerial con el asesor de Maduro— la nueva “primera” (en realidad segunda) dama del protocolo español, del que tanto sabrá el presidente del PP andaluz, “experto” en este campo.

Así pues, en poco más de horas veinticuatro desde la aprobación multitudinaria de la moción de censura y el comienzo del goteo ministerial, las encuestas se dan la vuelta y el partido naranja, que iba a barrer en unas hipotéticas elecciones adelantadas, seguido del otro regenerador, cuyo morado y oclocrático líder se compra una Villa Tinaja cualquiera en una zona de alto standing de las cercanías de Madrid, y dejando tercero y cuarto al bipartidismo clásico, pasan de nuevo a la cola desde los dos primeros puestos que les daban los medios “independientes”, pero esta vez, cómo no, es el PSOE —Partido Siempre Opuesto a España– el que lidera los resultados de las últimas tomas de opinión al sufrido pueblo español que, merced a la degeneración educativa de las últimas décadas, “compra”, en buena parte, lo que se le mete por los ojos desde esas cadenas “lava cerebros” y lleva casi a los altares a este gobierno de show preelectoral que se ha formado en un tiempo récord –sería increíble si fuera cierto–, que atufa a que todo estaba orquestado para ponerlo en marcha tras la filtración interesada de una frase de la sentencia sobre el caso Gürtel de la Audiencia Nacional, que se iba a hacer pública un día después –¿nos acordamos del 11 M?–; la aparición de PabLenin, el día después, demandando la necesidad de la urgente interposición de la citada moción; la aceptación inmediata del órdago por parte del ambicioso Sánchez –con el patrocinio de no sabemos quién– que le ha salido rana, de momento, al “desinteresado consejero” –cuya factura veremos más pronto que tarde, supongo, junto a la de algún otro “socio” que pueda intuirse–.

Hace unos días, hacía una comparación de este laberinto político con el conocido “Juego de la Oca”, en el que hay una casilla, el laberinto, que al caer en ella hace perder un par de turnos o retroceder hasta la casilla nº 30 –según costumbres– y decía que esperaba que el “laberinto” del contubernio organizado en el Congreso para echar –literalmente—a Mariano Rajoy del Gobierno, consumado el pasado día 1, no acabara como cuando la manipulación de las elecciones de Febrero de 1936 que dio lugar a la formación del gobierno del frente popular, presidido por Azaña, cuya primera decisión fue conceder a los pocos días la amnistía y liberar a Companys y demás encarcelados por el intento de golpe de Estado de Octubre de 1934, que no llegó a diez horas de duración –el más corto de la  Historia de España– y más, con la nueva Batet –nada que ver, precisamente, con aquel General Batet que lo apagó entonces– que el crecido nuevo presidente puso como responsable de Administraciones Públicas y se estrenó hablando de reformar la Constitución para facilitar el régimen federal, viendo como positivo el acercamiento de los políticos presos y poniendo como prioridad el encuentro entre su jefe y el supremacista Torra, ocupante ahora del Palacio de la Generalidad, en cuya fachada destaca una pancarta reclamando justamente esa “libertad” de los golpistas.

Menos mal que la situación española, aunque complicada y preocupante, no es la de aquel nefasto año ni España está aislada como entonces –pese a que no tengo muy claro que la Unión Europea sirva para algo, pero tal vez sí para que no se repita esa parte negra de nuestro pasado reciente–, ni este gobierno, al que empiezan a crecerle los enanos de la corrupción y otras irregularidades, va a tener tiempo, espero, de consumar la felonía para la que no tengo dudas de que Sánchez no tendría reparo alguno con tal de alargar su estancia unos meses más y, con ayuda de esa misma prensa que ahora lo pondera más allá de lo que sería lógico, tratar de ganar unas elecciones que le alargaran su estancia en la Moncloa desu querida esposa –subempleadora de personal de saldo a tiempo parcial-.

En definitiva, mientras sigue el “rosario” de nombramientos de segundos niveles, el que no ya no se come el turrón, sino que ni siquiera llega a las vacaciones de verano y más bien parece que le haya mirado un tuerto –ese que se dice que “en el país de los ciegos es rey”, algo que en la actual política española se pone de manifiesto con demasiada frecuencia–, es el anacrónico ministro de Cultura, que no ha llegado a calentar el banco azul ni el sillón de su despacho y que chocó bastante al conocerse su nombramiento ya que había constancia de que no le gustaban, ni entendía según sus propias manifestaciones, dos de las principales áreas de su competencia en el inútilmente vuelto a crear departamento, el deporte y los toros –sobre los libros tampoco hay constancia de que fuera un prodigio–. Se le ha sacado a relucir, al parecer, un antiguo asuntillo con la Hacienda pública –esa que “somos todos”, que dijera el difunto Fernández Ordóñez en 1978, desde el Ministerio de Hacienda del Gobierno de Suárez, cuando todavía no se había vuelto socialista– y se va llamando “jauría” a los que critican su, cuando menos, dudoso proceder, demostrando su talante. Sólo le ha dado tiempo a ver que desde su visita a la selección española de fútbol, para desearle “suerte” en el próximo mundial de Rusia, ésta se ha quedado sin entrenador, es decir, todo un gafe que mejor que se haya ido antes de que pudiera pasar algo más serio, porque no ha sido un buen presagio en tan poco tiempo, y cuando las cosas empiezan así, mejor evitar lo que pueda venir. Por cierto, una marcha la del seleccionador nacional, Julen Lopetegui, debida a su sorprendente fichaje relámpago por el Real Madrid –más rápido aún que la moción de censura– que ha servido para poner de manifiesto lo único que ha ido parejo con la degeneración educativa, social y política de las casi cuatro últimas décadas en nuestra querida España, el creciente antimadridismo de medios y personajes catalanes y catalanistas de Madrid –con un tal Relaño a la cabeza–, a los que les surge el “fervor patriótico” cuando de criticar al Real Madrid se trata y salen en tromba a acusar al club merengue de “causar un daño irreparable a la selección y al fútbol español” o que “el Madrid fabrica antimadridismo”, sobre todo a los fanáticos seguidores azulgranas, como si con esa pléyade de pseudoperiodistas y demás “patriota de hojalata” hiciera falta nadie más para ello o que el Madrid ha hecho daño a mucha gente en el país” . Se olvidan de aquella campaña político deportiva contra el centralismo, no sólo deportivo, que empezara José Luis Núñez, el “catalán” charnego de Baracaldo que llegara a Barcelona para comerse la constructora de su suegro, casi coetáneo con la Constitución Española como presidente del Farça F.C. y condenado por soborno, como por otras cosas lo han sido casi todos sus colegas desde entonces, en un claro ejemplo de honradez de esa organización que se dice “más que un club”. Dejo a la imaginación del lector la posibilidad de anteponer determinado prefijo a este término.

En fin, que como “la música va por barrios”, veremos qué nos depara lo que el recién llegado partido de los cien años de honradez tiene sobre su cabeza en forma de sentencias pendientes, ERE de Andalucía, Financiación del partido en Valencia o los cuatro miembros imputados por el caso Marina Besós de socio catalán PSC de la Sra. Batet, por citar sólo algunos entre varias decenas que le pueden afectar.

España merece un presidente que “no” mienta

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Antonio de la Torre
Licenciado en Ciencias Geológicas. Miembro del Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU San Pablo. Modesto tertuliano y articulista de opinión. Se puede decir todo desde el respeto a los demás.

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