Corazón de Jesús

En nuestro municipio de Córdoba tenemos un impresionante monumento del Sagrado Corazón de Jesús en Las Ermitas, que preside todo el valle y campiña del Guadalquivr cordobesa. Gozo de contemplación desde el Sillón del Obispo.

Córdoba en 2019, festividad de San Rafael, celebrará centenario de su consagración al Sagrado Corazón de Jesús en Las Ermitas y en diciembre del mismo año será el centenario de la consagración de España por el rey Alfonso XIII al Corazón de Jesús, en el Cerro Los Ángeles.

Las Ermitas, antes llamado Cerro de Cárcel. fue cedido su territorio por los propietarios a los 13 eremitas de la orden carmelitas descalzos en el siglo XVIII , y que ha perdurado hasta 1957.
La devoción al Corazón de Jesús viene de la Edad Media, la fuente más importante de devoción viene de la Santa Margarita María Alacoque  de la visión que tuvo de Jesús en 1673, hija de la Orden de la Visitación de María, llamadas Las Salesas. Que en nuestra ciudad tienen un monasterio. Los jesuitas extendieron su devoción en España e Hispanoamérica.
Nuestro gran monumento escultórico, obra de Collaut, sobrino del literato egabrense Valera, preside la ciudad desde la ladera de Sierra Morena, y fue alzado en un monumental pedestal, al que se accede por la Cuesta del reventón, desde Cañizo del Bazán.
Nuestro Sagrado Corazón de Jesús, cordobés, se haya iluminado con luces Led de colores durante todas noches que hace que desde infinidad de puntos del municipio sea contemplado por todos y sus visitantes, para que quienes quieran dirigir su corazón y pensamiento católico con la jaculatoria de Alacoque: “Corazón de Jesús, en vos confío”,  en cualquier día del año y de nuestra vida, pero con más intensidad en el mes de junio dedicado a Él, mes que la Iglesia tiene dedicado a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Córdoba al poeta cordobés Fernández Grilo le dedica en las Ermitas un busto y letras: Hay de mí alegre Sierra, sobre las lomas, unas casitas blancas, cómo palomas. Alta esta la cumbre, la Cruz muy alta, para llegar al cielo, ¡cuan poco falta!

Sin Biblia ni Cruz