De Malopez 21 - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=55512959

He leído con muchísima atención las palabras que le dedica Sobrevive al tal Guillermo  Toledo, conocido por Willy, no sabía que su nombre era Guillermo, yo no le voy a nombrar Willy, ya que podría tratarse del nombre de un perro, como el que tiene un pariente mío en su huerta. Además no deseo  herir a estos Canis Lupus familiaris, que bastante tienen que ya les ponen a las personas nombres de mascotas. En este caso el de un perro, como el  que tenía mi  consanguíneo  hortelano.

Como muy bien dice  en El DiestroSobrevive: “Cualquier psiquiatra haría una tesis doctoral con ese cerebro que le llevaría siglos y que no acabaría nunca por lo enrevesado y la gravedad de la tara que padece”. De paso yo le  agregaría  que le revisen las neuronas, por si tiene arreglo: posiblemente las dendritas no tiene capacidad para hacer la función eléctrica. No voy a seguir, ni es de mi incumbencia el  malestar corporal que tiene esta propaganda del género humano  llamado Guillermo.  Para los amigos Willy.

Este personaje ha dicho, y vuelvo  remedar sus palabras  de muerte, diciendo que: “Lo que yo espero es que toreros, banderilleros, picadores, rejoneadores, apoderados, gerentes, empresarios, políticos, aficionados y público en general de esta infamia, os muráis” Casi na, ha dicho el probe  de Guillermo. Le desea la muerte a casi todo “bicho viviente”, lo digo de forma coloquial lo de bicho. Al contrario,  yo no le deseo, incluso a usted, la muerte.

El tal Guillermo se ha dejado a muchas personas en el tintero que hay en las plazas de toros, por decir algo nombraré al tío del porrón de agua fresca, al vendedor de helados y como no, también a los taquilleros que cuando tienen tiempo y queda poco público  se va a ver  la corrida.

Se ha dejado también en el olvido  a la señora de los retretes y al tío de la manguera, a los músicos. Y si quisiera  tendríamos  a más personal que van a los toros y algunos para sacar un sobresueldo para poder alimentar a sus familias: ya ve Guillermo  posiblemente sean  muchos de estos que usted nombra y que yo le asisto de izquierdas, pero  no como usted que está metido en un sumidero. ¡Qué lástima! Que la locura tenga poco remedios para todos los  sufrimientos.

Pues mire, a mí me encantan los toros, me encanta el paseíllo  cuando en su delantera van los alguacilillos con sus gorros de penachos de colores, y la música tocando pasodobles e incluso a la señora de los chochos—se le ha olvidado también  de darle muerte a los compositores de la música—pues mire, yo también me moriré cuando me llegue el día, pero no será usted  el que logre mi muerte, será mi Dios cuando lo quiera y lo desee.

Recuerdo a mi padre que me decía viendo las corridas de toros: “Del toro manso me libre Dios, que del bravo me libro yo”

Willy Toledo desea que todos los taurinos “se mueran a la mayor brevedad posible”