Todas las víctimas de ETA: Luis Carrero Blanco, Presidente del Gobierno, Juan A. Bueno Fernández, subinspector de policía y José Luis Pérez Mogena, chófer
De izquierda a derecha, Luis Carrero Blanco, Juan Antonio Bueno Fernández y José Luis Pérez Mogena

Las tres víctimas: Luis Carrero Blanco, Presidente del Gobierno, Juan Antonio Bueno Fernández, escolta y José Luis Perez Mogena, su chofer.

Luis Carrero Blanco

Luis Carrero Blanco era natural de Santoña (Cantabria) y tenía 69 años cuando fue asesinado. Estaba casado con Carmen Pichot y tenía cinco hijos, tres de ellos marinos, como su padre. Se formó en la Escuela Naval de la Armada, en la que entró con sólo 14 años (al parecer su padre modificó la partida de nacimiento para que pudiera entrar antes en la Escuela Naval, y figura como fecha oficial de nacimiento 4 de marzo de 1903), estudiando primero en Madrid y después en París.

El 6 de junio de 1973, seis meses antes de su asesinato, fue nombrado presidente del Gobierno, lo que implicó un refuerzo de las medidas de seguridad sobre él. Este fue el motivo por el que se descartó el plan inicial (secuestrarlo) y se optó por el asesinato, mucho más factible. Pero, y este es otro motivo que hace pensar en que los que idearon el atentado querían algo espectacular, no optaron por un atentado discreto, mucho más fácil de ejecutar (podrían haber asesinado a Carrero de un simple disparo, pues lo tuvieron a tiro muchas veces en la propia iglesia a la que acudía todos los días), sino por una acción mucho más complicada de ejecutar, pero mucho más espectacular, para conseguir así uno de los objetivos que pretendía el atentado: la propaganda.

Juan Antonio Bueno Fernánez

Juan Antonio Bueno Fernández, inspector del Cuerpo General de Policía, en el que entró por oposición en 1944, formaba parte del dispositivo de escolta del almirante Carrero Blanco desde 1957. Antes estuvo destinado en Soria, Zaragoza y Barcelona. Era natural de Maranchón (Guadalajara) y tenía 52 años cuando fue asesinado. Juan Antonio estaba casado y tenía un hijo de 15 años.

José Luis Pérez Mogena

José Luis Pérez Mogena, chófer del presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, era natural de Madrid. Tenía 33 años, estaba casado y el matrimonio tenía un hijo de 7 años y una niña de 4. Ingresó en 1966 como conductor del Parque Móvil de Ministerios y los tres últimos años estuvo destinado en Presidencia del Gobierno. Cuando se produjo el atentado, la madre de José Luis estaba en la ciudad sanitaria Francisco Franco visitando a una amiga. Allí oyó la noticia del atentado, por lo que llamó a su nuera que le notificó que su hijo había sido trasladado al mismo hospital en el que ella estaba. José Luis falleció a las 13:00 horas.

El atentado

Carrero Blanco había salido de su domicilio en la calle Hermanos Bécquer para oír misa en la Iglesia de San Francisco de Borja. Era su rutina desde hacía treinta años. En el exterior, tres policías, de los ocho que formaban su escolta personal, le esperaban desde hacía algunos minutos. Sus nombres eran Juan Antonio Bueno Fernández, Rafael Galiano del Río y Miguel Alfonso de la Fuente. Juan Antonio Bueno y el chófer Luis Pérez Mogena, entraron en el coche oficial, un Dodge Dart.

Los otros dos policías se subieron a un coche de escolta en compañía de un tercero, Juan Franco. Tras finalizar la misa, hacia las nueve y veinte, salió de la iglesia, junto a su escolta, para ir a desayunar con su mujer. A las diez de la mañana, tenía una cita en su despacho de Castellana 3, con el ministro de Obras Públicas, Gonzalo Fernández, y con el ministro de Trabajo, Licinio de la Fuente.

El Dodge Dart se dirigió por la calle Juan Bravo y giró hacia Claudio Coello. Cuando se encontraba a la altura del número 104 de esta calle se produjo la detonación de una gran carga explosiva. Miembros de la banda ETA habían excavado un túnel desde un semisótano del número 104 de la calle Claudio Coello y habían extendido un cable a través de la ventanilla del bajo.

Cuando el vehículo blindado del presidente llegó a una señal roja pintada en la pared (que marcaba el punto exacto en el que estaba colocado el explosivo), uno de los terroristas (Argala, según unos, Kiskur, según otras versiones) accionó el mando y la explosión alcanzó de lleno el objetivo. El coche se elevó treinta y cinco metros y fue a caer al patio interior de la residencia de los jesuitas de la Iglesia de San Francisco de Borja.

Estado en el que quedó el coche oficial del almirante Carrero Blanco

El coche de escolta, que viajaba a unos metros del Dodge Dart, perdió de vista el vehículo del presidente. Cuando el polvo y el humo provocado por la explosión empezaron a disiparse, contemplaron estupefactos un enorme cráter en la calle, pero ni rastro del coche de Carrero. Incluso uno de los agentes del coche de escolta fue corriendo al domicilio del almirante con la esperanza de que allí estuviese aparcado. Otro de los agentes miró hacia arriba y vio la cornisa rota del colegio de los Jesuitas.

Los etarras habían colocado otro vehículo cargado de explosivos y aparcado en la calle en doble fila, para incrementar los efectos del atentado, aunque no llegó a estallar. Además de las tres víctimas mortales, en el atentado resultaron heridas numerosas personas, entre ellas los tres policías del coche de escolta, un taxista, la portera del inmueble del número 104 de la calle de Claudio Coello y su hija de corta edad.

Boquete provocado por el atentado

En este caso ETA sí reconoce la autoría del atentado

ETA acababa de dar el golpe que la lanzaría al estrellato, no sólo internamente sino de cara al exterior. La prensa internacional siempre ha presentado y presenta este crimen como “ejemplo de lucha antifranquista”. El asesinato de Carrero, su escolta y su chófer es un hito para ETA y el atentado que más réditos propagandísticos proporcionó a la banda asesina.

El etarra José Migueñ Beñarán (Argala)

Hasta 1973, la banda había asesinado a ocho personas, aunque en realidad sólo habían reivindicado cuatro de esos asesinatos, de los que sólo uno (el de Melitón Manzanas en 1968) fue un atentado planeado por ETA. Los otros tres (el del guardia civil José Pardines Arcay, también en 1968, el del taxista Fermín Monasterio, en 1969, y el del policía municipal Eloy García Cambra en 1972) puede decirse que se debieron a circunstancias imprevistas en las que se vio envuelta la propia banda en el marco de su actividad criminal.

En cuanto a los otros cuatro asesinatos cometidos con anterioridad al de Carrero Blanco, están la niña Begoña Urroz (1960) y los tres jóvenes gallegos secuestrados y torturados hasta la muerte en 1973, el mismo año del asesinato de Carrero. Ninguno de los cuatro ha sido asumido, a día de hoy, por la banda terrorista, que nunca ha reconocido la autoría de aquellos crímenes que podían tener un coste social y suponer un desprestigio en su aureola de gudaris luchadores por la libertad y la democracia

En el atentado de Carrero Blanco no solo participó ETA

Fernando Herrero Tejedor, fiscal del Tribunal Supremo y posteriormente ministro secretario general del Movimiento, envió a Franco un informe secreto sobre el magnicidio del que nunca más se supo. Sin embargo, el 17 de septiembre de 1974, el diario ABC se hacía eco de una frase pronunciada por Herrero Tejedor en el discurso de apertura del año judicial: “No sólo ETA es responsable de la muerte de Carrero”.

Fernando Herrero Tejedor,

Al tiempo que confirmaba la participación de la banda en el magnicidio, dejó caer que “no se descarta la participación de organizaciones distintas a ETA en el asesinato de Carrero Blanco“. La repentina, y para algunos misteriosa, muerte de Herrero Tejedor en accidente de tráfico en junio de 1975 sólo nos permite aventurar que el informe jurídico secreto que envió a Franco, al parecer muy extenso y detallado, debía ir en esa línea de no creerse la versión oficial que se estaba dando sobre el atentado.

Es realmente imposible señalar fehacientemente al inductor o inductores del atentado: servicios secretos de un país, de dos, el KGB, la CIA, la masonería, la extrema derecha, alguna de las familias del régimen, los comunistas… Sobre estos últimos, es indudable que los etarras tuvieron apoyo de la comunista Eva Forest, con un papel muy turbio y pieza clave de todo el engranaje no sólo del atentado contra Carrero sino también del que, nueve meses después, se cometería en la cafetería Rolando de Madrid.

Eva Forest con su marido y su hija

Como reconoce Lidia Falcón, una de las detenidas tras la masacre de la cafetería, percibió “indicios de un progresivo y desconcertante trato de favor” hacia Eva Forest por parte de la Policía. Y no sólo eso. Como cuenta Anna Grau, Forest “consiguió evitar no sólo la pena capital sino incluso el ir a juicio. Pasó tres años en la cárcel pero salió inmaculada (…).

Lidia Falcón

El misterio más profundo de todos quizá sea este: ¿cómo consigue Eva Forest salir tan bien librada, no ya del atentado de la calle Correo, sino del atentado contra Carrero?” (Anna Grau, De cómo la CIA eliminó a Carrero Blanco y nos metió en Irak, Destino, 2011, pág. 86)

Fuente

La repercusión de este atentado hoy en día

Resultan indignantes los comentarios que aún hoy en día se hacen de este atentado por parte de la extrema izquierda española. Y cómo, cada vez que se acerca un 20 de diciembre, los comunistas celebran un hecho tan terrible como este, incluso haciendo chistes del mismo.

Es bien sabido que la izquierda en general y el comunismo en particular, condena los asesinatos de las personas solo en función del D.N.I. de las víctimas y de los asesinos. Algo que ocurre siempre como con el atentado contra Carrero en el que, recordemos, fueron muchas más las víctimas. Murieron también su escolta y su chófer, además de los múltiples heridos que ocasionó.

Cada vez es más evidente el hecho de que, no solo participó ETA en ese atentado, se sospecha de infinidad de participantes y de ayudas a los terroristas etarras, incluida la propia CIA.

Tuit de Alberto Garzón contra Carrero Blanco

D.E.P Luis Carrero Blanco, Juan Antonio Bueno Fernández y José Luis Pérez Mogena