Balcones luciendo la bandera española

Señora doña Ana Balbuena: perdone que le remede el nombre que hace en su escrito en ABC del día 5 de este mes de mayo florido el articulista Rafael A. Aguilar, con la  introducción  “Los balcones por bandera”.  Mi bandera de España también se queda en donde  está. Del mismo modo yo la tengo en uno de mis balcones, no desde ahora, sino desde hace mucho tiempo. ¿Qué por qué lo digo? Nosotros, los españoles, debemos de congratularnos de expresar nuestros sentimientos patrios, ya sé que habrá personas que digan que también son españoles de corazón y de sentimiento nacional español. Lo creo y lo afirmo porqué lo he oído. Mis afectos  sentimentales y personales me abrigan a otros amores  que  van más lejos de la exhibición de mi bandera en uno de mis balcones y crea que la admiro por su ánimo, valentía inquebrantable al símbolo de España, definido en esa bandera de color rojo y gualda como lo define nuestra Constitución.

Cualquier ciudadano de otras naciones se siente identificado con su bandera, basta ver en los estadios de fútbol—por poner un ejemplo—banderas de otras naciones por  compatriotas de esos estados. Ya ve, ahora tenemos la desgracia de que nuestra bandera es recriminada supuestamente hasta en las macetas con flores rojas y amarillas. Si yo tuviera una casa como la que usted describe la tendría toda de esos colores,  con flores amarillas y rojas. Y para no “molestar” pintaría las macetas, tiestos  y parterres de color blanco, el color verde  lo dan las hojas caprichosas de esas coquetas y coloridas flores. Así resultarían más plausibles para nuestros paisanos del resto de España y Andalucía.

Sí, los españoles tenemos a nuestra bandera animadversión y antipatía, sí, querido lector,  me refiero a usted maestro de escuela, a los albañiles y médicos. Grafiteros, veterinarios, también  me refiero a los comerciantes y a todos los gremios de  credenciales en cualquier tipo de trabajo y como no a  esos  políticos que reniegan y les da repelús y alergia, incluso sienten vergüenza, pavor y como no cobardía ante sus propios añorados votantes, cuando ven el color en las flores el rojo y gualda.

Si yo tuviera ese balcón y ese patio que tiene esta señora colorearía  las paredes de MI CASA, con colores rojos y gualda, faltaría más. Mi bandera de España también se queda  en donde está, en mi balcón y en mi corazón.