Fuente: Pixabay
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Estamos metidos de lleno en las corridas de toros. Las ferias empiezan a dar el paseíllo a redoble de la banda de música. Donde los pasodobles rememoran los olés en los estribillos de las canciones. El noble arte del toreo una vez más redobla en las plazas de toros de nuestra España.

Cuando uno escribe de  toros, aunque no sea muy erudito  en el arte de Cuchares,  no por ello soy un aficionado a ver corridas de toros,  para hablar de tauromaquia y de la fiesta de los toros no debo olvidar al maestro por definición y uno de los grandes contertulios y conocedor experto ilustrativo en este arte  del toreo  a mi amigo Villarense, Paco Laguna Menor  donde tiene un museo taurino  dedicado a Manolete en su pueblo natal de Villa  del Rio (Córdoba).

Como estamos en tiempo donde proliferan las corridas de toros por todas las plazas españoles he creído oportuno remembrar a los cinco califas en el toreo: han llegado a mis manos  en estos últimos días, cinco revistas   que versan sobre los cinco Califas en el toreo, título honorífico  que se les da a los grandes toreros  de la provincia de Córdoba.

Este admirado y amigo en las cinco revistas que aludo, sus editoriales los maneja con soltura dándoles alma  y vida a estos grandes maestros en el toreo de mi tierra querida, además lo hago pensando que habrá bastantes aficionados que con esta ilustración le será venida con mucho agrado. Pensando que estamos en plena temporada taurina he decidido hilvanar  unas  líneas sobre estos cinco grandes toreros cordobeses. Para estos  aficionados les diré que este galardón fue creado por el escritor Mariano de Cavia y Lac. (Con el seudónimo de sobaquillo) donde tiene su nombre de nacimiento  una calle en  Córdoba.

 

 I Califa

(1) Fuente de la imagen: Wikimedia

Rafael Molina Sánchez, nacido en Córdoba un día 27 de Noviembre de 1841, apodado Lajartijo.  Entre los apodos por los cuales también era conocido También le llamaron Rafael el Grande, Boadil el Gran Rafael y Rafael I de Córdoba. Sus glorias en los redondeles  habían asombrado a la afección taurina, brillando  con luz propia aquel sol naciente, que, trajo para su Córdoba, el califato taurino. Torero por vocación y herencia natural que le dieron  sencillez y naturalidad, majestad y aplomo. Siendo Rafael el primer gran símbolo de la torería cordobesa. Abriendo las cancelas del Califato Taurino Cordobés.

 

II CALIFA

El Guerra, por Julio Romero de Torres. Fuente: Wikimedia Commons

Rafael Guerra Bejarano llamado en el mundo de los toros “Guerrita”  un 6 de marzo del año 1862 y como es natural también de Córdoba nacido en el Barrio del Matadero viejo, en el entorno de la Torre de la Malmuerta. Grandes escritores y contemporáneos ensayistas y poetas según cuanta mi amigo Paco Laguna, “le dedicaron lo mejor de su sapiencia. Rafael andaba por la vida  como sus frases  nacidas  de una verborrea  que solo los cordobeses, creo yo, sabemos tener correa para descifrar las intenciones de sus palabros, estas  lo dicen todo, en corto y por derecho” cuenta Laguna que un  buen día estaba invitado el rey Don Alfonso XIII a una cacería en Andújar, el rey que era muy buen amigo de Guerrita se le acercó y le dijo bromeando—tengo que decir que el Monarca era un buen amigo del torrero—Rafael, con esa capa parece usted un obispo” a los que le respondió el Guerrita: “Perdone usted Majestad, yo en lo mío soy Papa” y después de mí, nadie, y después de naide, Fuentes” Desde muy pequeño, me contaba mi querido padre un hecho que su padre, es decir mi abuelo, se le imputaba a estos dos personajes ilustres. Cierto día el Rey invito a Guerrita a una montería que por cierto les gustaba  a los dos. Los ilustres  monteros llevaban esperando junto al Rey dos horas en la caza de campo y dueños del que organizaba aquella caza al torero. Don Alfonso XIII le dijo al verle llegar:”Rafaelito, “Te estamos esperando hace dos horas” el torero con toda su cachaza y su manera de expresarse le dijo: Alfonsito, ca uno es ca uno” el amigo Laguna en su editorial continua diciendo: sus dichos y hechos, sus sentencias y ocurrencias fueron definitivos para rodearle de una mala fama de prepotencia. Como dice el mismo ca uno es ca uno, cada persona es como es y Rafael es integro en sus convicciones”. Se reía de sí mismo, no pudiendo con el público, hasta tal extremo que dejó  sentenciado el día que se retiró de los toros la siguiente frase: ”No me voy me echan”   (Naide no es un vocablo bien fraseado como se dice ahora es políticamente  incorrecto, aunque podría ser por su grafía incorrecto, pero dados estas palabras en algunos personajes, bien  por nuestro modo de hablar nos podemos permitir este lenguaje en esta tierra andaluza, donde seguramente aparecerán algunos caracteres que se podrían  catalogar como los textos de los hermanos Quinteros e incluso también se observan  en las obras  del poeta y escritor  Extremeño  Luis Chamizo, en La  Decencia, en  magnífico libro  el Miajón de los Cactúos)

 

IV CALIFA

Deseo señalar para darle más veracidad a los hechos de las designaciones de los Califas en el toreo de Córdoba el chispazo que le da en su editorial—como en todos de estas publicaciones— el admirado Paco Laguna, luciendo las efemérides del IV Califa, aunque hay opiniones diversas, pero yo diré y me acojo al que escribe este editorial sobre este torero, donde algunos le dan el III califa.. Tengo todas las obras, dice el editorialista, Rafael Gonzales Machaquito de Luis Falcato. Desde la Barrera de José de la Loma entre otras biografías. Aludiendo sobre si el III o el IV Califa, sigue agregando:

No hay  orden cronológico que valga, es la historia la que manda. Si queremos a Machaquito de IV Califa, hagámosle justicia a su historia y a la del Califato Taurino cordobés.  Rafael González Madrid había nacido en Córdoba el 2 de enero de 1880 y su ocupación desde corta edad en el matadero de la ciudad facilitó su acercamiento al mundo taurino. Tras un duro aprendizaje en capeas y novilladas, en septiembre de 1895 estoquea por primera vez una res brava. El hecho aconteció en Palma del Río, cuando su jefe de filas, el novillero Antonio Haro “Malagueño”, le cedió, a petición popular, la muerte del animal que cerraba el festejo.

¿Con qué  títulos me presento? Con ninguno—sigue diciendo el Paco Laguna—Soy un aficionado respetuoso con la historia del toreo desde muy joven, y aprendí de “Don Modesto” ¡no creo en los grandes inteligentes! De toros entendemos todos un poco. Mucho, nadie. Puedo equivocarme, me equivocaré seguramente y tal vez carezca de cualidades para ejercer el sagrado ministerio de la crítica. ¡De hombres es el error!

 Una mentira puede recorrer la mitad del mundo antes de que la verdad tenga la oportunidad de ponerse los pantalones” (Winston Churchill)

 

V CALIFA

El Cordobés. Fuente: Wikimedia Commons

Manuel Benítez Pérez, conocido como El Cordobés (Palma del Río, Córdoba, 4 de mayo de 1936), es un torero español. De origen humilde, logró convertirse en uno de los más afamados representantes de la tauromaquia internacional y es considerado uno de los íconos de la década de 1960. Poco ortodoxo, exaltó siempre en su estilo la inmovilidad ante el toro y como matador causó siempre emoción y controversia. El 29 de octubre de 2002 fue proclamado quinto Califa del Toreo por el ayuntamiento de Córdoba, título compartido con Rafael Molina Lagartijo, Rafael Guerra Guerrita, Rafael González Machaquito y Manolete.

Hay una leyenda, la cual creo dada la revelación del que la  comenta y del que la escribe que dice: Manuel Benítez  Pérez es un ejemplo  claro de lo que es capaz de hacer la madre naturaleza;  al periodista Carril le contó  que en la finca de don Félix Moreno”…salté la valla y llamé la atención de un toro, éste me miró y volvió la vista para otro sitio, de nuevo llamé su atención, me miro y saliendo huyendo. Sin saber lo que hacía empecé a correr detrás de é, gritando:¡Eh, toro! Entonces me pregunté: Yo podría ser torero, los toros huyen de mí”. La historia de Manuel Benítez no se adapta a herencias de cetros ni coronas, sus grandes conquistas  le valen para ocupar en solitario el trono de su reinado, un reinado que él creo, en los suyo nunca fue el segundo, ni el tercero, ni el cuarto, ni el quinto. Siempre fue el primero. Sólo los elegidos son capaces de llevarlo a cabo ante el asombro  y la comprensión de los demás. Con él siempre estuvo la tila por las nube, como muy bien, titularía—sigue escribiendo el editorialista—mi querido maestro José Luis de Córdoba, la crónica más famosa que se le hiciera a Manuel Benítez, que con su tauromaquia  hiso de Córdoba la capital del mundo taurino, como antes lo habían hecho Lajartijo, Guerrita y Manolete. Califas del toreo por herencia.

 




Hablar de este torero, debe serlo para una pluma mucho más sencilla e instruida  en este mundillo y como no conocer lo que este Manuel Benítez el Cordobés, también llamado “El Renco” “El pelos” “El melenas” “Huracán Benítez”  “Terremoto Manuel”. Nunca un torero tuvo tantos calificativos, e incluso tantas controversias, admirado por muchos y los detractores  celosos   de este cordobés de Palma del Río. El día de su alternativa, el que asiente, recuerdo la corrida  junto a mi querido padre y un primo mío que era matarife, tanto en la plaza   de toros como en el matadero municipal  gran aficionado y entendido en el arte de cuchares. Nunca se había visto  una  Fiesta Nacional de los toros, como así se le llamaba entonces. Su padrino de alternativa fue Don Antonio Bienvenida, siendo testigo otro torero cordobés, José María Montilla.  El toro de su alternativa se llamaba “ Palancar” cortándole las dos orejas y a su segundo  toro le cortó las dos orejas y el rabo, ambos de la ganadería de Samuel Flores. Por cierto esta corrida fue trasmitida por radio Córdoba y disertada por Matías Prats y el locutor del mismo radio Rafael López Cansinos.  Hay una frase al final de la reseña que hace el prestigioso y documentado crítico taurino de onda cero, Don Francisco Laguna Menor que dice: “Ser biógrafo de “El Cordobés “es sumamente fácil, porque con sus imágenes está todo dicho” Lo dice toda la biografía fotográfica en esta revista que editaba Onda Cero Córdoba. Cuya fotografía original al óleo era de López Canito. “una cosa que he aprendido es que no hay que buscar el triunfo. Sino tu propio destino” (de Sebastián Castella. Torero francés)

Imágenes:

(1) Lagartijo

 

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José Medina Pedregosa
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