Córdoba, mariposa naciente.

Amapola del arco iris.

Floreada en Mayo, inquietante.

Crisol de plata y vino.

De olivos, poetas y dioses;

Serrana. Agarena.

Caracola callada.

 

Hace tiempo que te escribí una confesión y aún no me has contestado: no importa. Quién sabe el motivo de tu olvido.  Quizá haya sido bueno para mí. Es muy posible  que esta indiferencia  tuya arrastre y traiga consigo un nuevo y deseado presentimiento, una nueva necesidad de rasgar una nueva sinfonía de palabras otra vez.

Este año la primavera ha sido caprichosa en Córdoba. Ha llegado tarde, y como si fuese una descarga inflamada de color se asomó poco apoco por sierra morena, para adentrarse, eso sí, un poco remisa, esperando que llegase el mes de mayo para alumbrar con tus renovadas y coloridas flores las cruces que adornan las plazuelas de esta Córdoba imperial, patricia y agarena. Las cruces rivalizan unas con otras la variedad de sus flores, donde sus aromas desafían unas con otras y el chisporroteo de sus fuentes les da la música para el jolgorio  de la gente que las visitan, dándole frescor en el ambiente, en esas  aguas cristalinas y limpias que nos traen desde muchos años la sierra, nuestra  sierra cordobesa a la sultana de Andalucía.  Agua que nos hemos acercado muchas veces y nos hemos inclinado majestuosamente ante ese manantial  de agua fresca, hialina como un ofrecimiento para aplacar la sed del vaivén de esos días vividos en la cruces.

Aún me acuerdo con una añoranza que, aunque por el paso de los años, y cuando paso por su ubicación de antaño me reverdece los días y noches vividos   en  mi caseta de Feria, la Caseta de Averroes. Eso  que dicen que todo pasa, es mentira. Aún recuerdo el editorial de nuestra revista: Nuestra Profesión. Cuyo título  aparecía así

Mi querida Caseta de Feria

Me supongo que cuando recibas esta, tengas ya casi confeccionado tu hermoso y reluciente vestido ferial. Un año más vuelves otra vez a tu feria de Mayo. Una vez más te quieres vestir con tu espléndido y coqueto vestido de faralaes. Un año más ha vuelto a  salir el arco iris. Un arco donde por simpatía y la gracia que derrama nuestro Círculo Averroes volverá abrir sus puertas donde reverbera y se mira en su coquetería y como si se tratase de una niña mimosa, murmura: mira que  pena es la mía/ la espera de un año más/mi dolor ya no me duele/ me duele mi alegría… Editorial, escrito por su director—el que asiente esta epístola, el día 5 de Mayo 1984—Aquella era una caseta de Feria.

He dicho antes que la primavera ha llegado tardía, pero su eclosión primaveral ha hecho  que Córdoba sea un inmenso jardín, llenando sus patios de flores en un enjambre de macetas  encendidas donde se respira el olor del azahar, el aroma del “incienso” del naranjo en flor. Córdoba es en este mes de mayo una flor que nació y se engendró caprichosamente en el paraíso de su misma naturaleza. Córdoba es una flor entre las flores. La ciudad empieza a ponerse sus mejores galas. Los trajes de faralaes vistosos y caprichosos en colores, sus peinetas son monumentos mirando al cielo y los contoneos hacen vibrar a los viandantes quitándose  los hombres el sombrero Cordobés como premura de su galantería. Me viene a la memoria unas frases poéticas del célebre autor Julián Sánchez Prieto (conocido por el pastor poeta) Canto a la Mujer Cordobesa:

 

En Córdoba la encontré

Cuando en la Feria de Mayo´

Las treinta mulas compré.

Cuando por la Concepción

Se vio subir de la feria

El cuerpo más soberano

Más gallardo, más serrano

Que viera del sol la luz

Sobre un potro jerezano

Del mejor hierro andaluz.

Unas vueltas dio al paseo

El potro con su braceo

No cabía en la ancha calle

Y al compás del manoteo

Quebraba su lindo talle.

Y aquella mujer preciosa,

De hermosura tan completa,

Se iba meciéndose orgullosa

Como en la mejor maceta

Se mece la mejor rosa.

 

Así es la mujer de mi tierra, presumida y orgullosa de su tierra. Dentro de unos días empieza la Feria de Córdoba. La cita la tenemos los cordobeses, familiares y nuestros amigos llegados de otras latitudes debajo del arco triunfal, desde donde y a lo lejos se ve la silueta de la torre de su Catedral-Mezquita venciendo los aíres frescos de nuestra sierra.

Amada Córdoba mía, todo esto te lo `podría decir cara a cara, palmito a palmito. El enamorado, el que ama, quiere guardar su secreto. Así cuando llegue el año que viene, yo vuelva a escribirte, es la única manera de volver a rememorar nuestras vivencias y nuestras alegrías. Así es la primavera y feria de Mayo en Córdoba.

 

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