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No seré quien ponga en tela de juicio y a estas alturas lo que  tenemos por delante en esta vida  tan halagüeña  que llevamos. No seré yo quien diga que son cuentos baratos comprados en cualquier feria del libro, no. No seré yo quien ante las vetustas y grotescas pinturas que nos enseñan  a estos dioses entrando en los retretes, las creencias son sagradas para cada cual de los humanos. Y hete aquí que no divagaré sobre este asunto, querido Watson.

La naturaleza está llena de singularidades estratosféricas  donde cada cual opina y disiente del que tiene más próximo. El otro día vi a un energúmeno dar un mitin sobre la guerra de los mil años ¿o era la de los mil días? qué más da. Las fábulas las contamos a capricho y las entendemos según sean nuestros nísperos, aunque estos últimamente están fuertes como el ripio.

Los trenes de antes no son como los de ahora, antes eran de carbón—me refiero al combustible—los de ahora circulan por mecanismos extraños que nuestros antepasados se quedarían muertos de espanto de ver como circulan a hondas, bueno esta palabra la he puesto con h, posiblemente será sin la h, ¡hay que ver cómo cambian los tiempos!. Aunque estos son siempre los mismos, los que cambian son las personas e incluso los dioses.

Antes éramos todos españoles, y entre estos estaban los Albaceteños, los Extrememos y los Navarros e incluso los provincianos vascos y catalanes. Ahora nadie sabe que somos, somos muchos y parió hasta la abuela. Los caminos de antes no son como lo de ahora. Todo ha cambiado como la noche a la mañana, aunque a mí personalmente me gusta más el mediodía, y si es a la hora de la cerveza, mejor que mejor. El auge ha subido de tono en cuanto hacemos y hablamos. Antes  los perros se ataban con longaniza y ahora andan sueltos por las calles y a decir verdad las longanizas las echan a los suelos como si fuese venida de los cielos del olimpo. Las encrucijadas son siempre las mismas, ya no hay caminos que lleguen  a Roma, sus dioses se marcharon para no volver, pero eso sí,  los entresijos ya no son los mimos. Antes los paraguas  y las sábanas los comprabas en  Galerías Preciados ahora las compras en los chinos mucho más baratos, pero no importa.

No sé si me he explicado bien, querido lector, este galimatías de escritura lo   dejo en tus manos no espero que la comprendas, puesto que ya nadie comprende lo que estamos pasando y lo que nos queda que pasar. Mira hijo e hija, ya nada parece lo que pudiera ser. Otro día intentaré explicarme y filosofar mejor. Estoy con los tiempos, no podemos adelantar nada, en este  curso de la vida hay muchos dioses de ficticio y algunos  muy cursis y otros con una mala leche, de leche agria. Ya nadie comprende nada, el abismo está cerca. Los dioses antiguos eran de fábulas, los de ahora son de trapo del malo, eso sí son incombustibles, no se queman, los que nos quemamos somos lo terrenales, ya lo has visto ni yo que lo  he escrito no lo entiendo. Lo que si entiendo es que los dioses  están defecando.

Nota/ No se me ocurre nada más. Vaya ser que me vuelva como alguno de los dioses del Olimpo.