Chalet de Pablo Iglesias e Irene Montero (idealista)

La sinfonía venía por todas partes. La música era traída  y trecheada en góndolas todo terreno, cuyos remos eran manipulados por unos gondoleros, amamantados y engordados a costa de otros maltratados y sufridos músicos, cuyas aletas revoleteaban sobre el oro negro, que esparcido a res de aquella laguna de aguas  pestilentes   que suelen tener cuando se estancan y no encuentran salida. Aquella melodía procedía de todas partes.

El gondolero principal de esta farsa como si fuese el patrón de esos gondoleros solo tuvo que ponerse el consabido canotier para conformar su vestimenta como si fuese un gondolero de verdad. Por un lado estos gondoleros tocaban al son de unas sevillanas, marcadas también por el derribo de un toro y el varear de  unos aceituneros de Jaén, por otro lado  de esta ría de góndolas un”probe gaditano”  como el tío Manuel, coetáneo de Kichi, aunque desafinando mucho,  cantaba un popurrí de carnaval, murmurando que el seguirá disfrutando de su barquita   y de  “ética que pregona  supone renunciar a privilegios como el exceso de sueldo” “donde sus hijos no quiere dejar de vivir en un piso de currante”  sí señor, un tío valiente,  veremos más tarde, puesto que su góndola seguirá viviendo aunque sea a pisoteadas por los carruajes del barrio de la viña, en la salinera bahía de caí.

Todas estas góndolas se aproximaban  tierra  adentro,  donde el Vito caracoleado y envuelto en su sana  paciencia, aguardaba triste y desconsolado. Me viene a la memoria  de otro “genial gaditano” poeta de poetas, donde dice  con su melancolía  de siempre: se equivocó, la paloma se equivocaba/ por ir al norte, fue al sur/ creyó que el trigo era agua/ se equivocaba. Creyó que el mar era el cielo/ que la noche era la mañana, se equivocaba, se equivocaba.

El gondolero de gondoleros cualquier día le veremos en el embalse de Valmayor y la Navata de Galapagar aireando su generosa góndola como si fuese el virrey del lugar, atrás quedaron los dimes, los diretes  que reprobaba antes, este  ha vuelto como un boomerang en contra del gondolero.

Si yo tuviera una góndola le pondría un escudo con una hoz y el restrillo del jardín, el nombre de esta embarcación lo dejo a gusto de los interesados. A lo lejos se oían unos compases apenas audibles y orientativos. Aquél día el viento corría fuerte con  olor  a cieno por el agua estancada del pantano. Ya no sé en qué creer, aquello de perdidos al río, no vale ahora,  ahora  se podría decir: de perdidos a la sierra. Hoy que la noche es nuestra/abrázame y si el mundo comienza o termina/ que importa a los dos /y escucha la canción de amor/ cantando va el gondolero.