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Advierto al lector (para prevenirlo y no traicionarlo) que hoy, excepcionalmente, voy a hablar de fútbol. Y concretamente del título de “invicto” que (sin que exista siquiera y sin completar la liga tampoco) ya se ha auto-adjudicado -graciosamente- el Barcelona Club de Fútbol. Y es que -lo mismo que los vascos pueden nacer donde les dé la gana- los catalanes de toda clase y condición también suelen presumir de ser lo que quieran.

Pero hoy tengo que decir (a la vista de lo que ayer nos ofreció la televisión sobre “el clásico” Barcelona-Real Madrid) que si tomamos como muestra ese solo partido, lo de invicto es como los masters, doctorados, ingenierías, diplomas, y títulos diversos de algunos de nuestros políticos. Es decir, nada de nada, por no decir “caca” que es de mala educación.

No fiándome mucho de mi apasionamiento, he escuchado, visto y leído opiniones mucho más autorizadas que la mía, que demuestran que el segundo gol del Barcelona (tras una escandalosa falta previa de Suárez a Varane) nunca debió subir al marcador y, además, el árbitro dejó de señalar un claro penalti por una patada alevosa que Alba hizo sobre Marcelo.

Con lo que acabo de decir, el partido debería haber sido favorable al Madrid por 1/2 si el penalti no lo hubiera materializado, o, con 1/3 en caso contrario. Pero eso no es todo. Porque consultando las notas que voy tomando (basadas siempre en acreditados periodistas deportivos) sobre los arbitrajes, resulta que esta liga, al Barcelona, le han “ayudado” en otros tres partidos lo mismo que en el de ayer; en lo que “casualmente” el árbitro se equivocó a favor del equipo catalán. Por lo tanto, el Barcelona es tan “invicto” como Cataluña “independiente”. Manipulación, pura manipulación, siempre manipulación.