De las tertulias en las que participaba Lagartijo ya hemos referencia en otros artículos. Y hoy queremos referir la anécdota que vivió el diestro cordobés con un aficionado sabelotodo, de esos que pueblan las tertulias y las barras de los bares.
Cuenta la historia que uno de estos aficionados sabelotodo, delante de Lagartijo decía:

-Si el toro pide tablas, voy, lo cojo y lo llevo a las tablas. ¿Qué me falta?… ¿Que se entabla y hay que abrirlo? Pues lo saco a los terrenos de afuera y lo dejo en el tercio. ¿Qué me falta?… Ya está el toro donde quiere, y entonces yo lo paso de muleta según y conforme: este natural, este de pecho, uno con la derecha, otro cambiado… ¿Qué me falta?… Buscar la igualada nada más, a fin de poder entrar a matar con desahogo y coger el hoyo de las agujas. ¿Qué me falta?… Me perfilo, entro, vacío, hiero y sanseacabó. ¿Qué me falta?

Y Lagartijo, que había permanecido callado durante toda aquella monserga, habló por fin y dijo:

-No le falta a usted más que una cosa.

-¿Qué cosa es esta? – preguntó el aficionado sabelotodo.

-Hacerlo – contestó el maestro.

La ovación más grande de Lagartijo fue fuera del ruedo

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