En vísperas de la Segunda Guerra Mundial (1938), el filósofo francés Jacques Maritain acuñó la idea de “humanismo integral” para dar una salida digna a la persona individual en contraposición a la persona-estado de los estados totalitarios. Sus aspiraciones adquirieron protagonismo en contraste con las sociedades totalitarias que exigían “la devoción total de la persona” al estado y promovían la “exaltación humana en los mitos de la grandeza”.

Los grandes fastos organizados por los separatistas de los últimos años cada 11 de septiembre en Cataluña se han asemejado demasiado a otros fastos que tenían lugar en la Alemania del 38. Desde luego, no son indicios nada tranquilizadores especialmente para España y Europa. Igual que los nazis marcaron a los judíos con una estrella amarilla cosida en la ropa para distinguirlos del resto de los ciudadanos, ahora los buenos y malos ciudadanos catalanes también se distinguen por la marca de un lacito amarillo en las solapas. Da igual que la distinción se realice por inclusión o por exclusión: el caso es que no solo se distingue a los ciudadanos sino que se marcan los buenos y malos barrios según los lazos amarillos colgados en su mobiliario urbano y balcones.

Maritain centró gran parte de sus reflexiones en la naturaleza de la libertad humana. Los catalanes han ido perdiendo la libertad. Los sistemas totalitarios laminan y pulverizan la libertad privada y la colectiva en nombre de su dios Estado y de la obediencia ciega a sus líderes. Para cuando esos líderes han alcanzado el poder total no queda ya vestigio de libertad, ya que ellos forman parte de la cúspide de poder en la pirámide del estado total. De ahí el nombre de estado totalitario.

Pero esos líderes son cobardes y mezquinos por naturaleza y su única motivación es la ambición personal de poder y riqueza. Los ciudadanos no pierden la libertad de golpe tras un golpe de Estado como ocurrió con los Bolcheviques rusos. En el Estado pretotalitario en el que nos hallamos los catalanes, la libertad la van arrancando poco a poco a pedazos como una fiera salvaje va arrancando trozos de carne al devorarte vivo. La fiera viene con su fingida sonrisa y pacifismo simulado bajo el paraguas de salvapatrias mesiánico. No tienen la gallardía y el valor de los bolcheviques que conquistaron el poder con las armas a sangre y fuego, los golpistas se acercan cobardemente con el engaño, como cuando aquellos niños rubios de las juventudes hitlerianas y de apariencia angelical repartían rosas a los transeúntes, impecablemente uniformados, con una sonrisa en los labios. Las huestes golpistas se acercan ahora el día de San Jorge con una sonrisa y una rosa amarilla. Nada ha cambiado bajo el sol.

Todos sabemos los resultados que trajo a Europa el populismo de Hitler. Todos sabemos que Europa no es inmune a los peligros del populismo: no fue inmune al populismo la Alemania de hace 80 años, no lo ha sido Reino Unido con el Brexit ni lo fue la Yugoslavia de hace 30. Cataluña ha sucumbido al populismo y han caído en sus redes tanto gente culta como la gran masa ignorante debidamente manipulada desde ámbitos como la educación a unos medios cférreamente controlados por las élites golpistas; una Hidra con muchas cabezas.

Esta es la situación actual: hay que parar el horror antes de que llegue a más. De cara a la galería Europa no ha querido saber nada de ellos, pero en la realidad son incapaces de entregar a los golpistas a nuestra justicia y se sienten muy cómodos apoyando de facto el golpe de Estado contra España permitiendo y alimentando las escenificaciones de los golpistas, especialmente las de Puigdemont por toda Europa. Y resulta normal que nadie haya querido reconocer oficialmente en Europa la declaración de Independencia de Cataluña pero que en cambio la apoyen de facto. Europa tiene una experiencia histórica muy amarga y reciente de la falsa sonrisa de los fascismos y no quiere dar pábulo a repeticiones, pero tampoco desean perder la oportunidad de perjudicar a una España que podría llegar convertirse en una potencia económica capaz de hacerles sombra.

El fascismo fue destruido en la Segunda Guerra Mundial y el comunismo se desmoronó por impracticable hasta la caída del Muro de Berlín. Europa no quiere repetir los fracasos de la historia. Pero, ¿y España? España está muy bien sometida a los nacionalistas teniendo problemas internos descomunales que impidan su desarrollo. El trabajo de mantenerla en estas condiciones ha sido siempre muy fácil para sus vecinos gracias a la felonía de los gobernantes españoles, que son lo primeros en perjudicar a los españoles.

1 Comentario

  1. Magnifico análisis sociológico de una realidad que mantiene engañados a muchos, y temerosos a todos los demás.
    Monti en estado puro.

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