Hay citas que quedarán  para los anales de la historia del baloncesto europeo. El 20 de mayo del año 2018 el Real Madrid se proclamó campeón de Europa por décima vez. Lo hizo como bien acostumbrados nos tiene su leyenda; con talento, raza y una fe a prueba de bombas. Solo así podía ganar una final en donde tenía enfrente al todopoderoso Fenerbache  turco comandado por el entrenador más laureado de la Euroliga, Zelko Obradovic y con tres cuartas partes del graderío incendiado por la hinchada turca (para entendernos los turcos jugaban en casa).

A priori la adversidad era máxima. Cuanto de marcialidad y disciplina hay en el deporte nos lo dicen estos partidos a vida o muerte donde los equipos funcionan como ejércitos que van a la guerra. La gloria o la soledad de la derrota, no hay más en el horizonte. Allá donde no solo el talento deportivo puede imponerse aparecen fervorosos los otros factores: la estrategia, la visión, el espíritu colectivo, el instinto, la valentía, el temple.

El equipo que controla estos valores marciales suele ganar este tipo de partidos. Ese equipo en Belgrado fue el Real Madrid. Hubo tres factores que propendían a darle opciones en la final: una línea muy ascendente de juego coral, el haber superado momentos muy difíciles durante la temporada (especialmente una plaga de lesiones), el respeto reverencial que todo el mundo tenía al equipo turco (campeón de la competición el curso pasado). Ese último factor le dio al equipo de Laso una gran capacidad de abstracción esa cualidad que te da la visón de lo que debes y no debes hacer cuando llegan este tipo de partidos.  Iba a ser y fue una contienda durísima  así que vayamos a los pormenores.

Se enfrentaban en los banquillos dos perfiles de entrenador muy distintos: el estratega y el creador con espíritu de visionario. El visionario acabo tornándose estratega en tanto que el estratega esta vez no consiguió ser visionario. Laso manejo muy bien a sus hombres en pista, todos ellos con un rol muy definido que ejecutaron  sin vacilaciones lo que tenían hablado con el entrenador. En tanto que Obradovic y sus jugadores se fueron desesperando conforme iban percibiendo que el rival no caía en su durísima defensa ni se diluía en su tempo lento, ese baloncesto control a veinte segundos por posesión.

Pasaban los minutos y pese a que las diferencias en el marcador eran cortas a Fenerbahce solo le salvaba su numantina defensa y los arreones  de algunos de sus jugadores como el italiano Melli. La posición de ala pivot abierto y algunas situaciones de bloqueo y continuación le daban la vida a Fenerbahe, también algún bajón esporádico en el juego del Real Madrid como fue el final del segundo cuarto, cuando pareció atascarse en ataque. En el tercer cuarto el Madrid infligió un severo castigo a la primera línea de Fenerbache con una defensa muy agresiva. En ataque aparecieron Doncic,” el pistolero” Yaycee Carroll y dos hombres de esa parte tan importante en un equipo de baloncesto que es la infantería: Causeur y Tavares.

Los servicios prestados por estos dos jugadores fueron decisivos para cimentar la victoria. El primero saliendo desde el banquillo anotó 17 puntos (máximo anotador de su equipo), el segundo intimidó lo indecible bajo el aro. La suma de toda una serie de voluntades muy bien capitaneadas por Laso, permitieron al Madrid acabar el último cuarto con ocho puntos de ventaja, que iba a mantener hasta los últimos dos minutos en donde el apretón de Fenerbahce puso el partido casi en un puño al acercarse a tres puntos, con sus dos estrellas LLull y Doncic eliminados.




Al final con un último derroche de casta, cayó de la balanza del equipo que había sido más coral durante el partido, todos sus jugadores sumaron en defensa y en ataque. Un gran Real Madrid escribió una nueva página legendaria en Belgrado, donde quién sabe si el espíritu de Lepanto (aquella batalla memorable de la coalición católica frente a los turcos) le asistió dada la enorme dificultad de la empresa.

Las últimas declaraciones de Pablo Laso después del partido antes de ir a la rueda de presa fueron éstas: “El Real Madrid siempre sobrevive a todo”.