Imagen: Opus Dei
Los hombres somos personas que vamos en una dirección en función de la formación y de los actos libres, y en cualquier momento de nuestro tiempo de vida podemos cambiar la dirección, aunque las circunstancias reales de la vida de cada uno influye en nuestra voluntad para bien o para mal.
En la historia humana tenemos cantidad de personas ejemplos del bien y del mal.
Lo ordinario es reflexionar en la historia de cada hombre que han destacado por sus obras, desde Adán a santos ya ejemplo del bien para todos los tiempos, serán unos miles,  pero los millones del resto pasamos desapercibidos luchando por el bien o por el mal.
Uno de esos miles del bien es el Beato Álvaro del Portillo,  hombre del siglo XX de origen español que estudió ingeniero de camino, y se dedicó en tiempo de estudiante a labor social en el barrio de Vallecas donde fue atacado, violencia, por un grupo de radicales que le golpearon con una llave inglesa en la cabeza, y en vez de amendratarse,  volvió a la labor social y catequista, todo por haber recibido de sus padres de familia numerosa una honda raigambre cristiana y llevarla a cabo.
Después, en 1935 conoció al fundador del Opus Dei y se incorporó y fué fiel hasta final de su vida a su vocación, primero cómo trabajador y después de sacerdote. Y ahora está en proceso de santificación como ejemplo de vida ordinaria. Es uno de esos miles que han hecho el bien, y no el mal. Menos mal. Y el día 12 de mayo se celebra su recuerdo.