guardia civil

Desde la atalaya de mis pensamientos vislumbro los acontecimientos pasados el día 15 de octubre del año 2016 de grupos radicales aberzales en el que  les dieron a unos agentes  de la guardia civil y a sus parejas  unas palizas que hubo que ser hospitalizados   en el pueblo navarro de Alsasua. Los  camorristas y matones  detenidos  pertenecen al parecer a grupos radicales los cuales llevan muchísimos años apandillados  para que abandonen la guardia civil, Navarra como de las Vascongadas. Se da la paradoja que unos días antes estos  guardias civiles —antes de este acto de terrorismo— participo  en un accidente de dos autobuses  que transportaban a  unos presos  etarras salvándoles con toda seguridad de males mayores por las temperaturas, de mucho riesgo por la nieve acumulada en aquellos parajes.

No comprendo cómo aún hay “personajes” de la vida pública que digan que estos actos no son de terrorismo, son peleas en una noche de fiesta. Dejando a dos guardias civiles heridos junto a sus parejas, las cuales hace unos días tenían el miedo reflejados en sus rostros. “me da miedo volver a Alsasua y quedarme sola” “me veía sola, traicionada y llegué a pensar en quitarme de en medio” frases como estas han dejado huella en estas familias. Además fue un acto cobarde donde se ampararon estos cafres en las señoras que les acompañaban.

Durante décadas estos grupos han acampado a sus anchas por estas dos comunidades e incluso con requerimientos a las instituciones para condenar estos atropellos, vejaciones e insultos a la guardia civil  y a sus familiares, donde el odio  y los desafectos se van acumulando días tras días, celebrando  estos grupos parodias donde pateaban a muñecos con tricornios que después lanzaban a hogueras previamente alimentadas  para estos  execrables actos organizados por estas bandas de  aberzales. 

Las mentiras y las palabras falsas de los radicales  en los juicios de estos días  se han ido acumulando con disfraces insultantes y olvidadizos de estos aun supuestamente camorristas, juntándose con adjetivos injuriosos para las dos señoras que acompañaban esos días a los guardias civiles. Yo también soy guardia civil. A mí también me han agredido como persona y como español. Nadie sabe, ni se lo barrunta  la endiablada cuesta de perversión y degeneración que se palma en esta parte de España. Nadie conoce lo que llevan sufriendo estos guardias civiles y el tiempo que llevan padeciendo todo tipo de rencores y aborrecimiento que cada día se llevan en sus rostros estos valerosos hombres en la defensa de España y de sus compatriotas los españoles.

Nadie sabe lo que lleva padeciendo el cuerpo de la guardia civil, nadie sabe los vejámenes y afrentas lo que están pasando sus esposas, novias  e inclusive hijos en el batallar cotidiano del día a día. Nadie sabe—ni tiene remota idea—las  amarguras y sufrimientos, incluso psicológicos que padecen estos defensores  y defensoras de la Patria. No sé, ni me lo figuro  en que acabará esta sensación de animadversión y rencor a la guardia civil. El otro día escuché a una periodista y tertuliana  decir: “que hay una controversia jurídica en este caso” permanecí inmóvil unos minutos, lo curioso del caso es que ninguno de los oyentes dijeron esta boca es mía. No estigmaticemos a este glorioso, —como a todas las fuerzas de seguridad—noble y loable labor que  están dispensando  con su deber este glorioso cuerpo  que en todo momento y circunstancia  está al servicio de España y de todos los españoles. “La mayor perfección del hombre es cumplir el deber por el deber” (derechos y abogados).

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